Escribe: Laura García Oviedo

Fuente: Instituto Balseiro

El Balseiro cumple 65 años de formación de recursos humanos y generación de conocimiento para Argentina

El 1 de agosto de 1955, 15 estudiantes comenzaban las clases en un nuevo Instituto de Física en la ciudad de Bariloche. A 65 años de ese día, ¿cómo ha impactado el Balseiro en el desarrollo de Argentina a través de sus egresados y egresadas de física e ingeniería? En esta nota, un balance de su historia a partir de diversas miradas.

Desde sus inicios, uno de los objetivos del hoy llamado Instituto Balseiro fue formar a sus estudiantes con una visión de futuro, que tuvieran el sueño de contribuir al desarrollo del país y que trabajaran con coherencia, compromiso y mucha dedicación para lograrlo. A 65 años del inicio de clases ¿cómo han contribuido los egresados de las carreras de física e ingeniería del Balseiro al desarrollo de Argentina? El director y los vicedirectores del Instituto, egresados y referentes externos de la ciencia y la tecnología en Argentina reflexionan en esta nota sobre los aportes de la institución.

Creado a partir de un convenio entre la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO), que se firmó el 22 de abril de 1955, en el entonces “Instituto de Física de Bariloche” se comenzó a dictar clases el 1 de agosto de ese mismo año. Su primer director, José Antonio Balseiro, en base a ideas en conjunto con el también físico Enrique Gaviola, había logrado reunir un plantel de docentes que se animó a mudarse al norte patagónico a pesar de las inclemencias climáticas –y también políticas– de la época.

Primero fue un instituto donde se formaban profesionales de física con el objetivo de desarrollar conocimiento y formar recursos humanos en el área. En 1977, y con el fin de desarrollar la energía nuclear con usos pacíficos para el país, se abrió la carrera de Ingeniería Nuclear. En 2002 se sumó la carrera de Ingeniería Mecánica con el objetivo de dar soporte a las actividades asociadas al desarrollo productivo de la industria nuclear.

En 2013, con la demanda del poder ejecutivo nacional de aportar al desarrollo de las telecomunicaciones, se creó su carrera más nueva: Ingeniería en Telecomunicaciones. Además, en este instituto hay siete carreras de posgrado que fueron creándose al ritmo de la necesidad de crear conocimiento estratégico y una demanda laboral especializada: tres doctorados, tres maestrías y una especialización, que forman a sus estudiantes en distintos campos de la física y la ingeniería.

Los profesionales que egresaron del Balseiro trabajan en distintos sectores de la industria y la educación. “Los recursos humanos formados en nuestro Instituto impulsaron la creación de nuevos laboratorios del Centro Atómico Bariloche de la CNEA además de haber impulsado la creación de diversas instituciones de ciencia y tecnología en Argentina”, destaca Mariano Cantero, director del Instituto Balseiro. La empresa rionegrina INVAP, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), la Fundación Bariloche son sólo algunos de los ejemplos de instituciones que fueron impulsadas por profesionales que egresaron de las aulas del Balseiro.

Impacto en Argentina

¿Qué ha significado y significa el Instituto Balseiro para el desarrollo del país? Esa misma pregunta fue realizada por el Área de Comunicación Institucional del Balseiro a referentes dentro y fuera de la institución. Su director, Mariano Cantero, que es egresado de Ingeniería Nuclear de este Instituto, reflexiona: “Del Balseiro nace el Centro Atómico Bariloche. Aquí se graduó Conrado Varotto y Cacho Otheguy, creadores de INVAP y CONAE. Aquí también se creó la primera carrera de Ingeniería Nuclear de Latinoamérica, que derivó en que el país pudiera terminar Atucha II y se exportara tecnología nuclear al mundo con CNEA e INVAP. Tenemos egresados que son miembros de distintas academias nacionales de ciencias de distintos países”.

“El Instituto Balseiro ha sido exitoso en estos 65 años de vida en crear conocimiento de punta y formar recursos humanos que no tienen techo para su desarrollo; pero también ha aportado mucho a dar sustento al desarrollo de actividades tecnológicas y productivas en el país -expresa Cantero-. El desafío de Argentina a corto y mediano plazo es consolidar el desarrollo del país en base a una matriz productiva soportada por la ciencia, la tecnología y la innovación. Ahí tiene que estar el Balseiro aportando”.

