Sábado 21 de noviembre del 2020

Edición: Natali Revert

Desgrabación: Ian Marfort

La entrevista que presentamos a continuación fue realizada en 1998 en el programa “Si nos dejan” que se transmitía por radio Terra en Chile. Se trata de una conversación entre Pedro Lemebel – conductor del programa-, Roberto Bolaño que había ido a Chile como invitado especial de la Feria del Libro, y Raquel Olea.

Transcribimos algunos fragmentos en los que se abordan distintos temas como la radio, los años de Unidad Popular, Pinochet y un acalorado debate sobre la existencia (o no) de una literatura nacional.

El audio de la nota completa pueden encontrarlo en soundcloud.com o en youtube.com

Sobre su relación con la radio

Pedro Lemebel(PL): Vamos a comenzar en primer lugar partiendo de lo que es la radio. Este medio de comunicación que en este país tiene una trayectoria tan extensa; y fundamentalmente el papel cumplido por la radiotelefonía, como se decía antes, en la dictadura.
En dictadura la radio fue un motor, digamos, que auspició (algún tipo de radio, como Radio Cooperativa, Radio Umbral) la vuelta a la democracia; en tanto la televisión fue más bien cómplice del régimen de Pinochet. Entonces, me gustaría preguntarte, cuál es tu memoria, cuál es tu relación que tú tienes con este medio por el cual la gente tiene la oportunidad de escuchar tu sedosa voz.

Roberto Bolaño (RB): Yo diría que hay dos relaciones; dos tipos de relaciones con la radio. Una relación infantil y un recuerdo a mi abuela o a mi madre oyendo las radionovelas, unas cosas terroríficas que no acababan nunca. A veces me ponía a escuchar con ellas aquellas historias; y para mí es un sinónimo de tardes en el sur de horas muertas, horas en donde aparentemente no ocurría nada. Tengo una impresión, una vaga idea del sur con esa radio. También está la radio de mi infancia en donde yo era mucho más activo con ella y escuchaba los partidos de fútbol.
Luego la radio de mi edad adulta, tengo un recuerdo bastante malo, una época muy mala de mi vida en donde estaba con un estado catatónico y escuchaba la radio como quien se pincha heroína, ¿no? Yo creo que me había quedado zombie.

Roberto Bolaño

(PL): ¿Qué escuchabas en esa radio?

(RB): Yo escuchaba todo. Me encantaban las conversaciones nocturnas, generalmente de chismorreos, también escuchaba estos programas deportivos nocturnos; siempre de noche. Debo de haber estado mal, porque no podía dormir. Pero durante mucho tiempo, escuchaba la radio a la noche.

(…)

Su partida a México, los años de la Unidad Popular y el “arribismo cultural”

(PL): ¿Cuándo estuviste en México?

(RB): Yo me fui a México a los quince años, volví a Chile a los veinte años, me volví a ir de Chile a los veinte años.Sí, en enero del ‘74 nuevamente a México. Y bueno, en total viví diez años en México.

(PL): ¿Por qué te fuiste en el ‘74?

(RB): Pues, por Pinochet evidentemente. Por el golpe de estado.

(PL): ¿Pero tú no fuiste exiliado?

(RB): No. Yo me fui, mi madre me empezó a presionar para que me marchara, yo había estado preso, había caído ocho días preso en una comisaría en Concepción, y tenía miedo de caer otra vez.

(PL): ¿Eras militante?

(RB): No, propiamente no. Iba camino a ser un militante. Tú te refieres a militante de un partido.No, yo en aquella época ya no creía en partidos ni en cosas por el estilo. Creía en la izquierda y en una serie de posibilidades que la izquierda podía dar a la gente, mucho más que otro grupo político. Pero no, nunca fui un militante. Entre otras cosas, porque si hubiera sido militante, estoy seguro de que yo no hubiera durado ni una semana militando en un partido.

(PL): ¿Qué recuerdos tiene, a modo de chispazo, de la Unidad Popular? Porque eras muy joven entonces.

(RB): Veinte años. Yo recuerdo a Santiago, un Santiago más bien espectral, muchachas muy bonitas, rostros a los que yo me había desacostumbrado ya, rostros muy blancos. Yo estaba acostumbrado a ver rostros más oscuros por México. Yo venía ya de un paisaje humano y urbano -además un paisaje urbano mucho mayor que el que encuentro en Santiago, yo venía del DF que ya era en ese entonces una ciudad de catorce millones de habitantes-, entonces mi impresión es de ver mucha gente blanca. Una marcha intelectual, una marcha cultural que a mí me parecía bastante sospechosa; y en eso meto tanto a la izquierda como a la derecha.

(PL): ¿Te refieres al proyecto cultural de la Unidad Popular?

(RB): El proyecto cultural de la Unidad Popular. No, no me refiero a él como el macro-proyecto, sino que me refiero a los intelectuales de entonces. No había ningún intelectual, chileno al menos, que yo más o menos viera.

(PL): ¿Porque estaban comprometidos con el proyecto o por sus producciones en especial?

