Lunes 26 de octubre del 2020

La transcripción de esta entrevista contempla una edición adecuada en el pasaje de la oralidad a la escritura, asesorada por el mismo entrevistado, Martín González Samartín. Agradecemos su lectura atenta y colaboración posterior.

Martín González Samartín, profesor y licenciado en Ciencia Política (UBA), maestrando en Comunicación y Cultura (UBA), miembro del Equipo de Asistencia Sociológica a las Querellas (EASQ), y coautor del informe “Recuperar la soberanía monetaria“, junto a Adrián Rojze, en diálogo con #NoNosQuedaOtra AM 740 Radio Rebelde. Alternativas para  frenar el dólar como moneda de intercambio en el mercado interno; salir de una economía bimonetaria y el posible camino a una soberanía económica; el papel que jugó la última dictadura militar en la dolarización de las transacciones en nuestro país, y las medidas que debería imponer el gobierno nacional para recuperar el monopolio de la emisión monetaria, hoy condicionado por la extorsión de los poderes económicos del mercado. No es un problema económico, no es problema cultural, es un problema político.

Escuchá la entrevista completa: 

Dolar-Especulación financiera
Dólar: Un obstáculo en la historia económica y política de nuestro país.

Un diagnóstico erróneo

“Hay un diagnóstico generalizado de que el problema del dólar es cultural, en el mejor de los casos de que es un problema económico y se enfoca desde el punto de vista de la economía, estrictamente hablando, como un problema de incentivos adecuados. Por darte un ejemplo, escuchaba a Cecilia Todesca y a otros miembros del gobierno nacional anunciando medidas de incentivo o, incluso, las medidas que se vienen anunciando desde semanas atrás, que tienden a generar dos tipos de movimientos: ofrecer otros instrumentos de reserva de valor y ahorro a los argentinos o inversores que no sea en dólares, y por otro lado, actuar sobre la demanda, tratando de restringir tal vez el volumen del (dólar) contado con liquidación. Nosotros tenemos un diagnóstico distinto, que observa que el encuadre del problema desde los “incentivos adecuados” no es suficiente. (…) Si hablás con cualquier economista, estas medidas serían correctas: generar otros incentivos. Pero se omite que el patrón monetario no se establece mediante incentivos. (Así como) el Estado ejerce de forma legítima, y de forma legal, el monopolio del uso de la fuerza para controlar su territorio, para perseguir delitos, etc.; del mismo modo, los Estados imponen un patrón monetario, y esto no ocurre por consenso, por confianza o mediante una política de incentivos”.

“El sector de la clase dominante que conspiró y ejecutó el golpe de Estado del ’76 le quitó al Estado una función esencial: el monopolio legítimo de la emisión de la moneda”

“El problema está en que hay una versión generalizada de corte neoliberal, pero que también está presente en otras corrientes de la teoría económica, según la cual se cree que los participantes en el mercado, a fin de establecer un patrón monetario para poder intercambiar todas las mercancías que produce la sociedad, eligen una de estas mercancías que va a actuar como equivalente universal, y luego se la ceden al Estado para que la administre. Pero esta versión liberal sobre la moneda no tiene correlato en la historia, es un mito, que viene de corrientes iusnaturalistas del siglo XVII”.

“Lo que nosotros hemos planteado en las (XIII) jornadas de sociología (de la UBa) es un análisis histórico: no siempre en Argentina existió una economía bimonetaria, esto existe a partir del año ’77. Junto con la Ley de Entidades Financieras se introduce una economía bimonetaria en Argentina con lo que se autodenominó el Proceso de Reorganización Nacional en la última dictadura. La última dictadura se planteó como objetivo básico la reorganización de todas las relaciones de la sociedad argentina. Lo que hizo fue introducir un nuevo patrón de acumulación basado en la renta financiera y lo hizo a sangre y fuego, a través de un genocidio para alterar todas las conductas sociales, eliminar o clausurar los lazos de solidaridad e igualdad vigentes en la sociedad y reemplazarlos por un patrón de conducta meritocrático, neoliberal… Y a esos efectos la última dictadura implementó el genocidio, un plan sistemático de desaparición de personas. Pero, en paralelo a esa táctica, se introdujo -y esto es lo que proponemos en nuestro trabajo- un patrón bimonetario en la economía argentina; lo que implica que el dólar -que hasta ese momento funcionaba, como en el resto de los países de América Latina, como reserva de valor- pasó a ser una moneda de intercambio que operaba en el mercado interno para operaciones de bienes durables, inmuebles, inversiones, etc. A partir de allí, el sector de la burguesía (o la fracción de la clase dominante) que conspiró y ejecutó el golpe de Estado del 24 de marzo del ’76, logró (hacerse con) un instrumento para quitarle al Estado una de sus funciones esenciales que es el monopolio de la emisión de la moneda”.

¿Cómo reparar la historia?

