Jueves 17 de diciembre de 2020

Escribe: Viviana Norman (*)

En estos días, lxs feministxs y aliadxs, estamos escribiendo un nuevo capítulo del largo e intenso recorrido por la despenalización y legalización del aborto en nuestro país. Tras la promesa de Alberto Fernández en campaña electoral, el Ejecutivo envió al Congreso Nacional un proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE)[1]. Estos primeros diez días del último mes del año, algo semejante tuvieron con lo ocurrido durante las jornadas históricas de junio y agosto de 2018.

Afuera, las calles teñidas de verde, las danzas al ritmo de las batucadas, la vigilia convocó a cuerpxs diversxs y coloridxs, se resignificó lo vivido dos años atrás, con los matices que impone una pandemia. Por ello, al ritual callejero del activismo feminista, se agregaron nuevos accesorios: barbijos, alcohol en gel y se respetó el distanciamiento dejándonos en pausa para recibir los abrazos amorosos. Antes como ahora, lxs integrantxs de la Campaña Nacional por el derecho al aborto, legal, seguro y gratuito, asumieron el compromiso de sostener estas jornadas con la convicción que perdura en estos 15 años de lucha y recupera la larga historia del feminismo local.

Interrupción Voluntaria del Embarazo
Marea verde por el aborto legal, seguro y gratuito en 2018.

Adentro, se reeditó la intervención de diputadxs durante varias horas, donde hubo persistencia en ciertos argumentos ya vertidos en 2018: el lugar común sobre el inicio de la vida, la retórica reduccionista de estar a favor de la vida, acuñada en la religión, la moral o la ética, como si fuera posible extrapolar esas convicciones personales a la ciudadanía toda, aún más, sin que dicha porción de la sociedad lo consienta o haga propias tales dogmas. No faltaron la posición paternalista y tutelares sobre las mujeres y personas gestantes en varias opiniones, ni el adultocentrismo con referencia a la legitimidad de las decisiones de lxs adolescentes sobre las que se avanzó a limitar. Ello consta en el dictamen presentado junto con la objeción de conciencia y la penalización luego del tiempo establecido de 14 semanas. Aspectos éstos, que nos obligarán a mantenernos alertar aún sancionada la ley y nos demandará re articular nuestro activismo para garantizar el cumplimiento del derecho a la IVE y, mantener activa la interpelación al Estado y las instituciones responsables.

Un latiguillo fue utilizado en el recinto por varixs legisladorxs. Se trata de la in-oportunidad de este proyecto de ley por alejarse de los “problemas reales de la Argentina”, según la expresión del diputado Martín Medina del PRO, entre otras manifestadas. Lo que revela esta afirmación es la negativa implícita de ocuparse de la tarea de ampliar derechos, que es una función primordial de sus cargos legislativos mientras despliegan la soberbia de atribuirse autoridad para jerarquizar el carácter oportuno de los reclamos sociales. Con la excusa de la oportunidad, pretenden definir desde propios intereses las prioridades omitiendo la voluntad social que dicen representar. Y desconocen con ello, que el sentido de oportunidad que adquiere una cuestión en la agenda pública está legitimado por la lucha del feminismo y de colectivos aliadxs, y es parte de nuestras conquistas como lo será esta ley una vez sancionada. No se puede volver atrás en los acuerdos alcanzados, y la despenalización social del aborto fue convalidada con la masiva y transversal movilización de 2018. Pero además, quienes deniegan su voto para la sanción detrás de la falacia de estar a favor de las dos vidas, se desentienden de sus responsabilidades como parte de un Estado que tiene la obligación de ocuparse de cuestiones de salud pública e implementar políticas adecuadas que alcancen a ciudadanxs que lo requieran. Porque legislar no es cuestión de creencias sino que es de orden político y en esa clave hay que encarar la modificación de la ley. Esta referencia al aborto como cuestión de salud pública, es un rasgo que se subrayó el proyecto del ejecutivo y que reafirma con ello, no solo el lugar que tiene el Estado como hacedor de políticas públicas sino también, el alcance que deben tener estas acciones, que queda expresada en la noción de salud integral y la dimensión de legalización en el caso del aborto y no solo la despenalización como muchxs legisladorxs sostienen.

Interrupción Voluntaria del Embarazo
Jornada del 10 de diciembre de 2020. Foto: M.A.F.I.A.