(RB): No, no. Hay escritores de aquella época que a mí me encantaban y me siguen gustando. Yo me refiero a los que yo vi personalmente. Yo no vi a ninguna vaca sagrada, yo vi a escritores que estaban preparándose para trepar. No sé si aquí se sigue diciendo esa palabra.
Y claro, no vi a gente de derecha, solo vi a gente de izquierda dispuesta a trepar y trepar como diera el lugar. Y bueno, la impresión que eso me dejó fue mala, ¿no? Muy mala.

Pedro Lemebel.

(PL): Ya. Y con respecto a eso mismo, a esa característica chilense del arribismo cultural, ¿no? De esta forma como tú dices, de trepar.

(RB): Bueno es que en la literatura siempre se ha empleado, o la han empleado algunos personajes, para trepar. La literatura es un camino social, en muchos casos. Lo que pasa es que cuando la literatura es un camino social y detrás de esa literatura o esa obra, hay calidad, bueno no tengo nada que objetar; aunque de alguna forma u otra el arribismo pervierte a la obra literaria. El arribismo es perverso en sí mismo y generalmente pervierte a lo demás. Pero lo más duro es que esta gente ni siquiera tenía talento; era una especie de amiguismo, de compadreo, nada más.

(PL): Claro, cuando tú dices ‘esta gente’ también hay un deje despectivo, ¿no? Y pienso que mucha de esa gente ya no está.

(RB): No. Incluso muchos de ellos supongo que murieron o salieron exiliados, etc. Pero el sufrimiento no añade valor literario a una obra. El valor literario a una obra se lo pone el escritor. Si ese escritor ha sufrido mucho pues es asunto suyo. Si igual no ha sufrido nada y hay una obra magnífica. Es decir, el talento no tiene nada que ver ni con las ideologías ni con la situación personal de una persona. El talento se tiene o no se tiene.

(PL): Como una especie de aura. ¿Qué sería el talento para tí?

(RB): No sé, algo misterioso, algo que llevas dentro o cosas que llevas dentro y que entran en algún momento en colisión entre ellas. No sé, pero lo que es evidente es si hay talento. Es decir, Franz Kafka es un hombre de un talento enorme, un talento genial. James Joyce, ahí hay talento; y, no sé, Nicanor Parra hay talento. En Pablo Neruda hubo talento.

(PL): ¿Hasta cuándo? ¿Cuál es el Neruda que te molesta o te desagrada?

(RB): A mí el Neruda stalinista es un Neruda que me molesta muchísimo, en donde veo además mucha miseria humana. Lo que pasa es que Neruda es tan gran poeta, que La residencia en la tierra o en ciertas zonas del Canto general, es una poesía tan alta, tan alta, que de alguna manera da pie o permite cualquier exceso posterior en otra dirección. Neruda es un gran poeta, pero un gran poeta.

Sobre la literatura, el mercado y el debate en torno a las literaturas nacionales

(PL): Otra pregunta Roberto, literatura y mercado, o mercado literario, hay tantos sinónimos.

(RB): Bueno la literatura necesita un mercado. El escritor necesita un mercado porque el escritor en principio es una persona que come, ¿no?

(PL): Ya. ¿Hasta el punto de que ese mercado haga desaparecer la escritura y ponga en escena al personaje?

(RB): Son los riesgos del mercado, pero eso existió siempre. Siempre, siempre.

(PL): Pero ahora en este momento… En este momento viene llegando Raquel Olea, una gran amiga, una querida amiga. Ella es crítica literaria y escritora fundamentalmente; y con quien íbamos a hacer esta entrevista, pero, ¿qué te pasó Raquel?

Raquel Olea (RO): Tuve otra entrevista y se cambiaron un poco los tiempos y me atrasé pues. ¿Están empezando?

(PL): Estamos como en la mitad. Una de las preguntas que le estaba haciendo a Roberto ahora hablando sobre literatura y mercado, Roberto me decía que siempre se necesitaba un mínimo mercado. Pero, ¿Hasta qué punto? ¿Hasta cuando el mercado ponga en escena a una figura y desaparezca la escritura? Que es el caso de muchos personajes más bien de la literatura. ¿Qué piensas sobre esto Raquel?

(RO): Bueno yo creo que una cosa es el mercado como puesta en circulación de cada bien. En ese sentido el mercado ha existido de distintas maneras siempre. Pero creo que hoy en día cuando hablamos de mercado, hablamos fundamentalmente de un lenguaje; de un lenguaje que construye los modos de circulación, distribución, instalación y de relación con la escritura. Creo que ahí es donde hay que de alguna manera pensar, para mí, cierta propiedad de lo literario; cierto irreductible de lo literario en relación al mercado, a ese mercado actual. Por ejemplo yo venía, a propósito de lo que ustedes hablaban, los mercados nacionales y los mercados transnacionales. O sea que lo que es un escritor nacional y un escritor global. Te escuchaba el otro día a tí decir en una entrevista ‘yo soy un escritor en lengua española’.

(RB): Sin duda.

Raquel Olea.

(RO): ¿Quién aquí es un escritor chileno por ejemplo?

(RB): En principio es un entelequia, es una estafa en términos literarios. No existen escritores de Chile o de Argentina, etc, como tales, como escritores. Hay literaturas.