ACTO DE COLACIÓN. En diciembre de 2019 (de izq. a der.): Daniel Domínguez, Alejandro Fainstein, Jorge Barón, Mariano Cantero y Graciela Bertolino.

Para Cantero, los creadores del Balseiro fueron visionarios en que había que formar profesionales de física para el desarrollo del país. “Luego se trabajó en la visión de la Ingeniería Nuclear, más adelante, se trabajó en la Física médica y la aplicación de la ciencia y la tecnología en la medicina. Ahora se ha creado la carrera de Ingeniería en Telecomunicaciones, con la visión de este sector como central para el futuro”, destacó el Doctor en Ingeniería.

Cantero agrega que en la actualidad se está avanzando en la creación del Laboratorio de Ingeniería Innovadora Integrada (LabIn3), que consistirá en un laboratorio donde se diseñen e implementen soluciones interdisciplinarias, “El objetivo es resolver problemas concretos de manera innovadora”, dice Cantero y comenta que en los últimos 10 años, se fortaleció la vinculación del Balseiro con el sector socio-productivo y político, con el foco en resolver problemas de la sociedad, a través de la creación de la Secretaría de Vinculación e Innovación, la Secretaría de Extensión y Cultura Científica y la flamante Secretaría de Bienestar (comenzó a funcionar este mes de agosto). Y agrega que en la actual gestión se tiene en cuenta la visión de que hay cinco macro áreas en las que Argentina tiene que desarrollarse y donde habrá la mayor demanda del futuro mediato: ambiente, energía, salud, alimentos y telecomunicaciones.

Por su parte, Graciela Bertolino, vicedirectora por el Área de Ingeniería, remarca: “En el área de Ingeniería se observa un cambio de paradigma en cuanto al por qué y para qué de cada una de las carreras, fomentando la sólida formación de futuros científicos, tecnólogos y emprendedores en áreas tan variadas como la generación de energía, robótica, nuevos materiales, aplicaciones de la ingeniería a la medicina, inteligencia artificial, entre otras”.

Daniel Domínguez, vicedirector por el Área de Ciencias, agrega que la fuerza histórica del Instituto continúa estando en la energía de sus estudiantes. “Hoy pienso en particular en las y los jóvenes que en estos días están preparando el examen de ingreso al Balseiro, en su esfuerzo en este contexto difícil que nos toca. Es esa exigencia que ellos tienen, la exigencia de los soñadores, la que caracteriza a nuestros estudiantes, docentes y egresados”, dice Domínguez. Y agrega: “En la construcción de ese sueño de país es donde seguimos trabajando los docentes e investigadores del Instituto, enseñando a los estudiantes a pensar en las nuevas áreas de la ciencia y la tecnología donde innovar en nuestra sociedad, ya sea tanto en los desafíos del conocimiento fundamental en física, como en la nanotecnología, en la física médica, y en las aplicaciones en las tecnologías nucleares, los nuevos materiales y las comunicaciones.”

Balances, desde CNEA y UNCUYO

“Desde su nacimiento el Instituto Balseiro ha sido un gran formador de recursos humanos de altísimo nivel. Muchos de ellos aportaron resultados y éxitos sustantivos en el campo de la ciencia y tecnología a nivel nacional e internacional”, sostiene Osvaldo Calzetta Larrieu, presidente de la CNEA, una de las instituciones responsables de la firma del acuerdo de creación de este Instituto. La CNEA tiene otros dos institutos de formación universitaria a la par del Balseiro: el Instituto Sabato y el Instituto Dan Beninson, en la ciudad de Buenos Aires, junto con la Universidad Nacional de San Martín.

El Balseiro por dentro.

Sobre el Balseiro, Calzetta expresa: “Formaron parte de esta trayectoria virtuosa tanto egresados como profesores en numerosas iniciativas ligadas a grandes logros de CNEA en general, a las centrales nucleares, a la realización de los centros de medicina nuclear, al enriquecimiento de uranio, a la exportación de reactores de investigación – proyectos en los cuales yo mismo fui parte- tanto a Argelia (NUR) como a Egipto (ETRR II) o Australia, entre otros hitos trascendentes”.