“Partiendo de este diagnóstico, de que al patrón monetario los Estados lo imponen, no lo consensúan, se deduce que los enfoques culturalistas o consensualistas (sobre la moneda) tendientes a generar los “estímulos correctos”, están destinados al fracaso. La solución es sencilla y lo que impide la comprensión de esta solución es justamente esa sencillez. Está delante de los ojos de todos nosotros. Es como la carta robada de Poe. La solución pasaría por retornar a una moneda única: la introducción de un patrón monetario único para todas las transacciones entre actores del mercado interno, ya sean corrientes o a plazo, y que involucren todo tipo de bienes y servicios, por un lado. Por otro lado, esto también requeriría una serie de reformas legales, sobre todo en materia de administración financiera, pública y privada, que sostengan un esquema donde el peso sea la moneda exclusiva y el dólar tenga el mismo papel que el resto de las divisas de cualquier otro país. Es decir, que solo sirva para comprar y vender en el exterior, para la contratación de servicios fuera de Argentina, para viajes, turismo, etc.”

“Cuando, como en cualquier otro país capitalista, no se pueda comprar con otra moneda que no sea la oficial un departamento, o cuando el dólar no permita realizar maniobras especulativas en el mercado interno, la sociedad se va a volcar al peso: eso debe ser una imposición (de la administración monetaria y financiera) del Estado”

“No es un problema el inmueble, eso es solo un ejemplo visible. El problema es que el dólar está actuando en este momento, y a partir de la última dictadura dentro de la sociedad argentina, como reserva de valor y está actuando también como moneda de intercambio: es decir, está funcionando como si fuera una moneda de curso legal emitida por el Estado nacional, cuando en realidad es una moneda emitida por otro Estado. Ahí está el problema, no en la compra de inmuebles, el inmueble es un ejemplo de lo que menciono. ¿Por qué el problema está ahí? Porque los sectores que en este momento están presionando muy fuerte al gobierno nacional para forzar una devaluación, son los sectores que no liquidan (exportaciones) y le ponen la horca al cuello a cualquier gobierno. No lo hacen solamente con un gobierno peronista, o nacional y popular, lo hacen con cualquier gobierno. Para entender la simpleza de esta solución tiene que ser planteada una política monetaria en términos que sean fácilmente comprensibles para toda la sociedad; así como un semáforo en donde todos entienden qué significa la luz roja, amarilla y verde”.

“La implementación requiere medidas administrativas que son un poco más complejas, pero saber qué hacer con la moneda o cuál es la moneda que vale o con la que vamos a hacer determinadas transacciones tiene que estar clarísimo para todos los sectores de la vida económica, y (esa moneda) es el peso. Tiene que quedar claro que el dólar, después de la reforma que estamos proponiendo nosotros, va a implicar en su uso lo mismo que cualquier otra moneda emitida por cualquier otro Estado nacional, sea la libra esterlina, la corona, el real. Si vos tenés cualquier moneda emitida que no sea por el Estado argentino, la tenés que convertir a pesos para poder utilizarla (en el mercado interno), no podés utilizarla directamente. Si eso lo entendemos muy bien respecto de cualquier moneda extranjera, esa comprensión sencilla tiene que aplicar también al dólar”.

“Cuando el dólar no permita realizar ese tipo de operaciones especulativas en el mercado interno, automáticamente la sociedad se va a volcar al peso, pero no por una cuestión de incentivos, sino por una cuestión elemental: la única moneda de curso legal válida para actuar en las transacciones es el peso. Y esto no debe encararse como una cuestión de confianza, sino que es una condición legal de cualquier Estado soberano”.

Las políticas alternativas que podría aplicar el Estado

“Los bancos pueden cambiar monedas de todo el mundo, como efectivamente lo hacen. Pero si vos vas a Brasil y estás con dólares, los dólares no te sirven para ir a comprar un campo, un auto, un departamento; ni existen en Brasil las presiones sobre la divisa extranjera para presionar la devaluación del real como existen en Argentina. Sería (cuestión de) transportar la situación de Brasil, o de cualquier otro país, a Argentina”.

“Argentina es LA EXcEPCIÓN, no existe otro caso en donde una divisa emitida por otro Estado tenga las mismas funciones que la moneda de curso legal”

Hay un andamiaje legal y administrativo (introducido por la última dictadura) que les permite a los grandes tenedores de dólares -que son la fracción de las clases dominantes que impulsaron los golpes del 66 y 76- imponerse a un bloque más débil, (constituído por sectores) desarrollistas e industrialistas, las PYMES y los sindicatos, que (en la década del ’60) habían desplazado de la alianza con el Estado al sector de la oligarquía diversificada, es decir, el sector ligado al agro pampeano, las finanzas y al mercado externo, que justamente es este bloque dolarizador. (El andamiaje legal introducido por la dictadura le devuelve a estos sectores un elemento de coerción sobre sus adversarios ligados al mercado interno). Este bloque dolarizador tiene un poder extraordinario sobre las políticas económicas de cualquier gobierno: sea el de Macri, el de Fernández, el de Cristina… Son los mismos sectores que utilizan la capacidad de obtener sus ingresos en dólares, de liquidar o de no liquidar (exportaciones), para extorsionar a los gobiernos”.

