Jueves 31 de diciembre del 2020

Escribe: Nuria Giniger (*)

Hace poco más de un año, publicábamos en este misma revista una nota acerca de la necesidad de revertir el cientificidio macrista, con la victoria del Frente de Todxs. En las luchas contra el cientificidio construímos un programa de urgencias y otro de necesidades políticas para la ciencia en nuestro país. En las vísperas de 2021, con la expectativa de terminar por fin este año pandémico y terrible, es tiempo de recuperar ese programa como brújula para los años venideros.

Las urgencias eran ponerle un coto al proceso de destrucción. Para ello, lo primero era reponer el ministerio de ciencia, aumentar los salarios y subsidios para terminar con la fuga de científicxs, reincorporar a lxs despedidxs del INTI, ampliar el número de ingresos y tener un convenio colectivo de trabajo feminista para CONICET, retrotraer la política nuclear de CNEA a 2015. En general, estos objetivos básicos se han cumplido. El aumento salarial es insuficiente, no tenemos aún convenio colectivo y la CNEA aún está sin nueva dirección nombrada. Tareas a resolver de inmediato.

En vísperal del 2021, es tiempo de recuperar un programa de necesidades políticas para la ciencia en nuestro país

Las necesidades políticas tienen que ver con el sentido de la producción científico-tecnológica en un país periférico como el nuestro. Sobre ello hay acuerdo en la comunidad científica: la producción de conocimiento permite abrir caminos de desarrollo, de soberanía, capacidades para resolver problemas sociales muy arraigadas en Nuestra América. El debate se centra en quién es el sujeto protagónico de la ciencia y la tecnología. Para el macrismo era una ecuación simple: lo poco que se produzca tiene que estar en consonancia con las necesidades de los grandes monopolios, un país períférico no tiene más derecho a un nicho subalternizado a los intereses del gran capital. Contra eso luchamos cuatro años. ¿Y para nosotrxs, cuál es la ecuación?

Kit de diagnóstico para Covid-19, desarrollado en el país.

La pandemia da ejemplos. En primer lugar, predisposición de lxs científicxs por hacer preguntas y respuestas sobre la pandemia y el covid-19, desde todas las áreas científicas. En segundo lugar, con la creación de la Unidad Coronavirus, se produjeron kits diagnósticos, plasma convaleciente e hiperinmune, suero hiperinmune (recientemente aprobado por la ANMAT), la intervención de VENG/INVAP para escalar una empresa de respiradores, entre otras. En tercer lugar, las restricciones derivadas de la crisis y la urgencia por producir vacunas para toda la humanidad, nos enfrentan con los límites concretos de la producción de medicamentos e insumos vitales para la población. Para revertirlo es imprescindible recoger también las experiencias de lxs trabajadores de la salud y de lxs pacientes. Todas estas iniciativas (y otras) requieren de mayor protagonismo tanto de las comunidades científicas, como del pueblo en general.

El otro aspecto es la integración latinoamericana. Este año también se sentaron las bases para crear la Agencia Espacial Regional de América Latina y el Caribe, bajo inspiración de la ABACC, con la que auto-regulamos la producción nuclear Argentina-Brasil. Igualmente, con la recuperación de la democracia boliviana, junto con lo que podría ser un auspicioso cambio de rumbo para el pueblo chileno, debemos marchar a un acuerdo de cooperación público y estatal, para una agencia tripartita de explotación y producción de litio y derivados.

Acuerdo histórico para la creación de la Agencia Espacial Regional de América Latina y el Caribe.

Hay que aprovechar la existencia del ministerio para recuperar soberanía e integración latinoamericana, ensayar formas novedosas de evaluación científica que rompan con los parámetros hegemónicos, establecer criterios populares comunes que vayan permitiendo despojarnos del elitismo científico propio de las academias norteamericanas y europeas. Hay propuestas, pero para ello hace falta construir más protagonismo y participación: foros públicos, debates sobre temas estratégicos, modos de abordaje, que inventen nuestras y nuevas formas de hacer ciencia. Es decir, no es posible plantearse una ciencia soberana para el desarrollo de un pueblo postergado, sin ubicar al pueblo como parte sustantiva de la producción científica. Esto supone dar un salto en calidad y dejar de comprender al Estado como un sujeto, para entenderlo como la cristalización de una relación de fuerzas determinada. No será “el Estado” el que produzca la ciencia que el desarrollo soberano, autónomo y popular requiere, sino lxs trabajadores y el pueblo en general.

(*) Dra. en Antropología e Investigadora del CONICET. Militante de Liberación-Corriente de UCyT