Calzetta, que fue gerente del Proyecto CAREM y jefe del reactor escuela RA-6 (donde se forman estudiantes de Ingeniería Nuclear en el Centro Atómico Bariloche), destaca que en el Balseiro también se formaron profesionales que ejecutaron planes de desarrollo para formar empresas y organismos -como INVAP, la CONAE, el Pierre Auger y muchos otros-, que implementaron e implementan tecnologías innovadoras para el desarrollo sostenible del país.

“Sabemos que estamos viviendo tiempos complejos y recorriendo etapas de transición. Pero debemos seguir generando espacios que permitan que la actividad nuclear se posicione en torno a la excelencia, capacidad que el Instituto Balseiro ha desarrollado a lo largo de estos 65 años de historia. A través de la producción de conocimiento nos pudimos convertir en referentes Internacionales”, remarca el presidente de la CNEA.

“La formación es el pilar fundamental para el crecimiento y que el arduo camino que nos presenta el futuro en términos de innovación y desarrollo tiene en el Instituto Balseiro una llave para seguir contribuyendo al país a alcanzar los objetivos más desafiantes que se plantee en materia de ciencia y tecnología. Lo digo con el orgullo de haber sido docente de esa Casa de Estudios de la que tanto aprendí”, dice Calzetta.

CNEA Y UNCUYO. (de izq. a der.): Daniel Domínguez, Osvaldo Calzetta (presidente de CNEA), Ana María Quintanilla, Carlos Balseiro, Daniel Pizzi (rector de UNCUYO) y Mariano Cantero. Crédito L. Jalil/IB

Para el rector de la UNCUYO, Daniel Pizzi, reflexionar sobre los aportes que Balseiro realiza en el desarrollo de Argentina es una tarea casi interminable. “Este organismo, que surgió de la necesidad de contar con la más avanzada formación académica en cuestiones de física e ingeniería nuclear y que tuvo entre sus impulsores a prohombres de la energía atómica nacional, como el propio José Antonio Balseiro, ha dado sobradas muestras de su capacidad para contribuir con el desarrollo energético argentino”, expresa Pizzi. Destaca que el Balseiro ha generado aportes desde lo académico, “formando estudiantes de altísimo nivel, que con el tiempo se destacan en sus trayectorias profesionales, demuestran capacidad intelectual y logran el reconocimiento indiscutible de sus conocimientos en distintas áreas”.

Pizzi también remarca el rol de las investigaciones realizadas por profesionales del Balseiro “siempre contribuyendo a generar el más adecuado desarrollo de actividades ampliamente útiles para los intereses del país”. Para el Ingeniero, este instituto, que otorga títulos de la UNCUYO a sus egresados, realiza asimismo aportes a través del mismo desenvolvimiento de sus profesionales, “que día a día son ponderados desde distintos ámbitos, ya sea por su solidez académica o por su apasionada dedicación a investigar y a generar hechos y elementos que posicionan al país cada vez con mayor fuerza en las carreras físicas, nucleares, de las telecomunicaciones y mecánicas”.

“Tanto de las aulas del Instituto Balseiro como de los laboratorios y plataformas nucleares del Centro Atómico Bariloche se ha logrado no sólo trascender las fronteras internas del país, sino que su excelencia ha permitido una clara expansión a toda América Latina, ubicando a Argentina en la vanguardia de estos estudios y disciplinas”, expresa Pizzi. Y agrega: “En su esencia, surgida de la comunión de esta Universidad Nacional de Cuyo y la Comisión Nacional de Energía Atómica, no hace más que demostrar, luego de 65 años, los beneficios estratégicos que se alcanzan cuando el Estado asume el rol que le corresponde a favor del progreso del país”.

“En estos duros tiempos en los que la coyuntura de una pandemia mundial -impensada hace apenas meses atrás- nos obliga a “reinventarnos”, ámbitos académicos como el Instituto Balseiro se transforman no sólo en una necesidad para comprender la realidad y mejorar progresivamente, sino, y fundamentalmente para -precisamente- “reinventar” el futuro”, señala Pizzi. Asimismo, destaca que este Instituto nació bajo la necesidad de que Argentina definiera su futuro energético, en una especie de “reinvención” de ese futuro y de sus acciones en materia física, nuclear, material, en contraposición a un modelo meramente agrario. “Aquella ‘industrialización’ de mediados del siglo XX requirió del apoyo de las disciplinas que este Instituto abarca. Es por eso que logró la trascendencia que hoy celebra. Y es por eso también que hoy se vuelve a ver en una posición a la que todos miran como el ámbito de las respuestas que se necesitan”, destaca Pizzi.