Pero frente a las resistencias para ampliar derechos, está nuestra obstinación por alcanzarlos. La diputada radical Brenda Austin mencionó las palabras de Julieta Lanteri que bien lo resumen: “arden fogatas de emancipación femenina, venciendo rancios prejuicios y dejando de implorar sus derechos. Estos no se mendigan, se conquistan”. Hace dos años, las fogatas ardían para mitigar el frio porteño, mientras que esta vez, ardía la ciudad con una sensación térmica de 37° que parecía brotar desde el asfalto. Ninguna tempestad nos detiene y seguiremos echando leña al fuego porque todavía quedan muchas batallas para dar y faltan muchos derechos por conquistar. Junto con ello, falta derribar ciertas percepciones que se instalaron en los discursos, tales como que esta práctica abortiva que pasa de su negación a la afirmación que nadie quiere abortar. Este argumento se vuelve a presentar tal como en 2018 y, no solo es cuestionable sino que repetir tal enunciado, nos aleja cada vez más de potenciar el ejercicio de la autonomía enunciada.

La decisión es reflexiva, corresponde a las mujeres y personas gestantes y estamos hartas que la respuesta a ello, sea el castigo porque desobedecemos el disciplinamiento ejercido sobre nuestros cuerpos y sexualidades. La objeción de conciencia, resume la postergación que sufrimos cuando el valor de autonomía de unx médicx se impone al nuestro. Esto también es político. Hay que desdramatizar, apropiarse que abortar está entre nuestros deseos si no queremos continuar la gestación porque no se encuentra dentro de nuestros proyectos. No se trata de una obligación impuesta por las circunstancias que nos ubica como víctimas. Lo que no queremos más es clandestinidad, inseguridad, violencia obstétrica e indiferencia. La decisión puede presentarse como un dilema pero ello se debe a los valores sociales punitivos que debemos enfrentar y la penalización social y legal que reina.

Interrupción Voluntaria del Embarazo

Hay algo diferente que recupero de las intervenciones y estimula a pensar escenarios por venir. Hubo referencias a la violencia operada de manera transversal en todas las instancias que transcurren quienes deciden practicarse un aborto. La clandestinidad es violencia, argumentó Alicia Aparicio del FDT, cuando recordó que el aborto clandestino se llevó la vida de su abuela paterna cuando tenía 22 años. Pero la violencia como regla de las condiciones de vida de mujeres y personas gestantes, también es un obstáculo que no permite la planificación, agregó la diputada Marisa Uceda de FDT, quien además apuntó contra la penalización de quienes lo hagan, que evidencia que sobre lxs cuerpxs de las mujeres se legisla con dureza y crueldad y se potencia la vergüenza social como escarmiento como si la inseguridad y la clandestinidad a que se les empuja no fueran suficientes.

Una novedad en lo discursivo fue el interrogante sobre el rol de los varones frente a la decisión de las mujeres y personas gestantes de abortar, ello analizado además, reconociéndose poseedores de privilegios en la sociedad hetero patriarcal. El diputado Itai Hagman del FDT fue uno, pero hubo otros diputados que lo mencionaron, lo que alienta a imaginar que estamos más cerca de construir estrategias compartidas para desarmar las estructuras opresoras persistentes. Este es un desplazamiento sobre el que hay que enfocarse y trabajar, el discurso debe hacerse prácticas y transformar las subjetividades heteronormativas que están arraigadas en la vida cotidiana y son también fuertes obstáculos en el momento de acceder a un aborto, inclusive en los casos que es legal por causales en nuestro país tal como consta en el Código Penal de 1921.

En la madrugada del 11 de diciembre, luego de unos minutos de dejar clavada la mirada en la pantalla gigante ubicada en la calle para seguir la transmisión, a las 7:23 hs. estallamos de emoción por los 131 votos afirmativos que sellaron la media sanción en la cámara de diputadxs. Los abrazos demorados abandonaron la pausa y llegaron, junto con la certeza que se discutió en Diputados, pero se conquista en las calles y este triunfo parcial es producto de la lucha colectiva.

Pero esta vez, una perlita acrecentó nuestro entusiasmo. Fue lo dicho por la diputada Dina Rezinovsky “si tanto le molesta saquen a dios de la constitución”. Gracias diputada por la idea, esa próxima batalla ya está en marcha. #SeráLey!

* Socióloga, feminista. Activista de la Campaña Nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito y de la Asamblea de Trabajadorxs en tiempos de Pandemia.

[1] Ya estaban presentados otros dos. Uno de la Campaña Nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito y otro, de la diputada por Corrientes, mandato cumplido, Araceli Ferreyra.