15 de junio de 2020

Escribe: Julián Andreu

El 15 de junio de 1942 nacía en Australia Peter Norman. Si solo les dijera este nombre, muchos no tendrían idea de quién se trata. Nos vamos a 1968 a los Juegos Olímpicos de México, se corre la final de los 200 metros y hay varios atletas norteamericanos como favoritos, pero no todo será así. Sobre el final de la carrera se cuela entre dos corredores negros norteamericanos un blanco de menor estatura y muy veloz: ese es Peter Norman que consigue con un tiempo de 20´06´ el segundo lugar. Tommie Smith gana la final de 200 metros en 19 “83 y tercero termina John Carlos con 20´10´´.

No pasó mucho tiempo después de la carrera para darse cuenta de que algo grande, sin precedentes, iba a suceder en el podio de medallas. Smith y Carlos decidieron que querían mostrarle al mundo entero cómo era su lucha por los derechos humanos, y se corrió la voz entre los atletas.

Norman era un hombre blanco de Australia, un país que tenía estrictas leyes de apartheid, casi tan estrictas como Sudáfrica. Hubo tensión y protestas en las calles de Australia luego de fuertes restricciones a la inmigración no blanca y leyes discriminatorias contra los aborígenes, algunas de las cuales consistieron en adopciones forzadas de niños nativos a familias blancas.

Smith y Carlos habían decidido subir al estadio con la insignia del Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos, un movimiento de atletas en apoyo de la batalla por la igualdad.

Recibirían sus medallas descalzos, representando la pobreza que enfrentan los negros en su país. Usarían los famosos guantes negros, un símbolo de la causa de los Panteras Negras, pero antes de subir al podio se dieron cuenta de que solo tenían un par de guantes negros . “Tome uno cada uno”, sugirió Norman. Smith y Carlos siguieron su consejo.

Pero entonces Norman hizo algo más. “¿Tienes otro de esos para mí?”, preguntó señalando la insignia del Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos en los cofres de los demás. “De esa manera puedo mostrar mi apoyo en tu causa”. Así fue que se puso el mismo distintivo que le costaría mucho en su vida, solo por pedir los mismos derechos para todos.

Sobre ellos cayó todo el peso de la injusticia, los dos atletas estadounidenses fueron expulsados de la villa olímpica, Norman sufrió la misma condena de su país Australia, pero fue aún peor, cuatro años más tarde, en los Juegos Olímpicos de verano de 1972 que tuvieron lugar en Munich, Alemania, Norman no formó parte del equipo australiano de velocistas, a pesar de haber corrido tiempos de clasificación para los 200 metros trece veces y los 100 metros cinco veces.

Para los atletas negros llegó la reivindicación histórica. El tiempo, al final, demostró que habían tenido razón y se convirtieron en campeones en la lucha por los derechos humanos. Con su imagen restaurada, colaboraron con el equipo estadounidense de atletismo, y se erigió una estatua de ellos en la Universidad Estatal de San José. Peter Norman está ausente de esta estatua.

Para Peter Norman nunca llegó esa reivindicación, fue tratado como un extraño, su familia rechazada y un trabajo imposible de encontrar. Durante un tiempo trabajó como profesor de gimnasia, continuó luchando contra las desigualdades como sindicalista y ocasionalmente trabajó en una carnicería. Una lesión causó que Norman contrajera gangrena, lo que provocó problemas con la depresión y el alcoholismo.

Fue el mejor velocista australiano de la historia y el poseedor del récord de 200 metros, sin embargo, ni siquiera fue invitado a los Juegos Olímpicos de Sydney, murió repentinamente de un ataque al corazón en 2006, sin que Australia se haya disculpado por haberlo tratado tan mal. En su entierro, Tommie Smith y John Carlos, amigos de Norman desde ese momento en 1968, fueron sus portadores de sus restos, una reivindicación a un héroe, casi desconocido para el Mundo.

Era tan noble Peter Norman que cuando se inauguró esa estatua en la Universidad de San José en EEUU, pidió que su lugar estuviera vacío para que cualquiera que visitara la estatua pudiera pararse y tomarse una foto con el zócalo, en solidaridad con Smith y Carlos, como lo había hecho él.

El sobrino de Norman, Matt, había hecho un documental, “Saludo”, y pese a no conseguir financiación en su país, logró terminarlo. Después de llevarla al circuito de festivales y cosechar media docena de premios, el Comité Olímpico declaró el 9 de octubre Día Mundial del Atletismo.

La marca de 20.07 de Peter Norman sigue sin ser superada en Australia hasta el día de hoy. Ningún otro récord en el atletismo mundial duró tanto.