“Esa necesidad de ‘reinventar’ al país, con una historia que sin dudas está cambiando rotundamente, requerirá de la Academia y de sus más osados investigadores, para lograr avances que tal vez hoy ni siquiera imaginamos. El futuro entonces permitirá volver a demostrar que el Balseiro estará a la vanguardia de esos cambios. Y que en la esencia de sus estudios e investigaciones, está el futuro”, remarca Pizzi.

Miradas, a la distancia

Desde 1955, ya egresaron 2.540 profesionales de las 11 carreras del Balseiro. Con motivo de este aniversario, desde el Área de Comunicación del Balseiro se le envió una invitación a cinco referentes de la física o la ingeniería que se desempeñan en distintas instituciones vinculadas con la industria o la educación. Conrado Varotto, Verónica Garea, Alfredo Caro, Jorge Barón y Pablo Tognetti, que egresaron de este Instituto, aceptaron la invitación de reflexionar sobre los aportes que, desde sus perspectivas, ha realizado esta institución al desarrollo del país.

Conrado Varotto, fundador de la empresa INVAP y de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), piensa que uno de los principales aportes del Balseiro ha sido “formar jóvenes en diversas disciplinas, imbuidos de las ideas que desde su inicio remarcaran su fundador, el Dr. Balseiro, y el pequeño grupo de acompañantes. Ideas tal vez no escritas, pero sí explícitas en sus enseñanzas”. Entre aquellas ideas pioneras Varotto destaca la idea de que no hay razones para que Argentina “no juegue en las ligas mayores de la ciencia, la tecnología y la innovación que conduzcan a un mayor bienestar socioeconómico de sus habitantes”. También, que para lograr aquello era esencial que no se les temiera a los desafíos ni a los riesgos de fracasar, ya que de esos fracasos se sacarían grandes aprendizajes.

PIONERO ESPACIAL. Conrado Varotto en una visita al Área de Comunicación del Balseiro. Crédito Laura García Oviedo/ Prensa Instituto Balseiro.

Además, Varotto señala que otra idea crucial que José Antonio Balseiro buscó enseñarles fue que los avances serían por etapas: “Que la ciencia básica era la base de alimentación para las etapas que le habrían de seguir hasta que un día se fusionaran de tal modo, que ya casi no podrían diferenciarse”. Y que para lograrlo era esencial que el Instituto mantuviera una faceta experimental muy fuerte, esto es, “que los estudiantes pasaran mucho tiempo con los fierros”. Varotto es un convencido que el espíritu del primer director del Instituto ha tenido “un gran impacto para que sus seguidores y los seguidores de sus seguidores se largaran a tantas locuras maravillosas por el bien de nuestro país, hasta el día de hoy”, dice.

Verónica Garea, directora ejecutiva de Fundación INVAP, reflexiona en la misma dirección que Varotto. “El Instituto Balseiro ha demostrado en sus 65 años de vida que forma profesionales del más alto nivel en las áreas de física e ingeniería. Los aportes de sus egresades han sido vitales en el desarrollo de la investigación científica y el plan nuclear argentinos. Pero además, sus egresados y egresadas se desenvuelven hoy en todo el mundo, con éxito en cualquier ambiente de ciencia y tecnología”, destaca la Doctora en Ingeniería.

“Quizá el mayor aporte del instituto ha sido demostrar que en Argentina se puede hacer ciencia y tecnología del más alto nivel, demostrado también en empresas como INVAP y organizaciones como CNEA y CONAE, que han crecido con el aporte de egresades del Instituto Balseiro”, reflexiona Garea.

Para Alfredo Caro, profesor investigador de la George Washington University y ex Program Director de la National Science Foundation de EE.UU., el Instituto Balseiro ha hecho al menos dos tipos de contribuciones al desarrollo del país. El físico hace hincapié en la formación de recursos humanos. En sus primeros treinta años, cuando el país y las universidades atravesaron épocas difíciles, “graduó, imperturbable, unas 30 camadas de profesionales que gozaron de condiciones de estudio privilegiadas, con profesores dedicados a tiempo completo a la investigación y la enseñanza”, remarca.

