Domingo 4 de abril del 2021

Escribe: Francisco Figueroa

A orillas del Carcarañá se ubica Pueblo Andino, una comuna a 40 km de Rosario y cuna de uno de los grandes artistas santafecinos de los últimos tiempos, Jorge Fandermole. Autor de composiciones que hoy ya son parte del cancionero popular como “Oración del remanso” y “Cuando”, integrante de la histórica “Trova Rosarina”, Fandermole lleva en su guitarra y en su voz el inconfundible sonido del río mezclado con las aves.

¿Influyó de algún modo tu infancia en Pueblo Andino a la hora de hacer música?
Sí, definitivamente; la experiencia vital es al fin lo que nutre cualquier expresión artística, y en lo personal, el hecho de haber tenido una infancia feliz y de mucha libertad en un pueblo, de un modo u otro, termina trasladándose a los lenguajes. En todo ese acervo está la llanura, el monte, el río y todo el territorio de juego y conocimiento que uno ha podido recorrer.

El río está muy presente a lo largo de todo tu repertorio ¿Qué importancia tiene a la hora de componer y en tu vida diaria?
Cualquiera de esas singularidades que configuran la fisonomía de un lugar, el llano, el mar, el río, la montaña, la selva, determinan el modo en que uno se vincula e interactúa con su ambiente, sobre todo si se ha tenido mucha experiencia de puertas afuera de su casa; como decía antes, eso termina en la palabra, en la luz o en la forma. El río es un marcador importante en la propia experiencia sólo si se lo conoce, si se ha estado inmerso en el agua, si se lo ha recorrido, navegado, si se lo ha visto manso o encrespado, en las bajantes y crecientes, si se ha perdido y encontrado algo allí. Afortunadamente todo eso me ocurrió en varios ríos como para sentirme del tipo fluvial.

Jorge Fandermole.

“El género folclórico fue mi puerta de ingreso a la canción”

Desde comienzos de los ’80, Jorge Fandermole forma parte de la legendaria “Trova Rosarina”, esa máquina inoxidable de hacer canciones que cada tanto aceita los caminos diversos de quienes la componen y vuelve a juntarse para deleite del público.

Da la impresión que en tu recorrido musical siempre te inclinaste más por lo “folclórico” o lo “autóctono”, que en lo eléctrico, como hicieron varios de tus compañeros iniciales en la música… ¿Tiene que ver con gustos musicales o simplemente fue un camino que se fue dando?

Hay mucho de azar en quien uno es, y por supuesto, en cómo piensa, cómo se educó, o qué influencias le tocaron. El género folclórico fue mi puerta de ingreso a la canción, del cual recibí las mayores influencias. Por otro lado recordemos que el folclore y el tango tienen no sólo una historia un poco más extensa que el rock en nuestro país, sino una anterior y muy fructífera asociación con la poesía; desde muy temprano fui muy permeable a esa gran poesía que allí sonaba. Pero no fue de ningún modo una influencia excluyente; por eso es que tengo un repertorio donde conviven tranquilas zambas y baladas, por ejemplo.

En una entrevista pasada explicaste que de algún modo la música “no debe dejar que las cosas queden como están, sino remover” ¿Qué obras te “remueven” o modifican?

Tal vez no sea estrictamente un deber o una ética del arte la emoción, la transformación, la remoción, la rebelión o la revolución; de lo que estoy seguro es que cuando una obra conmueve, algo se transforma en un individuo, en una comunidad o una sociedad, y que inevitablemente los elementos que configuran una crisis, de cualquier tipo, amorosa, existencial, social, emergen en los lenguajes, son inocultables; entonces es esa emergencia crítica lo que aclara, remueve, despierta, y puede generar cambios en las decisiones, en las acciones. Las letras de las canciones narran, reclaman, celebran o se lamentan, nos nutren, nos interpelan, nos educan. No todas, por eso hay cancionistas de toda laya; no todos somos capaces de escribir una canción como “Mediterráneo” (Serrat), o “El escaramujo” (Silvio Rodríguez). Todos los artistas que admiro me han transformado, y todos los buenos libros que he leído lo han hecho, desde los libros de poesía hasta los informes científicos.

¿Hay algún lugar de nuestro país (pueblo o ciudad) que te resulte especialmente emotivo para tocar? En caso de que sí, ¿por qué?

No, en principio siento mucha gratitud hacia la gente de todos los lugares donde he tocado, porque he tenido la suerte de ser siempre bien recibido y bien tratado. Nunca me tocó volverme disgustado por malos tratos o indiferencia. Como particularidad, reconozco sentir una cierta mayor responsabilidad cuando toco en Rosario, objetivamente infundada, pero que debe tener que ver con la condición de jugar de local. Debería ser al revés, ¿no?