(RO): Estoy totalmente en desacuerdo contigo. Algún escritor tiene que ver con su contexto de producción.

(RB): ¿El contexto? No, no. El contexto de la producción de un escritor, es su lengua.

(RO): No solo. Porque su lengua también tiene relación con el contexto. O sea, un escritor chileno para mí, por ejemplo, es un escritor que está posicionado también política y culturalmente en relación a la historia de este país.

(RB): O sea que para tí una escritura en lengua española no está posicionado con nada.

(RO): Es que no existe tampoco eso sin que sea un ente volando en las nubes. La lengua está envuelta en una historia; pero son históricas las lenguas también.

(RB): Yo creo que esa es una discusión, vaya, periquitada hasta el fondo. Empezar nuevamente con la discusión romántica…eso empieza en 1815 más o menos. Hablar a pocos meses del año 2000, de una discusión que empieza en 1815 y en 1870 más o menos, la polémica romántica acaba.

(RO): ¿Pero por qué lo pones como romántico? No es romántica la relación de la escritura con su contexto

(RO): Pero las lenguas también son históricas, ¿o no?

(RB): Las lenguas son históricas. Bueno, es que ya es evidente que toda lengua tiene una historia, a partir de ello no se puede hacer ninguna discusión.

(…)

(RB): Todo eso, a mí me huele a revolver la olla universitaria, ¿sabes? A discusiones universitarias que no llevan a ninguna parte. Además que son discusiones en el campo santo. Esto con la literatura viva no tiene ninguna relación; ninguna relación. Es decir, si como lectora te ilumina la lectura de una obra X tener todo este backgroundy verlo bajo esta serie de prismas; está muy bien, ¿si? Lo que no puedes hacer es sentar, crear, un módulo rígido de lectura, ¿si? Y de percepción de una…es lo que estás diciendo. Yo entiendo que estás diciendo eso; no puedes percibir, no puedes poner camisas de fuerza sobre la literatura. La obra de un gran escritor jamás está ceñida a un país. ¿Tú que crees, que a Neruda no lo entienden en España? ¿por qué? ¿porque no es español? ¿Tú que crees, que a Vallejo no lo entendieron los chilenos porque era de México?

(…)

(RO): Pero literaturas chilenas te digo, literaturas chilenas. El concepto de nacional se pone en el contexto de las identidades. Existe la literatura chilena, tú perteneces a ciertas tradiciones que son mucho más amplias que tu…

(RB): Mi única tradición en tanto ejecutante de la literatura, es mi lengua; es la única tradición que yo tengo.

(RO): A ver, pero tú has hablado de la literatura chilena en estos días, te has referido a ciertos autores.

(RB): Cuando hablo de la literatura chilena, generalmente se habla para entendernos. Pero como tal, es algo nimio. Yo hablo de la literatura argentina, o la literatura checoslovaca, ¿si? Es solamente para entendernos
(…)

(RO): Yo quiero pensar la relación de la escritura literaria, estética, con su contexto; y esa discusión no está terminada. No está terminada y es una discusión que se renueva permanentemente.

(RB): Es una discusión de una esterilidad absoluta, ¿si? La escritura lo primero que debe dar, es placer. Si no…

(RO): ¿Por qué no va a poder dar placer una escritura que tú la piensas desde una relación al contexto Roberto?

(RB): En el momento en que tú lees una escritura, en el acto de leerla, la estas contextualizando, ya el placer de lectura empieza a esfumarse; pero ya mismo eh. Una literatura tiene que hablarle, tiene que crear en el lector cosas mucho más fuertes que empezar con esa pedantería de contextualizarla; además en su historia nacional, ¡anda ya por dios!

(RO): Pero ni lo uno ni lo otro, es todo a la vez. O sea yo puedo leer de muchas maneras, puedo leer solo para tener placer y entretenerme, y puedo leer para pensar algo también, ¿por qué no? Hay niveles de lectura.

(RB): Entonces ponte a leer teoría literaria o el derecho romano, joder. Pero no leas literatura.

(RO): Pues si la literatura también está en el derecho romano. Si la literatura también está en muchas más partes hoy día que sólo la literatura. En las paredes de las calles, en las crónicas.

(RB): No, lo que hacen teóricos como tú, es eso. Es decir, simplemente a destrozar el canon literario; decir todo es literatura, para que finalmente nada sea literatura. Es decir, las rebajas, es llegar a las rebajas.

El debate se extiende un poco más y abordan la crítica literartia sin llegar a ningún acuerdo y finalmente Lemebel cierra el encuentro.

(…)

(PL): Bueno, estamos en Radio Tierra en el 130 del AM, cuando es la una de la tarde con cincuenta y cuatro minutos. Estamos en una acalorada discusión con Roberto Bolaño y Raquel Olea sobre el tema de la escritura. Ha sido un gusto haber tenido a Roberto Bolaño, usted lo conoce, usted lo ha visto en la televisión, usted lo ha escuchado y ahora esperamos que también lo lea.

Nota publicada en Revista Hamartia #35. Conseguí tu edición papel acá.