“La segunda etapa, en un escenario más competitivo, con las universidades fortaleciéndose continuamente, el Balseiro sigue graduando profesionales que se educan en un ambiente de gran laboratorio nacional, involucrados en proyectos que, tanto en lo material como en los recursos humanos, superan en mucho la escala universitaria. Pienso que es por esa característica de estar inmerso en una gran organización como CNEA, que su contribución es única e insustituible”, agrega Caro.

Jorge Barón, vicerrector de la UNCUYO, es egresado de la primera promoción de Ingeniería Nuclear del Balseiro. Ante la invitación a reflexionar sobre los aportes de la institución que lo formó, hace un poco de historia: “El Instituto Balseiro se crea en un momento en el cual las Ciencias Básicas, y en particular la Física, no eran disciplinas que se cultivasen en nuestro país. Como primer aporte, la formación en Física, con alta calidad académica, permitió situar a la Argentina en el concierto de naciones ‘científicas’”, dice. Y agrega que, en esa línea, los físicos egresados del Instituto lanzaron y se incorporaron a diversos programas que llevaron a desarrollos propios en reactores nucleares, física de materiales, física de semiconductores, física neutrónica y nuclear, uso de las radiaciones, y muchas más aplicaciones.

“En los años venideros, la incorporación de Ingeniería Nuclear como carrera y luego Ingeniería Mecánica y en Telecomunicaciones permitieron formar profesionales de alto nivel para encarar el Plan Nuclear Argentino, con la construcción, puesta en marcha y operación de Centrales Nucleoeléctricas, y numerosas plantas asociadas al ciclo del combustible. El Instituto Balseiro contribuyó, de ese modo, a posicionar al país como un desarrollador y proveedor confiable de ciencia y tecnología nuclear, satelital y de telecomunicaciones”, expresa Barón.

Aula histórica. Docente y estudiante, en el Pabellón Guido Beck. Crédito Alejandra Bartoliche / Prensa Instituto Balseiro

Pablo Tognetti, presidente de ARSAT, remarca, al igual que sus colegas, la importancia de la formación de recursos humanos y la creación de empresas. “El Balseiro alcanzó un nivel de excelencia comparable a la de los institutos y las universidades con más prestigio del mundo en las áreas de capacitación que se propuso. La riqueza de un país no reside en sus materias primas sino en la capacidad de convertirlas en bienes de mayor valor agregado, para lo cual la formación de recursos humanos calificados para realizar I+D de jerarquía, los primeros eslabones en la cadena de valor, resulta fundamental”, afirma.

“Los egresados del Balseiro ven que se puede hacer I+D a nivel internacional, y que todo es posible contando con los medios adecuados. Esta convicción permitió que del seno del Balseiro y de la CNEA surgiera INVAP, con el objetivo de llenar el puente entre I+D y la industria”, dice Tognetti, que trabajó en el Departamento de Investigaciones Aplicadas de CAB-CNEA, luego en INVAP desde su creación en 1976. Además, remarca que la visión de mediano plazo de las necesidades del mercado es importante y en eso “el Balseiro ha sabido agregar nuevos perfiles de profesionales, como por ejemplo en el campo de las telecomunicaciones, área clave para la implementación de la política de estado de inclusión universal a las TIC”.

Por experiencia propia

Estudiar en el Balseiro implica recibir una beca completa de la CNEA luego de pasar un examen de ingreso. Se ingresa en tercer año, y los primeros dos años de una carrera afín se deben aprobar en la universidad. Significa mudarse a la ciudad de Bariloche para cursar con estudiantes que llegan de distintas provincias de Argentina e incluso del exterior, en un ambiente de campus con pabellones de habitaciones, biblioteca, comedor, gimnasio. Y lo más importante: al estudiar en el Balseiro, se tiene clases con profesores que a la par realizan I+D+i en el Centro Atómico Bariloche. Ahora bien, ¿qué balance hacen sus egresados 20, 30, 40 o más años después de recibirse?

