Escribe: Álvaro Erices

Los hechos de violencia institucional en el país suceden todos los días. Algunos se mediatizan y generan masivos repudios en redes sociales, otros jamás se van a conocer. El mundo se conmocionó con el asesinato de George Floyd y surge la pregunta de si el racismo en la Argentina atraviesa todas nuestras acciones, incluso las estatales. Raúl Zaffaroni, profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires, juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y ex juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación nos compartió su perspectiva.

Raùl Zaffaroni

A raíz del injusto y barbárico asesinato de George Floyd en Estados Unidos el 25 de mayo pasado, esta es la sexta semanas de protestas bajo la consigna Black Lives Matter en diversas ciudades del mundo como Glasgow, Manchester, Londres, Praga, Lille, Zúrich, Lucerna, a pesar de las restricciones de reunión por la pandemia del coronavirus. En San Francisco derribaron la estatua del esclavista creador del himno nacional norteamericano Francis Scott Key. En Bristol tiraron al río la estatua del esclavista Edward Colston. Rápidamente, las autoridades de Berlín decidieron esconder muchas estatuas en depósitos, como la denominada “El Atleta” del escultor del régimen nazi Arno Breker.
Una definición posible sostiene que el racismo es una lógica de administración de humanidad que emplean los sistemas imperiales. Dicho en otras palabras, el imperialismo se arroga el derecho de decir quién es humano y quién no lo es. Por eso el policía que mató a George Floyd no consideró su pedido desesperado por falta de aire, para él quien estaba bajo su rodilla no era una persona. ¿Debemos erradicar al racismo de nuestras acciones cotidianas, familiares, laborales, militantes, políticas, culturales y de toda índole? Sí, de eso no cabe ninguna duda. Así como también es claro que el esclavismo existe con nuevas formas en pleno siglo XXI.

Arte por George Floyd, en Berlín.

Por eso convocamos a Raúl Zaffaroni para esta entrevista. Porque además de ser una persona de gran calidad humana, es alguien que sabe de qué se habla cuando se debate sobre violencia institucional y racismo. Durante sus largos años de experiencia académica y tras ejercer varios cargos de importancia política e institucional, como haber sido juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, también pasó gran parte de su vida trabajando en el Poder Judicial de la Nación y pudo presenciar de primera mano la enorme cantidad de injusticias y discriminaciones que se producen en nuestra sociedad desde diversas instituciones teniendo la posibilidad de estudiar en profundidad estos temas y así generar un impacto en el pensamiento latinoamericano con sus libros, textos y grupos con los que trabajó y trabaja actualmente como profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires y juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Raúl Zaffaroni

Hace algunas décadas atrás, cuando Raúl Zaffaroni se fue de la Cámara del Crimen de la Capital, comenzó a dirigir el ILANUD (Instituto de la ONU para la prevención del delito en Latinoamérica) localizado en Costa Rica. Allí permaneció durante dos años y volvió a Buenos Aires. Luego se vinculó con el Frente Grande y para la reforma de la Constitución Nacional del año 1994 ejerció como constituyente en la ciudad de Santa Fe. En 1996 también participó como constituyente, pero para la creación de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, lugar en donde asumió como diputado de la Legislatura creada en ese momento. En el año 2000 debió ser reelecto como legislador de la Ciudad, pero hubo algunas situaciones que lo impidieron: “Como me consideraban “piantavotos” por defender las garantías constitucionales y oponerme al populacherismo punitivista de los medios hegemónicos, me bajaron de la lista y me dieron la intervención en el INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación). Me quedé allí hasta la crisis y el catastrófico final del gobierno de la Alianza, pero hicimos varias cosas y también salía todos los días en los diarios como resultado de algunas tonterías que hacían los funcionarios”, expresa. Al ser consultado sobre su balance al frente de dicho Instituto dice: “Logramos salvar la existencia del INADI que, lamentablemente estaba casi en agonía cuando llegué. No logré estabilizarlo institucionalmente, pero lo dejé vivo y quienes me siguieron sí lo lograron, por suerte”.

Luis Espinoza.

