Jueves 11 de febrero del 2021

Escribe: Ayelén Reyes

Esta semana lxs docentes de la Ciudad de Buenos Aires se reintegraron a las escuelas. Si bien el protocolo de CABA insiste en reuniones laborales de carácter virtual, muchas instituciones optaron por la presencialidad. Mientras tanto, siguen decorando la escena un sinfín de preguntas sobre cómo llevar a cabo una vuelta física sin que los contagios se multipliquen exponencialmente y, en breve, retornemos a la educación por pantallas.

Durante todo el verano se habló sobre la vuelta presencial. Parece mentira, porque es la época donde docentes y alumnxs están de vacaciones, pero se ve que es efectivo el juego con la ausencia. Decir que la cantidad de chicxs que no alcanzó los contenidos mínimos habría sido el doble, pero no preguntarse por si alguna de sus políticas tuvo que ver en que esxs mismxs chicxs no tuvieran acceso a dispositivos móviles o a internet. Afirmar que los alumnxs tuvieron trastornos de depresión y ansiedad, pero no reflexionar si como gobierno hicieron algo para contenerlxs en las mismas escuelas que de ellxs dependen ni pensar si sus docentes también sufrieron. Recalcar que la educación presencial es un derecho, pero no explicar cómo convivirá con el derecho a la salud.

El 21 de enero, el Jefe de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, expuso el diseño del plan “Primero la escuela”. Un plan basado en cuatro pilares que según sus palabras responden a “la educación como actividad esencial”, “la readecuación de las escuelas”, “todos los recursos de la ciudad en función de la educación” y “la participación ciudadana”. Es curioso, lxs docentes nos seguimos preguntando a qué se referirán con “esencial” o “readecuación” si no se ha invertido en todo este tiempo, cuáles serán esos recursos que aún no impactaron ni en las viandas de lxs estudiantes, ni en las computadoras o el aumento de sueldo, qué será la participación ciudadana si nuestros reclamos siguen sin ser escuchados. La ministra Acuña habló de porcentajes, alumnxs que deberían haber repetido, que no pudieron promocionar, que no se pudieron conectar. ¿Dónde estuvo el Estado en todo ese tiempo? El discurso político parece fácil: “mencionamos todo lo que lxs chicxs no pudieron y todo lo que nos importa la educación, pero evadimos cualquier responsabilidad al respecto. De eso, que se hagan cargo lxs docentes”. Y así es, porque mientras la palabra que tiene peso es la televisada, nuestros reclamos quedan invisibilizados y se demonizan.

La vida en cuarentena multiplicó el uso de la red social Tik Tok. Un espacio para compartir videos de lo que sea. Muchos atravesados por el humor. Gran cantidad de usuarixs subieron su contenido, cientos de ellxs fueron docentes con grabaciones irónicas que dejaban de manifiesto el agotamiento mental y la explotación laboral imperante en el 2020. Se ve que ése era uno de los verdaderos espacios de participación ciudadana del que hablaba Larreta porque allí se materializaron los intercambios que ellxs realmente querían, los del odio docente.

Soy docente y tengo Tik Tok. Este último tiempo, subí contenido sobre la imposibilidad de volver a clases presenciales en las condiciones propuestas. ¿Qué quiere decir que lxs docentes tendrán prioridad en el transporte público?, ¿de qué modo se garantizará la higiene en escuelas donde ni siquiera hay papel higiénico en los baños?, ¿cómo hablar de ventilación en aulas que no poseen ventanas hacia el exterior?, ¿por qué el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires indicó que cada escuela tendrá la responsabilidad de lo que pase puertas adentro?, ¿qué ocurrirá con todo ese trabajo que nuevamente se duplicará? Porque como bien sabemos esta presencialidad es pantalla, en realidad, estamos hablando de una semipresencialidad, es decir, de una escolaridad desdoblada.

Sin embargo, es claro que la imposición mediática ha surtido efecto porque la mayoría de los comentarios que recibí están vinculados a que la culpa de todo la tienen lxs docentes: “Decime dónde enseñás así clausuramos el lugar”, “si tuviera que mandar a mi hijo y fueras la docente, exigiría 15 metros de distancia”, “propusieron clases al aire libre y también se quejaron”, “se ve que el Covid afecta más a los docentes que al resto de la población porque son los únicos que no quieren volver”, “con esta clase de docentes no tenemos futuro”, “nunca vamos a salir adelante”, “los docentes viven de vacaciones”, “cómo se nota que los docentes no son los de antes”, “se acabó la vocación”, “claro quieren cobrar el sueldo sin trabajar”, “en ningún país cerraron las escuelas”, “”no laburan nunca”, “antes las maestras eran unas señoras”, “lo único que hacen en el aula es estar con el celular”…

En esta nota no hay remate. Es solo un ejemplo más de cómo las políticas partidarias de la Ciudad de Buenos Aires convencen a sus propios ciudadanxs de pelear contra ellxs mismxs. Divide y reinarás.