Esa pregunta, qué significó o qué les aportó a sus trayectorias haber pasado por las aulas del Balseiro, fue realizada a Conrado Varotto, Verónica Garea, Alfredo Caro, Jorge Barón y Pablo Tognetti. Varotto destaca que una de las principales enseñanzas que valora de su paso por el Balseiro es que para alcanzar cualquier logro es esencial que uno esté íntimamente convencido que se debe tener claridad de objetivos y “que se debe mantener continuidad en la acción, a pesar de los avatares que se presentaren”. Varotto también destaca que José Antonio Balseiro fue un Maestro en todo sentido: “Impactó en mi formación profesional, pero, con su ejemplo, también lo hizo en lo espiritual. Como creyente que era, con su ejemplo me afirmó en la convicción que Ciencia y Religión no eran incompatibles”, destaca el físico, que es egresado de la 5ª promoción de la Licenciatura en Física.

Ante la consulta de qué le aportó haber pasado por las aulas del Balseiro en su trayectoria profesional, Garea responde que su formación en este instituto le permitió por sobre todo tener herramientas para ejercer su profesión de la manera más audaz posible y empujar siempre los límites de lo que puede hacer. “Aprendí, más que nada, a pensar fuera de la caja y buscar soluciones a problemas nuevos, reconocer el valor del trabajo en equipo y no tener miedo a decir ‘no sé’ y a aprender de quienes sí saben”, agrega la profesional, que es egresada de la 10ª promoción de Ingeniería Nuclear del Balseiro.

Alfredo Caro, que es egresado de la 19ª promoción de la Licenciatura en Física, comenta que estudiar en el Balseiro le dio no sólo las herramientas para ejercer una profesión estimulante, sino que también le dio “una membresía a un grupo humano remarcable que hoy está por todo el mundo y cuyo fuerte sentido de pertenencia le da un valor singular, tanto por los roles que esta comunidad juega en diferentes niveles institucionales en Argentina y el mundo, como por el rol que la red de contactos juega para establecer vínculos y acompañar el desarrollo de las carreras de los más jóvenes”. Asimismo, enfatiza la importancia de la educación pública: “Los graduados del IB hemos sido doblemente beneficiarios de privilegios, puesto que además hemos recibido una beca para estudiar (…) Estas características generan un particular sentimiento de gratitud y pertenencia”, destaca.

INGENIERÍA NUCLEAR. Jorge Barón es egresado de la primera promoción de esta carrera. Crédito Gentileza.

Barón, que es egresado de la primera promoción de Ingeniería Nuclear, coincide con sus colegas: “El haber tenido el privilegio de estudiar en el Instituto Balseiro ha sido una experiencia valiosísima en mi vida, así como fue luego la oportunidad de ser docente e investigador en el mismo Instituto. La convivencia entre docentes/investigadores y estudiantes se transforman en un marco único de enseñanza y aprendizaje, y el acceso a equipamiento de primera línea me permitió, como ingeniero nuclear, trabajar en actividades relevantes del Plan Nuclear”, expresa. Y da como ejemplo que el instrumental de medición neutrónica que usó como estudiante es exactamente el mismo que utilizan las centrales nucleares. “Un párrafo aparte merece el fruto de esa convivencia a nivel humano, donde he formado amistades para toda la vida”, agrega.

Para Tognetti, haber pasado por las aulas del Balseiro le brindó como aporte desprenderse “del ‘colonialismo mental’, de que no hay cosas que están limitadas sólo a los países avanzados si se cuenta con los medios y los recursos humanos adecuados”. Tognetti, que es egresado de la 12ª promoción de la Licenciatura en Física del Balseiro, agrega que su formación le aportó la convicción de que la inversión en desarrollo tecnológico es clave para que el país alcance la competitividad a nivel mundial, y la sostenibilidad. “Me despertó la vocación para encarar proyectos desafiantes, innovadores”, destaca el físico

Otras miradas

Así, en un abrir y cerrar de ojos, se cumplieron los 65 años de clases en el Balseiro. Dos referentes de la ciencia y la tecnología en Argentina, que no estudiaron en el Balseiro, aceptaron compartir sus reflexiones sobre esta institución. Ellos son Fernando Peirano, economista, profesor universitario y presidente de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i); y Diego Hurtado, físico, historiador, profesor universitario y secretario de Planeamiento y Políticas de Ciencia, Tecnología e Innovación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MINCYT).

