Escribe: Roberto Villarruel (*)

Fuente: ENAC

Modelo de crecimiento virtuoso

A menudo se difunden noticias que cuentan que el gobierno se reunió con empresarios o que los empresarios apoyan o rechazan una iniciativa del gobierno, o que el Presidente visitó determinada empresa o se dirigió a “las empresas” al hacer algún anuncio. Pero, ¿de qué se habla en Argentina cuando se habla de “la empresas” o “los empresarios”?

Es importante analizar el contexto histórico y social para entender cómo se conformó el sentido común que hoy opera en el imaginario de la política, los ciudadanos y de los propios empresarios cuando se habla de ellos.

Hacia fines de los años ’70 en Argentina era común hablar de “Empresarios Nacionales” o “Empresas Nacionales” y todos sabían de qué se estaba hablando. Hasta la dictadura militar de 1976 y la imposición del neoliberalismo, la mayoría de la sociedad argentina sentía orgullo de sus industriales. Las industrias nacionales florecían por todo el país. Hombres, mujeres, niños y niñas vestían prendas de textiles argentinos, se alimentaban con productos elaborados en el país, jugaban con juguetes argentinos, equipaban sus casas con muebles, enseres y electrodomésticos nacionales y se movían en bicicletas, motos o autos de producción mayormente argentina.

Roberto Villarruel

Ese país fue el que vino a liquidar la dictadura cívico-militar. El empresario nacional como sujeto y modelo de un país soberano y desarrollado fue otro de los desaparecidos del mundo real y simbólico de una sociedad en la que el Terrorismo de Estado operó para cambiar de raíz la matriz de sus valores. Valores que la habían llevado a ser uno de los países con mejor índice de distribución de la riqueza y de desarrollo humano en el mundo.

Alimentado desde entonces por una casta de economistas del poder y el descomunal aparato de las corporaciones mediáticas se instaló en el sentido común un conjunto de ideas y “saberes” casi un dogma religioso, en favor del libre mercado y el capital financiero que convirtieron a los empresarios nacionales en meros lobbyistas en su relación con el poder y en ineficientes y poco competitivos en el imaginario popular y formaron una barrera para cualquier proyecto de desarrollo nacional.

La interrupción histórica que significó la dictadura produjo consecuencias también en el llamado campo nacional y popular, en donde el marco conceptual dominante parece haberse quedado cristalizado en el industrialismo de los años ’50 a ’70, invisibilizando la situación real de la geografía empresarial argentina.

Para la dirigencia e incluso la militancia territorial, los empresarios son, en su imaginario, las grandes empresas, nacionales o multinacionales, el actor político primario al que reconocen, con el que negocian, colaboran o confrontan, o sobre el cual imaginan políticas públicas, representadas por las gremiales empresarias más poderosas: UIA, AEA, Grupo de los 8, CAME, con las que 500 grandes corporaciones, de las cuales más la mitad son extranjeras, operan políticamente para influir en las decisiones de gobierno y defender sus intereses monopólicos.

Pero existe otro mundo. El ecosistema actual de las pymes se compone de más de 600.000 que emplean a casi el 80 por ciento del trabajo registrado. De ellas, más del 80 por ciento tienen menos de veinte trabajadores y su salario promedio es de 35.000 pesos.

A ese universo hay que sumarle los comercios, los trabajadores cuentapropistas, emprendedores, formales e informales, y trabajadores de la economía popular. Esa masa constituye un número significativo de productores y actores sociales que viven del mercado interno, generan el trabajo de la población, y producen o hacen circular la mayoría de los bienes que se consumen a diario y muchos de los insumos y productos tecnológicos y bienes de capital para las grandes industrias nacionales o multinacionales.

Es vital que la política comprenda la importancia de sumar y construir con ese entramado social de empresarios nacionales pyme como sujeto estratégico y masa crítica para la consolidación de un modelo nacional y popular y para contrarrestar el discurso hegemónico, incorporándolos a los espacios de decisión de las políticas públicas en donde puedan aportar su visión y experiencia y las necesidades reales de las pymes en toda su diversidad y en cada rincón del país.

Es necesario volver a visibilizar, fortalecer y rescatar en el plano simbólico al empresario nacional como un generador de empleo, de conocimiento y de valor nacional para evitar que un modelo de desarrollo nacional naufrague una vez más ante el poder hegemónico de las corporaciones y sus medios de comunicación.

Para poder decir Nunca Más al neoliberalismo necesitamos que el empresario sea otra vez un sujeto político activo de un modelo virtuoso de país, dispuesto a resistir y pelear junto con los trabajadores por una Patria justa, libre soberana, orgulloso de ser parte de ella y legitimado como tal ante la sociedad, que lo vuelva a pensar como parte de ella.

* Titular del Centro Universitario de Idiomas (CUI) e integrante de Asociación de Empresarios Nacionales.