Alberto Fernandez-Dolar-Especulacion Financiera
El presidente Alberto Fernández afirma que “hay acreedores externos queriendo sacar los dólares de la Argentina”. Foto: Prensa Casa Rosada

La anomalía es que se acepte al dólar como si fuera la moneda de curso legal de nuestro país. Está tan arraigado en nuestro sentido común que el dólar es la moneda de curso legal para un montón de operaciones en el mercado interno que nos cuesta pensar una situación donde deje de serlo. Lo normal en cualquier otro país sería que nadie te acepte dólares para ir a comprar o vender algo dentro del mercado interno de ese país, como poníamos de ejemplo a Brasil. Esto no se logra generando confianza, medidas de incentivo o de consenso; esto se logra con una reforma legal y sobre todo de administración financiera, que impida que los bienes durables, o de cualquier otro tipo, que los instrumentos de cancelación de deudas, títulos, o lo que fuese, puedan estar nominados en una moneda que no sea la oficial. Se tendrían que nominar en pesos todos esos instrumentos que operen en el mercado interno. Ocurre en cualquier otro país capitalista, la moneda de curso legal es la moneda que emite su Estado. Hay un sistema legal y de administración que introdujo la última dictadura militar que le da un status superior al dólar que al peso, porque degrada la moneda nacional, lo que hay que hacer es revertir ese andamiaje legal y de administración financiera que introdujo la dictadura militar”.

“No se trata de que las medidas tomadas (por el gobierno nacional) no sean las adecuadas, sino que son medidas insuficientes. Buscan atacar las consecuencias de la economía bimonetaria, cuando sería mejor atacar sus causas”

“Mientras exista un sector del poder económico ligado al mercado externo que tenga la posibilidad de extorsionar a cualquier gobierno, porque se atribuye la función de facto de ser emisor monetario, se está adjudicando una función que sólo le compete al Estado en su rol de emisor legítimo. Porque quienes poseen la mayor masa de dólares en la sociedad actúan de facto como segundo emisor. Es decir, esa debería ser una función del Estado, que ostenta el monopolio legítimo de la moneda en cualquier otro país. Sin embargo, el Estado, durante la última dictadura militar, le cedió a esa fracción del poder económico un poder que le compete sólo al Estado. El Estado cedió su monopolio legítimo de la emisión de la moneda y le entregó ese rol a esa fracción del poder económico ligada al mercado externo. Nosotros identificamos a la imposibilidad de advertir esto (que es tema de la ciencia política y no de la economía) como el principal obstáculo para abordar el problema por parte de los economistas, y no la falta de idoneidad o mala praxis técnica (esas son las acusaciones que hacen los medios de comunicación hegemónicos, la derecha y los neoliberales, es decir, quienes realmente impulsaron esta visión de la moneda como producto del consenso). Esa es la visión ideal (carente de historicidad) sobre la moneda que nosotros denunciamos como equivocada: ellos son los promotores de esa visión ideológica acerca de la moneda”.

Foto: Nicolás Stulberg 162.

“El problema está en que los economistas heterodoxos también compran la versión de los ortodoxos; compran esta idea de que la moneda es producto del consenso entre los participantes del mercado… que luego de consensuar qué mercancía va a actuar como equivalente universal de las transacciones, se la llevan al Estado para que la administre… Compran todo el paquete de los liberales del siglo XVII. Esto es el huevo de la serpiente. La moneda no es eso; esa es una visión idílica y fetichista de la moneda. La moneda forma parte de un poder de monopolio legítimo que tiene el Estado para imponer un patrón monetario al resto de los actores. No se comprende que estas concepciones liberales que tiene la gran mayoría de los economistas, porque así se enseña la Economía en la universidad, y todas las concepciones neoliberales que han penetrado en la enseñanza de la disciplina y han condicionado la forma en que la mayor parte de los economistas, e incluso en la heterodoxia, conciben el problema monetario, son representaciones ideológicas. Nosotros, en cambio, lo planteamos desde una perspectiva sociológica. El problema es político, en la medida en que nosotros logremos instalar este debate entre los economistas va a haber mayores posibilidades de que se encuentre la forma de comprender el problema de la moneda desde una perspectiva sociológica, histórica y, en definitiva, política. Nosotros sostenemos que no se trata de un problema económico o cultural. En la medida en que este debate se instale habrá mayores posibilidades de que los gobiernos de turno, sobre todo nacionales y populares, hagan un cambio en el abordaje del problema, de modo tal de salir de raíz de esta trampa de la dictadura, no con salidas coyunturales o con medidas económicas tendientes a generar confianza o incentivos económicos. Porque este problema se repite ante cada nuevo ciclo político. No hay solución definitiva sin revertir el andamiaje legal y administrativo que introdujo la última dictadura militar y que le dio este poder de extorsión a esta fracción del poder económico”.