Publicada originalmente en Revista Hamartia #28 , edición papel de marzo del 2018

Escribe: Carlos Caramello

Lúcido como siempre, certero como nunca. El análisis de Julio Maier –uno de los juristas más brillantes de nuestro país– tiene esa esa sensatez que sólo pueden dar los años sumados a la inteligencia. En su casa de Victoria, café de por medio, Julio Maier desgranó algunas ideas para recuperar la institucionalidad. Hacia la reforma de la Constitución y la propuesta de un nuevo Estado.

¿En qué piensa si nos referimos al futuro político de la Argentina?

Si hay una reformulación de la democracia argentina, yo prefiero y creo que debería ser hacia un régimen parlamentario. Sé que nadie puede decir que el parlamentarismo sea la panacea ni la solución para todas las cosas –Hitler surgió de un régimen Parlamentario, Mussolini también–, pero sí parece mucho más racional. Si nadie alcanza la mayoría, van a tener que negociar para formar gobierno. Creo que así, racionalmente, se podrían alcanzar mayores niveles de gobernabilidad, siempre y cuando los partidos sostengan los pactos. Si el pacto se liquida, hay que empezar a negociar de nuevo. Llamar a la formación del mismo gobierno.

Pero el actual Congreso es una muestra de lo que podría resultar un sistema parlamentarista en nuestro país: un verdadero caos. De hecho varios legisladores que entraron por el Frente para la Victoria han votado a favor todos los proyectos presentados por el gobierno.

Eso, para mí, conforme al método positivo que tenemos, son traiciones, que empiezan con el señor Cobos. Si yo fuera vicepresidente de su gobierno y me sucediera algo parecido a lo que tuvo que vivir Cobos, pues antes de votar en contra del gobierno al que pertenezco –gracias a que hice un pacto con el partido que es mayoría– creo que la actitud ética sería renunciar. Una coalición puede fracasar porque una de las partes no está de acuerdo. Lo que me asombra es que estas traiciones le ocurran a un solo lado. Al único que se le van es al espacio que gobernó durante 12 años. Si uno se pone a pensar, buena parte de las cabezas políticas de la oposición en este momento han estado ligadas al kirchnerismo: el señor Massa fue Jefe de Gabinete, Bossio tuvo un cargo importantísimo, Lousteau fue el autor de la 125. El único que no ha estado ligado, por supuesto, es Macri. Incluso algunos radicales… Lo increíble es que varios ministros de los Kirchner se le han dado vuelta. La oposición a Cristina Kirchner la forman hoy personas que han nacido con ellos a la luz pública. Creo que eso, en el fondo, es una lesión tremenda al régimen representativo. Y la Constitución nuestra no trae nunca una regulación del régimen representativo.

Pensativo, Maier en su biblioteca.

Sin embargo parecería que las bancas son de las personas, no de los partidos.

Es un error grave. La banca es propiedad del Partido. Yo, por ejemplo, voto la lista del Partido sin conocer a la mayoría de los que la integra. Y eso le pasa a muchísimos ciudadanos que no conocen a la gente está votando. La representación no es algo que se da como la que uno le da a un apoderado ante la Justicia, por ejemplo. El ciudadano pretende ser representado sobre la base de una serie de principios más o menos públicos, mejor o peor publicitados, eso es lo que se otorga. Por eso el sistema representativo de alguna manera necesita regulación. No es posible que cada uno forme un bloque. Eso es hasta un problema práctico. Yo recuerdo cuando en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, con 60 diputados había más de 40 bloques. Y después me explicaron por qué era así. Porque si usted formó un bloque, esta dispuesto por reglamento interno que tiene tantos ayudantes, tantos asesores… Entonces todo el mundo optaba por tener un bloque propio. Mire: la única frase de la Constitución sobre el sistema representativo es la que lo impone. Esta descripción debe ampliarse. Por ejemplo, si un diputado pertenece a un bloque y quiere salir, ese bloque debería poder excluirlo, nombrar un suplente, llamar a nuevas elecciones. Me gustaría discutir esto porque a veces surgen mejores ideas, pero de alguna manera hay que reemplazarlo”.

Fantasea con una reforma constitucional, ¿entonces?

No soy partidario de las reformas constitucionales. Creo que es imposible lo que sucedió en Bolivia durante 200 años: tenía más Constituciones que años. Nosotros tuvimos una gran suerte porque hasta los que interrumpieron la democracia por golpes de Estado siempre dijeron que querían defender la Constitución. Nunca la cambiaron, salvo la del ‘49. Pero ahora me han convencido de una Reforma. En los 150 años que han transcurrido desde la Constitución Argentina hasta hoy, ha cambiado mucho el mundo, incluso tecnológicamente. Hay cosas que son motivo de interpretación, pero no están a la letra en la Constitución. Sería bueno al menos ponerla al día”.

“Si hay una reformulación de la democracia argentina, yo prefiero y creo que debería ser hacia un régimen parlamentario.”

Estamos hablando de una democracia imperfecta. ¿Qué tienen que ver los medios con esta construcción? A partir de una reforma de la Constitución, ¿hay alguna manera de incorporar un control para que este sistema de medios empresarios no pueda manejar la democracia a gusto y piaccere?

Hace muchos años, Juan Velazco Alvarado, en Perú, hizo un proyecto de control de medios de comunicación que luego fue adoptado por la ONU. Pero eso le costó la presidencia. La Argentina había hallado, en la Ley de Medios, un modelo. Un modelo de lamentablemente la Justicia tornó paralítico. Luego, el actual Poder Ejecutivo (1) anuló por decreto todos los mecanismos necesarios para que la ley funcione. Hoy, la Ley de Medios es lo mismo que nada. Es la destrucción de una ley que costó tanto… Tanto debate, tantas idas y vueltas, tantos años, que la Corte misma la declaró constitucional. La anulación de esa ley por decreto es la principal desgracia de este gobierno. Esta es una de las cosas que nosotros queremos evitar en una nueva constitución. Que las políticas globales del Estado sean sancionadas por el Poder Legislativo. Que el Ejecutivo sea sólo un ejecutor de esas políticas. Y para eso es necesario un Régimen Parlamentario. Porque al salir el Ejecutivo del Parlamento sólo es designado para ejecutar las políticas y cuando no lo hace, el mismo Parlamento cambia el Ejecutivo.

Carlos Caramello y Julio Maier, en un alto de la entrevista.

¿Cree que podríamos incorporar, en una nueva Constitución, una suerte de Ley de medios?

Sí. Es más: creo que hay que hacerlo. Es una de las cosas que hay que hacer. Lo que hay que hacer es ponerle límites al capitalismo. Nosotros no vamos a decidir, de pronto, que la propiedad colectiva vale más que la propiedad individual pero hay ciertos límites que el capitalismo no puede superar. Y uno de esos es la información. Hoy, la información depende de medios concentrados. Esto nunca fue así en la Argentina. Ni siquiera en los tiempos de Menem. Y el problema, fundamentalmente, es la televisión. Porque la televisión tiene un grado de penetración distinta a la de los diarios, por ejemplo. Entonces, hay que ponerle límites.

Notas:

(1) Se refiere a la alianza gobernante del Pro y la UCR, año 2018.