También comentaste alguna vez que “por la guitarra llegan las voces de los demás para que uno consiga su propia voz…” ¿Crees que como artista ya encontraste la tuya o es algo que se va modificando constantemente? ¿Cómo la definirías en caso de que sí?

La guitarra siempre fue un portal por el que salir a buscar algo, incluso en épocas en que sólo cantaba, acompañado de un grupo de músicos, muchos años atrás. Como creo que, por más que haya cantado desde muy chico, siempre estuve más atraído por la composición de canciones, por ahí me he ocupado más en buscar esa identidad en lo creativo que en lo expresivo. De cualquier modo el tiempo va pasando y va dejando un sedimento que ojalá sea lo que sirve, porque estoy seguro que también se lleva lo más deseable.

Cuando dije aquello que “por la guitarra llegan las voces de los demás”, hacía referencia a ese abundante cancionero precedente, que tanto por las maravillas musicales y poéticas que suelen encontrarse, como por la expresividad de algunos intérpretes, nos fueron conduciendo hacia nuestro propio modo. Yo espero que esa voz se siga modificando hasta que se extinga porque entonces será fielmente el reflejo del mundo y de la propia vida y sus cambios.

Fander.

“La independencia fue sobre todo una necesidad”

De “Pájaros de fin de invierno” a “Fander”, último trabajo solista hasta el momento, pasaron siete discos en el medio: “Tierra, sangre y agua”, “Primer toque”, “Mitologías”, “Los trabajos y los días”, “Rosarinos”, “Navega” y “Pequeños mundos”. “Navega”, editado en el año 2002, fue el primer paso de Fandermole hacia la ´independencia´.

“Navega” marcó tu inicio como productor independiente… ¿qué “beneficios” te dio dicha decisión y qué dificultades encontraste en el camino?

La independencia en la producción discográfica, asociado a un sello de perfil artesanal como es “Shagrada Medra”, fue sobre todo una necesidad: la de tener control sobre los propios proyectos, tanto en el producto artístico como en los plazos y modalidades de desarrollo, control al que uno renuncia en el caso de los contratos con los sellos profesionales. Por otro lado no tenía ninguna propuesta de esos sellos, lo que implicaba o una gestión compleja y de incierto resultado, o arriesgarse a hacerlo uno mismo. No me arrepiento, porque manejé mis propios tiempos, posibilidades y necesidades, y definí hasta el último detalle de las producciones, que, aunque discretas en cuanto a números me dieron una enorme satisfacción artística; inclusive me permitieron ganar algunos premios que valoro mucho. Las dificultades fueron múltiples, pero nada que no se pudiera resolver.

Lo que no puedo dejar de mencionar es que estos proyectos no son posibles sin la ayuda generosa y la solidaridad de los amigos y compañeros músicos, técnicos, creativos de diseños y demás intervinientes que siempre se ponen al hombro los proyectos como si fueran propios.

¿Cómo fue el proceso de selección de canciones para “Fander”? Tanto de las inéditas como de las nuevas versiones.

“Fander” fue gestándose como un disco de canciones inéditas desde el 2008, pero las alternativas del trabajo y de la producción del propio disco hizo que se llegara a editar recién en 2014. Empecé a desechar canciones inéditas y se fue atrasando, hasta que surgió la idea de grabar canciones viejas, de ediciones perdidas, que de otra manera ya no serían escuchadas más por nadie y merecían salvarse, momentáneamente, del olvido. Por eso terminó siendo un disco doble. Por acumulación y descarte.

La Trova. Foto: Juan José García.

¿Cómo surgió la idea de reunir nuevamente a La Trova en 2019? ¿Qué significó para vos?

La reunión de la Trova comenzó a gestarse en 2018 gracias a una invitación de Juan Baglietto a participar juntos en un concierto a beneficio de “La Higuera”, la asociación que reúne médicos de Rosario que cumplen una tarea sanitaria increíble, principalmente atendiendo niños, en El Impenetrable en Chaco. Lo demás vino por añadidura y por entusiasmo.

Personalmente me sentí y me siento muy orgulloso y honrado por haber participado de este encuentro, -que no fue el primero, ya que durante los ’90 habíamos hecho un par de juntadas (todavía vivía Lalo de los Santos y de aquella reunión seguimos con Rosarinos)- y espero que podamos seguir haciendo algunos conciertos juntos cuando hayamos superado la pandemia. Este reencuentro, luego de un largo período de distanciamiento, nos vino muy bien a todos porque nos permitió advertir posibilidades que de otro modo nos habrían pasado inadvertidas: todavía podemos apasionarnos por el trabajo, comprometernos como equipo, ser tolerantes y discretos –ya que no hay otro modo de preparar un repertorio entre seis cantantes e instrumentistas solistas, una banda de apoyo más un equipo técnico de asistencia-; nos dio en fin a cada uno un poco de aire fresco.