Entonces, ¿qué pasa con la violencia institucional y el racismo en la Argentina?, ¿están interrelacionados?, ¿fue una conducta racista la que mató a Luís Espinoza en Tucumán?, ¿es una forma de racismo la que entró violentamente en la casa de una familia chaqueña hace unas semanas atrás?, ¿es una forma de racismo el hecho de no proveer de agua a los barrios populares de la Ciudad de Buenos Aires produciendo la muerte de Ramona Medina, Víctor “El Oso” Giracoy, Agustín Navarro y otrxs por exposición al coronavirus?, ¿es una forma de racismo haber arrollado y asesinado con una camioneta al niño Alex Campo de Cañuelas?, ¿es una forma de racismo no haber establecido políticas públicas de cuidado para evitar muertes por hipotermia en las calles de la Ciudad de Buenos Aires?

No debemos olvidar jamás las muertes de los ciudadanos Sergio Zacariaz hace un año, la de Leandro Macrino y Agustín Lara hace tan solo unos días atrás a la intemperie y solxs en la vereda. ¿Es una forma de racismo la que mató a Facundo Scalzo en el barrio capitalino de Flores a manos de la Gendarmería Nacional?, ¿es racismo el ataque a Ignacio Seijas, quien perdiera uno de sus ojos producto de un balazo a quemarropa por parte de un agente del Grupo de Apoyo Departamental en Villa Albertina, Lomas de Zamora?, ¿son formas de racismo los golpes y el abuso sexual perpretrado por la policía tucumana a Roxana Monteros?

¿Cómo llegamos a George Floyd?

Es muy claro que Estados Unidos es un país racista. No olvidemos que los matrimonios mixtos se penaban hasta hace unos sesenta años, que había lugares especiales para negros en los transportes, que la Suprema Corte había legitimado el “apartheid” con el lema “iguales pero separados”. En ese país no hay casi mestizaje. Aunque son una minoría, más del 50% de los presos son negros. El esclavismo no ha terminado.

¿Qué te generó la foto de Donald Trump con la Iglesia detrás?

¿Trump y la iglesia?, ¿qué iglesia? Es una blasfemia. Para todas las religiones monoteístas los seres humanos somos hijos del mismo Dios. ¿Qué teología es la de Trump?, ¿la de la propiedad?, ¿el que nació negro y pobre “por algo será”?, ¿Trump cree en Cristo o en el Anticristo? Personalmente, creo que no cree en nada salvo en el poder.

Trump.

Tu libro “Penas ilícitas, un desafío a la dogmática penal” (Editores del Sur, 2020), expresa:

“En nuestra región se siguen registrando desapariciones forzadas, aunque no todas ellas son imputables a funcionarios estatales, sino a violencia en Estados deteriorados. (…) Al margen de este ejercicio ilícito letal del poder punitivo –y pese a la ratificación de tratados internacionales– abundan en la región las denuncias de delitos de torturas, malos tratos, lesiones o sufrimientos impuestos por funcionarios o no evitados por ellos.”

¿Qué es lo que pasa con el racismo en la Argentina?

En la Argentina el racismo está muy vinculado al clasismo, a veces se confunde. El racismo puro lo tenemos, sí, pero es dinámico, cambia con las generaciones: primero era contra el gaucho mestizo: “No ahorre sangre de gaucho”, decía Sarmiento. Luego contra el “gringo delincuente, anarquista, nihilista, gremialista, socialista”, después contra los hijos de esos gringos que habían ido más o menos a las universidades; luego contra los “cabecitas negras”, posteriormente contra los nietos de los gringos y los hijos de los “cabecitas negras”; después contra los “bolitas”, los “paraguas”, los “chilotes”, etc. El clasismo es diferente y se mezcla con todo eso en cada época.

¿Pensás que ese “clasismo” se incrementa cuando el poder lo gana el peronismo?

