Escribe: Álvaro Erices

Hace 64 años, en la esquina de 9 de julio y Av. Márquez (hoy Av. Brigadier Juan Manuel de Rosas) de José León Suárez, la Revolución Fusiladora masacró por la espalda a un puñado de trabajadores desarmados que adhirieron al alzamiento del General peronista Juan José Valle, a casi un año del derrocamiento del presidente Juan Domingo Perón.

El día anterior Andrés Framini se reunió en El Café de los Angelitos con el General Valle y otros suboficiales encargados de tomar la radio de una escuelita al lado de la cancha de Racing en Avellaneda para transmitir la lectura de un documento revolucionario y dar comienzo al combate. Los minuciosos revisores de la proclama fueron los militantes peronistas Enrique Olmedo y José María Castiñeira de Dios. Llegado el 9 de junio, la dictadura no tardó en rodearlos. Mientras tanto, en Lanús y La Plata ya comenzaban los allanamientos y fusilamientos.

Esa misma noche Mario Brión, Rogelio Díaz, Juan Carlos Livraga, Horacio Di Chiano, Vicente Rodríguez, Norberto Gavino, Francisco Garibotti, Carlos Lizaso, Nicolás Carranza y Juan Torres estaban en reunidos en una casa de Florida, partido de Vicente López, jugando a las cartas y escuchando la pelea por el título suramericano de box entre Eduardo Lausse y Humberto Loayza. No todos sabían del alzamiento del General Valle. Livraga lo ignoraba por completo y por esas cosas de la vida sería el sobreviviente más mutilado con un tiro a mansalva que le rompió la nariz, otro que le atravesó la mandíbula y un tercero que recibió en el brazo. —¡Dónde está el General Tanco! —gritó Desiderio Fernández Suárez, jefe de la policía bonaerense. Registraron todo y se los llevaron detenidos. Reinaldo Benavidez y Julio Troxler fueron capturados más tarde. Todos fueron llevados a una comisaría en San Martín para ser interrogados y luego trasladados bajo engaño a los basurales de José León Suárez. Les aplicaron la Ley marcial aun cuando esta fue posterior a las detenciones. Al llegar les abrieron las puertas del camión policial y los mandaron a correr apuntándoles en la nuca. De los doce, siete sobrevivieron. Es importante decir que entre el 9 y el 12 de junio de 1956 fueron veintisiete los fusilados en total.

Julio Troxler, sobreviviente de la masacre y militante de la Resistencia Peronista y del Peronismo Revolucionario.

“No obstante los fusilamientos producidos y las torturas a las que hemos sido sometidos muchxs peronistas, estamos dispuestxs a continuar esta lucha hasta las últimas consecuencias. En ese sentido somos absolutamente solidarixs con nuestros hermanos latinoamericanxs”, expresó Julio Troxler en “La hora de los hornos” (1968) dirigida por Fernando “Pino” Solanas y Octavio Getino.

¿Acaso hubo en el primer y segundo peronismo algún fusilamiento a opositorxs?, ¿Fue acaso una muestra de barbarie el hecho de reconocer la función social de la propiedad, los derechos de la ancianidad, de la familia y de lxs trabajadorxs en la Constitución de 1949?, ¿Es barbarie que una Constitución recepte el Hábeas Corpus entre sus artículos?, ¿Es barbarie que una Constitución dijera expresamente en su artículo 40 que los recursos naturales son propiedad imprescriptible e inalienable de la Nación? Julio Troxler contesta: “Fui uno de los tantxs ciudadanxs que por el sólo hecho de defender un ideal y defender la Constitución he sido objeto de ese tipo de trato”.

Rodolfo Walsh.

“Seis meses más tarde, una noche asfixiante de verano, frente a un vaso de cerveza, un hombre me dice: —Hay un fusilado que vive.
No sé qué es lo que consigue atraerme en esa historia difusa, lejana, erizada de improbabilidades. No sé por qué pido hablar con ese hombre, por qué estoy hablando con Juan Carlos Livraga”, prologó Rodolfo Walsh en “Operación Masacre”, la obra que inaugurara el género del Nuevo Periodismo en 1957, nueve años antes que el libro “A sangre fría” de Truman Capote.

Desde los bombardeos de 1955, pasando por la cima del terror en 1976 y hasta 1983, la Argentina vivió las consecuencias del odio gorila a toda costa sufriendo proscripciones, desindustrialización y persecuciones. Sin dudarlo un segundo, los veintisiete fusilamientos en respuesta al alzamiento del 9 de junio de 1956 en diversas localidades del país deberán quedar grabados en nuestra memoria para comprender que los Derechos Humanos son principio y dirección de toda futura institucionalidad.

Juan Carlos Livraga, “el fusilado que vive”, junto a Néstor Kirchner.

Somos hijxs, nietxs y bisnietxs generacionales de la Resistencia Peronista, esa que dio la vida por Perón y Evita y resurgió con Néstor y Cristina. Livraga, Troxler y muchxs otrxs formaron parte de la Tendencia Revolucionaria del Peronismo en los setentas luego de sobrevivir a la masacre de José León Suárez. A esa militancia les debemos gran parte de nuestras banderas y consignas de liberación. Tenemos que militar para que Nunca Más una cúpula represiva en comunión con sectores civiles, eclesiásticos retardatarios, comunicacionales y del totalitarismo financiero nos quite el sueño de una patria liberada.