Jueves 14 de enero del 2021

“Dióxido de Cloro: por qué Quirós insiste en seguir a la ANMAT y evitar su uso”, titula uno de los diarios más grandes del país minutos después de la conferencia de prensa del Gobierno de la Ciudad. En este momento Argentina pasa por un trance curioso -pero nunca nuevo-: hay gente que, influenciada por los medios masivos de comunicación, elige creer en gotas milagrosas sin ningún tipo de sustento científico en vez de confiar en los organismos reguladores del Estado.

Viviana Canosa hace que toma dióxido de cloro en vivo, en televisión abierta.

Más allá de la(s) operación(es) mediática(s) que buscan desprestigiar las decisiones de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica, desde Hamartia nos comunicamos con el presidente de la Fundación Soberanía Sanitaria y miembro del grupo asesor de Salud del gobierno bonaerense, Leonel Tesler, para hablar acerca de los peligros de consumir dióxido de cloro como si fuera agua.

“El dióxido de cloro es un producto químico parecido a la lavandina que se usa en industrias y, en algunos casos, para potabilizar el agua. La exposición a esta sustancia puede traer varias complicaciones: si una persona sana lo toma, puede tener problemas renales, hematológicos y cardíacos capaces de poner en riesgo su vida. Por su parte, la inhalación -muy común en ambientes laborales en los que se utiliza a diario- puede provocar irritación y afecciones respiratorias”, explica Tesler y agrega: “Dicen que el DCD se absorbe y tiene un efecto antioxidante que le daría propiedades mágicas, pero lo que pasa es que, después de entrar en contacto con los jugos gástricos, se transforma en otra sustancia muy tóxica que es la que se termina absorbiendo”.

Leonel Tesler, de Fundación Soberanía Sanitaria.

La fiebre por el dióxido de cloro empezó con un supuesto descubrimiento milagroso sin aval médico ni científico a cargo de Jim Humble: un hombre que, a principios de siglo, juraba haber curado la malaria de las personas que trabajaban buscando oro en una mina utilizando este producto. Al milagro inicial, se le sumó un libro en el que explicó los supuestos beneficios de la sustancia para la cura de la diabetes, el cáncer y el autismo, y una seguidilla de publicidades en medios de comunicación informales y redes sociales con testimonios de gente que supuestamente se curó tomando dióxido de cloro. “Ellos ven una oportunidad en una enfermedad que está de moda y lo sacan a vender”, dice Tesler, “no es la primera vez que se habla del Dióxido de Cloro como posible tratamiento para un virus, de hecho se postuló con la gripe A para tratar el N1H1, pero nunca jamás desde la medicina se habló del dióxido de cloro como un medicamento”.