Cuando un gobierno popular amplía la base de ciudadanía real, los nuevos que “subieron” un poco se sienten inseguros y para eso los medios monopólicos les fabrican o inventan lo que Jessé Souza llama una “casta de parias” que no existe, pero de la que salen los estereotipos. Son los “negros, villeros, sucios, vagos, procaces, primitivos, concupiscentes, violadores y ladrones”. No existe, si vas a las villas no los encontrás, son un invento de los monopolios mediáticos, pero los desclasados que se consideran “clase media”, aunque no lo sean económicamente, se identifican por oposición, tienen que alejarse de esa imagen y parecerse más a la mesa de Mirtha. Se trata de un nuevo fenómeno de “medio pelo”, pero modelo 2020: “hay que identificarse con la élite para que no nos confundan con los villeros”. Es una forma de reafirmación subjetiva que, en general, es contraria a sus propios intereses, puesto que al final votan a los que vuelven a hundirlos socialmente.

Las patas en la fuente.

Raúl, te comparto el siguiente párrafo escrito por Juan Espinoza, hermano de Luís (asesinado por la policía de Tucumán recientemente):

“Los policías deben estar para “ayudar a la gente”, para ser un ejemplo, pero aquí demostraron todo lo contrario; en Tucumán están acostumbrados a mantener conductas abusivas, a vivir de la gente pobre, porque vienen a la comunidad para amenazar a los vecinos con llevarlos detenidos o ponerles multas, y la gente por miedo entrega los lechoncitos o los cabritos que tanto cuesta criar.”

¿Se ha convertido la violencia institucional que ocurre en el país y otros lugares de la región en algo incontrolable para el poder político?

En cuanto a que la violencia institucional es incontrolable, no es verdad. Miro la cuestión desde la perspectiva regional: en Brasil en la faja joven de hombres de menos de 30 años, negros o mulatos, la principal causa de muerte es el homicidio. La letalidad policial es cotidiana, se ha vuelto normal, con marcada tendencia racista y, significativamente, con las mismas características victimológicas que la composición de la masa recluida en sus cárceles convertidas en campos de concentración. La violencia institucional no es incontrolable, es no controlada, lo cual es diferente.

¿Se puede pensar a la violencia institucional en la Argentina como una forma de violencia racista?

Puede ser, pero no es lo mismo que en Brasil. Como no es una pura cuestión de melanina entre nosotros, se la inventa.

Raúl, te leo dos conceptos de violencia institucional en la Argentina.

Uno del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner:

“Al hablar de violencia institucional nos referimos a situaciones concretas que involucran necesariamente tres componentes: prácticas específicas (asesinato, aislamiento, tortura, etc.), funcionarios públicos (que llevan adelante o prestan aquiescencia) y contextos de restricción de autonomía y libertad (situaciones de detención, de internación, de instrucción, etc.).”

Y otro del gobierno de Maurizio Macrì:

“La violencia institucional es una práctica en la que participe, como víctima o victimario, personal de las Fuerzas de Seguridad a cargo del Ministerio, es violatoria de los derechos humanos.”

¿Fue una influencia el concepto de violencia institucional que bajó Patricia Bullrich en los cuatro años de macrismo? A lxs agentes de las Fuerzas de Seguridad se lxs ubicó como víctimas…

Después de cuatro años de discurso de instigación al delito de Patricia Bullrich y sus seguidores mediáticos, doctrina Chocobar y esas cosas, es lógico que ese discurso pegue en algunos loquitos que haya en las policías. Pero no en todos los policías, porque eso no es cierto y hasta tiene tintes racistas. Como en todo estamento profesional, siempre hay algunos casos medio patológicos, obviamente también sabemos que los hay entre los jueces y fiscales ¿No? Bueno, también hay en las policías, y es sobre en éstos en donde operan esos discursos criminales. Por suerte en la Argentina los casos letales se levantan, generan protesta, indignación pública. No somos indiferentes ni un pueblo de asesinos, no los normalizamos y tenemos que seguir haciéndolo y profundizándolo, pese a algunos medios y a algunos actores y actrices disfrazados de “comunicadores” y de-formadores de opinión.

Violencia institucional en Chaco.

¿Qué pensás del racismo como acumulación histórica mirando lo que pasa en distintos países?

