Jueves 25 de marzo del 2021

Escribe: Soledad Cantero (*)

Publicada originalmente el lunes 22 de marzo del 2021 en PáginaPolítica.com

Con mucho pesar tomé conocimiento que ha comenzado la tala de árboles en el Boulevard Racedo, de mi querida ciudad de Paraná, pese al intento de impedirla por parte de las y los vecinos comprometidos con el ambiente. Conciudadanos que en su lucha por frenar la remoción de esos árboles añejos han sido agredidos, por lo que además de la pérdida de la biodiversidad urbana debemos lamentar este hecho de violencia.

Somos testigos de esta condenable destrucción del patrimonio arbóreo, paradójicamente, a horas de haber celebrado el Día Internacional de los Bosques, como cada 21 de marzo. Una fecha establecida para tomar conciencia sobre la importancia de preservar dichos ecosistemas. Los árboles en su conjunto son imprescindibles en el ámbito urbano. Además son el hábitat de numerosas especies de fauna silvestre y su conservación es clave en la lucha contra el cambio climático.

Al momento de asumir la gestión, el presidente Alberto Fernández nos puso al frente de esta política de Estado a través del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, que encabeza Juan Cabandié. En esta dirección, promovemos la articulación desde el Gabinete Nacional de Cambio Climático con todos los sectores y niveles de gobierno, a partir de una mirada transversal y federal.

Desde el Gobierno nacional intentamos generar una discusión sobre la necesidad de proteger los árboles, cuidar los bosques y no deforestar. Si algo ha demostrado la pandemia actual que nos atraviesa es la urgencia de repensar las cuestiones ambientales. Por más romántico que parezca, la naturaleza nos incorporó a los seres humanos hace millones de años; por ello tenemos que ser capaces de proyectar y plasmar ciudades con la naturaleza y las personas dentro.

La discusión de fondo es el modelo de desarrollo que queremos las y los paranaenses, y las y los entrerrianos y argentinos en general. La obra pública no está reñida con la protección del ambiente, pero supone discutir un camino de progreso diferente al actual. El propio papa Francisco nos habla en su encíclica Laudato si’ de la necesidad de redefinir el concepto de progreso, y esto vale también para la obra pública, que debe ser armónica con el cuidado de la naturaleza.

Estamos atravesando un cambio de época donde los temas ambientales son prioritarios en la agenda social y deben terminar de convertirse en asuntos de interés público en todos los niveles de gobierno. Sabemos que esto despierta tensiones, que son válidas ya que nos permiten evolucionar y genera que trabajemos en conjunto por proyectos mejores e ideas superadoras. De ser así, será muestra que vamos por un buen camino.

Ejemplo del buen camino a nivel regional fue la reciente incorporación del Acuerdo de Escazú, donde 24 países de América Latina y el Caribe acordamos protocolos para la protección del ambiente. Desde nuestro lugar, generamos desde las áreas técnicas proyectos superadores que contengan a la sociedad en su conjunto.

Quienes participamos de espacios de toma de decisión tenemos el desafío de pensar en ideas innovadoras que contemplen las diferentes miradas sobre el espacio público. Nadie discute la necesidad de producir o generar empleo, esa debe ser nuestra prioridad, pero debemos hacerlo de una manera diferente y no en desmedro del cuidado de nuestra casa común.

Si hay algo que las y los entrerrianos tenemos es la fuerza y la voluntad de hacer valer nuestras ideas en el marco del consenso. Siempre a la vanguardia de las luchas ambientales, las movilizaciones sociales y, sobre todo, empoderando al pueblo.

Como en el caso de Racedo, esta es la tensión que tenemos que resolver en pos del modelo de desarrollo por el que bregamos, con mucha responsabilidad desde la sociedad y aún más responsabilidad institucional, desde la política, en todos sus niveles gestión.

(*) Jefa de Gabinete del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Nación