Jueves 27 de agosto de 2020

Escribe: Mireya Dávila Brito

En la historia sociocultural de las enfermedades, las epidemias se han tratado desde el punto de vista de lo demográfico y social: cuántas víctimas registró la enfermedad; cuánto porcentajes de varones y mujeres; a qué clase social pertenecían, y dónde estaban ubicadas. Estas preguntas, provenientes del campo de la historia económica y social, indagan sobre el impacto de las enfermedades en la sociedad y de qué manera fueron tratadas, qué medidas fueron aplicadas y cómo afectó la cotidianidad de una población o qué malestares sociales y económicos agudizó.

Aunque fue conocida como gripe española por sus contemporáneos, su epicentro no fue España. Los primeros focos de contagio aparecieron en Estados Unidos y se trasladó a Europa con los soldados de la Gran Guerra. Desde allí, se extendió a una gran cantidad de países, incluyendo a los de América Latina.

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Hospital improvisado en Camp Funston, Kansas, en 1918. Imagen de Internet.

La gripe española quizá fue la pandemia más agresiva en términos sanitarios y sociales del siglo XX. Se calcula que cerca de 40 millones de personas alrededor del mundo perdieron la vida a causa de esta dolencia. Sus efectos en la economía y en la vida social fueron determinantes, puesto que no existía vacuna para frenar el contagio ni medicalización para tratar los síntomas y las complicaciones que traía el virus. Las autoridades buscaron prevenir la propagación con pautas de higiene corporal; tomaron medidas de aislamiento y cuarentena, y hubo cierre de escuelas, teatros y salones de espectáculos.

En Argentina, se estima que hubo casi 15 mil víctimas fatales de la pandemia. El primer brote (ocurrido entre octubre y noviembre de 1918) provocó la muerte de 2.237 personas, mientras que el segundo brote (entre abril y septiembre de 1919) alcanzó a 12.760 personas.

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Familia en un conventillo en Buenos Aires, 1908. Archivo General de la Nación.

Durante este período se propagó la influenza comúnmente conocida como gripe española en el territorio argentino. Las zonas más afectadas en el primer brote fueron la Capital, la región central y litoral. Sin embargo, en el segundo brote, el norte y la región de Cuyo tuvieron mayor índice de mortalidad.

La pandemia visibilizó realidades socioeconómicas

Cuando la gripe española llegó a Argentina, la actividad económica con variadas ventajas se concentraba en la región pampeana, mientras que las condiciones de vida material en el norte, por ejemplo, eran bastante deficientes. Resaltan los casos de las provincias Salta y Jujuy, donde coincidió la pobreza con la pandemia, dejando a su paso un número enorme de víctimas. Adrián Carbonetti (2010) utiliza como indicador social el alto nivel de analfabetismo que preponderaba entre las jujeñas y jujeños. En aquel lugar, donde un 90% de ellas y ellos no sabían leer ni escribir, se elevó la tasa de mortalidad a un 95,8%. Mientras que 118,6% de la tasa de mortalidad por gripe ocurrió en Salta. En esta provincia, solamente un 2,7% de la población eran alfabetas/os.

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Canillitas esperando la edición de los diarios de la tarde. Buenos Aires, 1920. Archivo General de la Nación.

La epidemia se encontró con deficiencias en la prestación de servicios sanitarios a la población; con un bajísimo número de médicos por habitantes en las provincias del norte y Cuyo; con el desconocimiento de la ciencia médica para rastrear causas, prevenir y curar la enfermedad; con conflictos marcados entre autoridades sanitarias, publicistas, varones de la prensa y Estado, que no se ponían de acuerdo en trazar una misma línea de atención y prevención de la pandemia.

Pero sobre todo se encontró con la ausencia de un sistema sanitario que pudiera hacer frente a las calamidades de la enfermedad y de su rápida propagación. Basta recordar que Argentina contaba con un brazo asistencial administrado por una elite con nociones de filantropía, caridad y socorro a los pobres. Sus prácticas benéficas no contaban con suficiente infraestructura sanitaria ni desarrollo sistemático de la clínica que pudiera hacer frente a semejante flagelo. En otras palabras, las y los pobres morían por falta de asistencia.

 

Esta nota se basa en los siguientes trabajos:

Adrián Carbonetti. “Historia de una epidemia olvidada. La pandemia de gripe española en la argentina, 1918-1919” en Desacatos, núm. 32, enero-abril 2010, pp. 159-174. Disponible en línea: http://www.scielo.org.mx/pdf/desacatos/n32/n32a12.pdf

Adrián Carbonetti y Adriana Álvarez. “La gripe española en el interior de la Argentina (1918-1919)” en Americanía. Revista de Estudios Latinoamericanos. Nueva Época (Sevilla), n. 6, jul-dic 2017, pp. 207-229. Disponible en Línea: https://www.upo.es/revistas/index.php/americania/article/view/2325/2329

Adrián Carbonetti, Dolores Rivero y María Laura Rodríguez. “Vida cotidiana y familiar en el ingreso de la gripe española a la Argentina. Fines de 1918” en Adrián Carbonetti … [et al.] ; compilado por Alvarez, Adriana. La historia de la salud y la enfermedad: recursos archivísticos y metodológicos de un campo historiográfico en construcción. 1a ed., Mar del Plata, EUDEM, 2018, pp. 87-96. Disponible en línea: http://www2.mdp.edu.ar/images/eudem/pdf/la_historia_de_la_salud_y_la_enfermedad.pdf

Diego Armus. “La enfermedad en la historiografía de América Latina moderna” en Asclepio, Vol. LIV, 2-2002, pp. 41-60. Disponible en línea: http://asclepio.revistas.csic.es/index.php/asclepio/article/viewFile/140/137