Medios, Miedo.

Ni rejas, ni muros, ni pena de muerte, ni más policías; la mejor manera de combatir la inseguridad pareciera ser apagar la tele y mantener el mínimo contacto posible con los Medios Masivos de Difusión.
De repente y sin que nadie se los pida, la fauna mediática invadió mi hogar y me dijo como combatir la “sensación de inseguridad”. ¿Pero quién les dio permiso de meterse en mi vida a decirme lo que tengo que pensar y sentir? Por favor!!! Que escupan sus miserias y bronca en otro lado. No me interesa saber lo que Tinelli tenga para decir sobre el tema, que muestre culos en la tele y listo. Su rol es ese. ¿Y Susana Giménez, que toda la vida sorteó autos en su programa, además de estar inmiscuida en los oscuros negocios de sus ya incontables parejas? Mucho más bronca me da pensar en el extorsivo Jorge Rial, intachable ejemplo de moral y ética periodística, que amplifica las voces descarnadas y cuestiona las instituciones democráticas. No entiendo nada.
Y no entiendo nada porque la sociedad los erige a todos y cada uno de ellos como voces autorizadas y fieles reflectores de los pesares populares. ¿Por qué se les da más importancia a lo que ellos dicen que a lo que advierten José Pablo Feinman, Eduardo Galeano, o León Gieco, por mencionar algunos? ¿Por qué un discurso repercute más que el otro y tiene más espacio para desenvolverse? Los medios meten miedo.

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En un rapto de bronca y sensibilidad incuestionable, de la que cualquier mortal puede ser víctima bajo las circunstancias del caso, la mediática Susana Giménez eligió no bajar la temperatura, no llamarse a la mesura, no meditar sus palabras, no tomarse un par de días para opinar sabiendo que sus dichos agitarían las aguas, y gruñó: “Termínenla con los derechos humanos y esas estupideces. El que mata tiene que morir”. Después vinieron Tinelli, Romina Gaetani, Moria Casán, el “facha” Martell, Cacho Castaña, Mike Amigorena, etcétera y etcétera.
La conductora afincada seis meses al año en Miami se sintió muy dolida por la muerte de su colaborador, Gustavo Lanzavecchia, y puso en jaque el sistema judicial, pidió pena de muerte, la vuelta de la colimba (debatida en la intimidad, según expresó después, con el ilustrado Arturo Puig), el fin de los derechos humanos, y casi la reformulación de la sociedad democrática tal y cual la conocemos.
Lo que no dijo es que su empleado no fue asesinado en la calle mientras iba a trabajar, sino que lo mataron en una fiesta sexual en su casa, que le pagó a un taxi boy que era empleado de una agencia de seguridad privada, y que su caso no responde a las normas tradicionales de inseguridad. Nadie merece morir por querer enfiestarse, pero si metes un desconocido en tu casa la culpa no la tienen los derechos humanos.
En su programa de radio, Samuel “Chiche” Gelblung puso blanco sobre negro y en una muestra gratis de lo que son capaces los medios dijo: “El 90 % de la gente está a favor de la pena de muerte”. ¿Qué? Si yo me junto a comer con diez amigos le digo al señor periodista que el 100 % de la gente está en contra.
Dice Alfredo Eric Calcagno, para el periódico oficialista “El Argentino”: “Si una cadena de medios de comunicación quisiera dar una sensación de inseguridad, le bastaría con exhibir cinco asesinatos por día en la primera página, y a la semana el país tendría la sensación de que está en medio de una guerra abierta. Si los diarios de EE.UU. se propusieran hacer lo mismo, no les alcanzaría el lugar para cubrir los casi 50 homicidios que hay por día. Aun si lográramos bajar la tasa de homicidios hasta un nivel similar al de Suiza o Suecia, los medios de comunicación podrían seguir dando sensación de altísima inseguridad con una amplia cobertura a los dos o tres homicidios diarios”.
En este contexto, el diputado nacional de Solidaridad e Igualdad (SI), Emilio García Méndez, presentó un proyecto de comunicación en la Cámara Baja nacional en rechazo a las declaraciones de Susana Giménez. Se trató de un gesto administrativo y político que hace a las instituciones del sistema que vivimos. Alguno creerá que no es suficiente, pero es lo que hay. Ofuscado, el inmaculado dueño de la farándula local Jorge Rial, dijo que el legislador es “un tarado que se rasca los huevos” todo el año, que la sociedad debería saber quién es para echarlo a patadas en el culo, y amenazó con “rajarlo de la Cámara de un hondazo”. Una fiel muestra más del respeto y la altura de los medios que nos rodean. Esos que nos dicen quién mata y quién debe morir.

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