Escribe: Hernán Chervo (*)

La organización cooperativa es una respuesta alternativa de los trabajadores y trabajadoras al devenir del capitalismo. Fue así en sus orígenes, en la primera mitad del siglo XIX y lo es en la actualidad, en el particular contexto de una pandemia. Estructuró inicialmente su fase orgánica y su plexo ideológico y estratégico en el continente europeo, para luego ir diseminándose y desarrollándose por todo el mundo.
En ese derrotero se configuraron sus aspectos más significativos, como la gestión democrática y su potencial para masificarse como modelo, la inclusión laboral y económica, la libertad de adhesión al movimiento, sumado a una amplitud en sus respuestas a los sujetos que buscaban una transformación radical de la sociedad industrial, concentrada y de acumulación financiera de la época.

El BAUEN, una de las cooperativas más perseguidas por los gobiernos neoliberales.

La idea y la acción cooperativa llegaron a Latinoamérica y específicamente a Argentina, básicamente, con las corrientes inmigratorias, posteriores a la gran guerra. Puede afirmarse que tanto el capitalismo, como su resistencia, y sus potenciales alternativas persisten, con vigencia y vigor en nuestros días, aunque fueron atravesando adaptaciones, evoluciones, transformaciones y contradicciones.

Una pregunta interesante para hacerse es por qué, a pesar de varios intentos de gobiernos o bloques de poder en distintas etapas históricas, por desarticular esta estrategia económica, cultural y política, que constituye el movimiento cooperativo, han fracasado en ese objetivo. Podría afirmarse, que la misma frustración han padecido gobiernos de derecha en la Argentina, en el intento de terminar con la fortaleza sindical, de colocar un dique a las sucesivas olas del movimiento feminista, o desarticular los organismos de derechos humanos en nuestro país.

Como decía al inicio, el movimiento cooperativo intenta dar respuesta a un problema económico y político y de desarrollo social de los trabajadores y trabajadoras como sujetos de transformación en la sociedad capitalista, sus injusticias, sus desigualdades, sus guerras y crisis endémicas de reordenamiento.

Cooperativa Ale Ale, gastronomía.

Una explicación es la creciente concentración de la riqueza, que no es indiferente a los actores del movimiento cooperativo a nivel global. En la actualidad el 1% de la población mundial acumula el 70% de la riqueza global, una cifra exorbitante, que se suma a la crisis generalizada que se vive, a raíz de la pandemia. Revertir esta situación, implica, seguramente, indignarse, oponerse, manifestarse, pero también organizarse y exponer una alternativa.

El movimiento cooperativo se afirma históricamente en la lucha contra la explotación laboral, la desigualdad, en favor de la inclusión social, como medio de transformación de los aspectos económicos, filosóficos, jurídicos y políticos de la sociedad actual. Por ello es necesario constituir un pensamiento y una participación activa para desarrollar una estrategia que permita a la organización cooperativa actuar en forma generalizada en el campo económico, de las nuevas tecnologías, en la producción, el crédito, el desarrollo social y científico, académico, educativos, de la seguridad alimentaria, de los servicios públicos, de los servicios sanitarios, educativo, y por supuesto en la acción política.

El macrismo durante la gestión anterior (2016-2019), conformó un bloque de poder antagónico para una convivencia democrática con la economía popular, profundizando el hambre, la pobreza y la desocupación. Desde el Estado ensayó una caracterización y un ataque al “sujeto cooperativo”. Esa avanzada implicó definir la cooperativa (organización) y sus integrantes (sujetos) de una manera funcional, restrictiva de sus capacidades y de su potencial, para luego detener el crecimiento y limitar el desarrollo del sector. Esto llevó a eliminar bajo la figura de la revocación de matrículas ya otorgadas, a miles de entidades del sector, que no se adaptaron al tiempo político de entonces. Debiendo renunciar al derecho de organizarse en función de sus necesidades, sin el acompañamiento del Estado.
Ese atentado tiene que constituirse en un antecedente intolerable en futuras gestiones y en una necesidad imperiosa para recuperar el vigor y la confianza que marca la historia de lucha del sector.

FASINPAT, ex Zanon. Sobrevivió a los tarifazos del macrismo.

Hoy que una pandemia azora a los pueblos, se vuelve a tener confianza y a recurrir a la solidaridad y a la colaboración como presupuestos para la solución de los problemas sociales globales originados en la crisis sanitaria. Esto puede darle la fortaleza no solo subjetiva, sino también objetiva para iniciar una nueva etapa de desarrollo y crecimiento de esta alternativa que es la organización cooperativa en la sociedad.

En el país, el gobierno actual viene recuperando la importancia de la presencia estatal ante el neoliberalismo de mercado como ordenador de todas las relaciones sociales; ha sobresalido por su preocupación social, por su acompañamiento a los sectores más vulnerables, combatiendo el hambre desde el inicio de su gestión, y por ver una oportunidad, en medio de una pandemia, para protagonizar grandes transformaciones. Sin duda esto es una invitación a continuar militando y promoviendo el movimiento cooperativo, y a recuperar el sentido del sujeto hacia la transformación económica, cultural, filosófica y política, que puede constituirse en alternativa ante la situación de desigualdad social y concentración económica de estos tiempos.

(*) Abogado en Derecho Cooperativo