Es acumulación de injusticia social, de un sistema que excluye, porque la economía financierizada destruye la relación del capitalismo productivo. No hay más explotador-explotado, sino incluido-excluido, como resultado de un proyecto de sociedad 30/70. La relación explotador-explotado es dialéctica, porque no hay explotador sin explotado. La incluido-excluido no es dialéctica, porque el incluido no necesita del excluido, que pasa a ser un descartable, alguien que está de más y molesta. Claro que esto acumula bronca por llamarlo de alguna manera, pero es exclusión social, supresión del proyecto existencial, frustración, por más que en algunos países no falte el componente racista, sobre todo en los que sufren la cicatriz esclavócrata o con alta densidad de población originaria.

Leyendo una antología sobre feminismos negros editada por Mercedes Jabardo me encontré con el siguiente fragmento del Informe Moynihan:

“Una de las de más amplia resonancia dentro de la política de ayuda asistencial es la que tiende a identificar a las mujeres negras, jefas de familias monoparentales, como las principales perceptoras de salario social. Esto ha generado un nuevo estereotipo, que Collins define como “la madre de servicios sociales”, una imagen que presenta a la mujer como alguien con poco interés en acceder y mantener un puesto de trabajo y que, en cambio, tiene embarazos seguidos con el fin de conseguir más dinero de las arcas del Estado.”

Me alarmó lo similar del discurso gorila al decir que las mujeres “se embarazan para cobrar planes”. ¡Es igual que acá, pero en los Estados Unidos de 1965! ¿Qué puentes podrías establecer entre las comunidades negras norteamericanas y los barrios populares en la Argentina?

El poder se direcciona a concentrar riqueza, vivimos una era de totalitarismo financiero encubierto con la ideología única que se autodenomina neoliberal, pero que de liberal no tiene nada. Para ellos el Estado debe achicarse hasta casi desaparecer, sólo debe subsistir para cuidar los intereses de las élites de ladrones y estafadores macros de nuestros países que apoyan los virreinatos modernos. De lo contrario, con Estados más o menos fuertes, ¿Cómo nos van a colonizar si no es mediante la deuda astronómica contratada por sus virreyes a fuerza de campañas electorales sostenidas por sus partidos únicos de medios monopólicos de comunicación? Por eso los gorilas de todo el mundo dicen lo mismo: “No se debe hacer asistencialismo porque las mujeres se embarazan para cobrar, o lo que se paga se va en droga, se lo gastan en alcohol”, como dijo algún político argentino para vergüenza de su partido, que tuvo predecesores ilustres y respetables. Esto viene de Herbert Spencer, que decía que no hay que ayudar a los pobres, porque si no se les deja luchar y fortalecerse, y que si se les enseña gratuitamente van a leer libros socialistas, etc. Reconocía que muchos se morirían, por cierto, pero lo consideraba inevitable porque todo avanza en propulsión a catástrofes.

Herbert Spencer y la oligarquía argentina.

¿Qué diría Spencer hoy?

Seguramente hoy diría que a la pandemia van a sobrevivir los más fuertes, que lo que mejora la “raza” aceleraría la “evolución”. No te olvides que Spencer fue el teórico de moda de todas nuestras repúblicas oligárquicas, era la “ciencia” de hace poco más de un siglo. Nuestras oligarquías no fueron liberales, sino spencerianas.

¿Cómo es eso de que se confundieron los discursos de Charles Darwin y Herbert Spencer y en realidad nuestras oligarquías son spencerianas?

No hay “darwinismo social” sino un “spencerianismo social”, porque Darwin no llegó a decir las barbaridades del primitivo ingeniero de ferrocarriles que era Spencer; un diletante inventor de insensateces que fueron el discurso rastrero de imperialismo británico. Todas nuestras oligarquías fueron spencerianas, nunca liberales. Liberales eran José de San Martín, Mariano Moreno, todos los que mataron o tuvieron que rajarse, pero nuestras oligarquías fueron positivistas y racistas. Desde el porfiriato mexicano hasta la oligarquía vacuna argentina, pasando por la república “velha” brasileña. Tenés un interesante y viejo libro de Leopoldo Zea, “El positivismo en México”, lo mismo se puede decir de la Argentina