Fuente: argentina.gob.ar/

Publicada originalmente el miércoles 15 de julio de 2020

En el marco de la pandemia de COVID-19 muchos insumos de uso médico se han vuelto tan esenciales como escasos. Es el caso de los barbijos, un elemento importado y de alto costo cuya efectividad debe ser plenamente confiable. De allí la necesidad de garantizar la seguridad de su uso por parte del personal médico.

A partir de esta necesidad, especialistas del Centro Atómico Bariloche (CAB) dependiente del Departamento de Seguridad Nuclear de la Gerencia de Ingeniería Nuclear de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) comenzaron a trabajar en el desarrollo de un método para caracterizar la eficiencia de retención de aerosoles de los barbijos N95, los de tipo quirúrgico y los más populares cubre-nariz y boca de tela.

El proyecto fue uno de los seleccionados por el Programa de Articulación y Fortalecimiento Federal de las Capacidades en Ciencia y Tecnología COVID-19 que el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación financiará para su implementación.

La evaluación experimental se realiza sobre muestras de telas extraídas de distintos modelos de barbijos N95, quirúrgicos y de tela provistos por el Hospital Zonal, el Sanatorio San Carlos y el Hospital Privado Regional, todos de la localidad de Bariloche”, explica Marcelo Giménez, responsable del proyecto.

¿Cómo lo hacen? Simulando las microgotas de saliva que todas las personas solemos expulsar al hablar o toser. Para ello se generan micro-partículas de polietileno en un flujo de aire (aerosoles) que se hacen incidir sobre la tela de los barbijos a ensayar. De esta manera es posible medir la cantidad de micro-partículas que inciden y pasan a través de la tela, pudiendo calcular la eficiencia de retención del material con el que están confeccionados. En el caso de los tipo N95 y los quirúrgicos, algunos son nuevos y otros descontaminados mediante radiación UV o con calor húmedo. Estos procedimientos buscan hacer inerte al virus y son realizados por los centros de salud que proveen los elementos para los ensayos.

Debido a que los barbijos son insumos escasos, muchos hospitales comenzaron a aplicar estos procedimientos para poder volver a utilizarlos. El trabajo de los especialistas de CNEA se centra en evaluar si estos tratamientos de descontaminación afectan o alteran su capacidad de filtrado de aerosoles. En este sentido, Marcelo Caputo, especialista del Departamento de Seguridad Nuclear, aclara que “este trabajo no evalúa la efectividad de estos procesos en la reducción o eliminación de los microorganismos patógenos, sino solamente la eficiencia de filtrado del material una vez descontaminado”.

Experiencias previas

El Laboratorio de Seguridad Nuclear del Centro Atómico Bariloche (CAB) de la CNEA ha podido encarar esta novedosa investigación gracias a las capacidades desarrolladas por los trabajos de investigación y servicios realizados previamente en la temática de aerosoles. Giménez aclara que si bien esta evaluación no está estrictamente bajo norma 42-CFR Part 84 (que especifica la medición de un tamaño más pequeño de aerosoles), los resultados obtenidos permiten orientar a los centros médicos sobre la calidad de los barbijos, la eficiencia de filtrado y la aplicabilidad de distintas técnicas de descontaminación para su reutilización.

Por otro lado, se destaca la importancia de estos resultados para el personal de salud, ya que “primero les permite descartar barbijos de mala calidad; segundo, esta caracterización brinda información que, junto con otros indicadores, permite evaluar la factibilidad de su reutilización. De esta manera y ante la imposibilidad de adquirir nuevos, se puede recurrir a los ya utilizados, reduciendo el volumen de material contaminado. Por otro lado, se generaría un ahorro económico que podría utilizarse en adquirir otros insumos de necesidad”.