“El Instituto Balseiro, con sus 65 años de historia, ha sido uno de los motores del desarrollo nuclear en la Argentina. Se trata de una institución artífice con capacidades únicas que distingue a nuestro país en el mundo, como es la posibilidad de hacer ciencia y tecnología ligada al desarrollo nuclear con fines pacíficos, con importantes resultados y aplicaciones en energía, materiales y, últimamente, en medicina”, destaca Fernando Peirano, que es egresado de Economía de la Universidad de Buenos Aires, y profesor en esa misma casa de estudios y la Universidad Nacional de Quilmes.

Peirano destaca que las acciones a favor de las empresas de base tecnológica también están generando una importante y nueva base para vincular el conocimiento con la producción. También destaca que el desarrollo económico y social en un sistema global depende y se define cada vez más por el margen de acción que cada sociedad sepa construir para definir por sí misma las bases de su futuro. “En este sentido, el Instituto Balseiro ha contribuido de forma directa y significativa para que la Argentina tenga más herramientas para edificar su propio rumbo. En otras palabras, ha sido un ámbito generador de soberanía y desarrollo. Una misión más vigente que nunca”, agrega.

Por su parte, Diego Hurtado, que es autor de los libros sobre la historia de la ciencia argentina y de la política nuclear del país, el principal aporte del Instituto Balseiro es “haber sido la semilla del ecosistema de aprendizaje, desarrollo e innovación más importante que tiene Argentina, que al presente sigue creciendo y diversificándose”. Hurtado cita dos hechos para argumentar. El primero: “Los miembros fundadores de INVAP, la empresa de tecnología más importante de nuestro país, eran egresados del IB. Esta empresa (sociedad del Estado de Río Negro) logró hitos impresionantes en la historia de la tecnología de América Latina; alrededor de estos hitos cientos de PyMEs nacionales aprendieron a mejorar sus capacidades, crearon puestos de trabajo calificado, se diversificaron hacia otros sectores. Es decir, el IB es una semilla del tipo de procesos que, si lograran multiplicarse, hacen posible que un país se desarrolle”, afirma.

EGRESADO DEL BALSEIRO. El físico Juan Martín Maldacena, en una visita a Bariloche. Crédito: Verónica Sympson.

“Uno de los físicos más brillantes de la historia de la física, Juan Maldacena, es egresado del IB (en 2012, premio Yuri Milner a la física fundamental, en 2018, medalla Lorentz). Maldacena representa la cumbre más alta de una escuela de física de excelencia, que luego también se multiplicó en escuela de ingeniería nuclear y hoy en varias ramas de las ingenierías”, cita Hurtado como segundo hecho para sostener su planteo. Y agrega: “El punto (i) y el punto (ii) son complementarios: la apuesta al pensamiento de frontera (física teórica, lo que Einstein llamaba “aventura del pensamiento”) y la capacidad para encontrar soluciones a los problemas que plantea la propia realidad socioeconómica (tecnología)”.

Para Hurtado, otro signo de que el Balseiro es una innovación institucional necesaria para nuestro país es que los dos puntos que él expuso muestran que el IB logra superar la falsa dicotomía, propia de los países en desarrollo, entre ‘ciencia básica’ y tecnología. Pero que en ambos casos, hay un punto común: “la actitud que apuesta a resolver problemas utilizando conocimiento intensivo, apostando a la inteligencia y competencias propias”, agrega Hurtado. Y menciona que Jorge Sábato lo llamaba “búsqueda de la autonomía tecnológica”.

A ambos referentes de la ciencia y la tecnología también se les consultó por qué se puede considerar importante que existan instituciones como el Balseiro en el sistema científico-tecnológico de Argentina. Peirano responde: “El Instituto también es sinónimo de excelencia académica. Articula un modelo de formación basado en el mérito y la igualdad de oportunidades gracias a un conveniente y efectivo sistema de becas y contrapartes. También se define por un enfoque pedagógico donde lo teórico dialoga con la experimentación y las aplicaciones”.

Para Peirano, el Balseiro no sólo ha formado a distinguidos profesionales sino que también ha sabido ser el centro de una comunidad de científicos y tecnólogos con espíritu de grupo y exigentes pautas éticas sobre cómo utilizar sus conocimientos. Frente a los desafíos de construir un modelo propio en áreas como la Inteligencia Artificial y las aplicaciones vinculadas a la Industria 4.0, la biotecnología y la nanotecnología, Peirano opina que el modelo institucional del Balseiro debería ser una fuente de inspiración “para construir un sistema de formación de profesionales altamente calificado y especialmente enfocado en el desarrollo de la tecnología, que renueve las estrategias en materia de posgrado de las Universidades Nacionales”, afirma. Y agrega que las políticas públicas de promoción en ciencia, tecnología e innovación deberían construir a este objetivo.

Diego Hurtado.

Ante la misma consulta, Hurtado responde con un caso concreto: “El matemático Manuel Sadosky fue el precursor de las TICs en la Argentina durante los años sesenta. ‘La noche de los bastones largos’, en julio de 1966, arrasó con su primer intento de impulsar la computación en la FCEN (UBA). Durante el gobierno de Alfonsín, al frente de la SECyT, Sadosky decidió volver a impulsar las TICs creando un instituto que siguiera el modelo del Instituto Balseiro”, destaca. Y agrega que, con este objetivo, en 1987 Sadosky creó la Escuela Latinoamericana de Informática inspirándose en el modelo del Balseiro.

“Menem clausuró la ESLAI algunos años más tarde, pero buena parte de sus alrededor de 100 egresados hoy muestran trayectorias muy destacadas. La UNSAM en asociación con la CNEA creó el Instituto de Tecnología Jorge Sabato y con el INTECH creó la carrera de agrobiotecnología en el INTECH, siguiendo en ambos casos el modelo del Instituto Balseiro con resultados también muy destacados en excelencia e impacto en distintos sectores de la actividad económica y social”, ejemplifica Hurtado.

Un “bonus track”, que comenta el historiador: “Cuando el gobierno de Perón es derrocado, hubo algunos físicos que propusieron clausurar el Instituto Balseiro, en ese momento Instituto de Física de Bariloche, porque se la consideraba una institución creada por ‘la tiranía’. Por suerte no se logró cerrar, no importan aquí las razones”, repasa Hurtado. Y agrega que sí se lograron reestructurar o clausurar otras instituciones igualmente novedosas en su concepción, como la Universidad Obrera Nacional (UON). “Lo que se proponía la UON luego lo vimos desplegarse en Corea del Sur, que es la cultura de la innovación en la planta de la fábrica, y hoy estudiamos este país para entender cómo se desarrolló. En este sentido, el Instituto Balseiro fue el producto de un período que apostó a la innovación institucional y a la industria como principales factores para, como decía aquel gobierno, ‘la felicidad del pueblo’”, agrega Hurtado.

GRUNFELD. La primera mujer que egresó del Balseiro fue Verónica Grunfeld. En la foto, está con José Antonio Balseiro
y Edgardo Bisgoni en su acto de colación, en 1958. Crédito: Archivo Histórico Centro Atómico Bariloche e Instituto Balseiro.

Una mirada que no podía faltar en esta nota es la de Carlos Balseiro, ex director del Instituto e hijo mayor de José Antonio Balseiro. Ante la invitación a compartir una reflexión sobre este nuevo aniversario, el físico responde: “Durante los primeros 65 años del Instituto se precipitaron enormes cambios en todo el mundo. Cambios que, impulsados por nuevos desarrollos tecnológicos, transformaron la vida de toda la humanidad. Es un motivo de orgullo saber que de la mano de la Comisión Nacional de Energía Atómica y la Universidad Nacional de Cuyo, el Instituto Balseiro fue partícipe, a través de la formación de profesionales, del desarrollo de tecnologías propias que solo unos pocos países dominan. Y es un orgullo saber que eso se logró trabajando para la paz y el cuidado del ambiente”.

Pensando en los años venideros, el Área de Comunicación del Balseiro le preguntó a Carlos Balseiro qué mensaje le gustaría dejar a quienes festejen, en 2055, el 100º aniversario de este Instituto. “Cien años es un buen motivo para grandes festejos, háganlos y disfrútenlos”, expresa Balseiro. Y agrega que al hacerlo recuerden a Verónica Grunfeld, la única mujer egresada en la primera camada de la Licenciatura en Física del Instituto, que al celebrar los 40 años del Instituto escribió: “Sólo podemos celebrar el pasado si seguimos luchando por dejar un futuro”.

Crédito foto de portada: Archivo Histórico Centro Atómico Bariloche e Instituto Balseiro.