Mancha de Rolando: Rock Federal

Mancha de Rolando nació por propia necesidad en los años ‘90. De aquellos comienzos continúan Manuel y Franchie, son amigos desde el jardín de infantes. Son todos, los que se fueron y los que llegaron, originarios de la zona sur del conurbano bonaerense. Aún conservan esa mística barrial que los distingue por sobre el resto de las bandas.
Hace ya varios años, cuando estaban de gira por la Costa Atlántica conocieron a los hermanos Boudou e inmediatamente desarrollaron un profundo vínculo. Fue así que llegaron a tocar algunas canciones con Amado (antes Ministro de Economía y luego Vicepresidente de la Nación). Esto motivó críticas de todo tipo y color a los que la Mancha hizo frente sin demasiado problema.

En su crecer profesional no se conformaron con los clips tradicionales y fueron por más. “Hielofuego”, según cuenta el mananer Cristian Faga, “surgió de las ganas de documentar el paso de la banda por las provincias del país y reflejar así diferentes paisajes naturales”. Se trata de una ficción musicalizada por las canciones de su último disco “Los libres”.
Los muchachos de Mancha de Rolando nos recibieron en su sala de ensayo en el barrio de Sarandí, partido de Avellaneda. La entrevista transcurrió entre mates y granola, mientras ellos ensayaban los temas de su disco “Viaje”, que cumple 10 años por estos días. Ellos son: Gaby “El Turco” Lazzarini (bajo), Franchie Barreiro (guitarra), Aleco Willis (batería), Manuel Quieto (voz y guitarra) y Matías “Bebote” Sobrado (teclados).

MANCHA DE ROLANDO 1 COLOR - PH-CELESTE RIVEROS¿Cómo fueron los comienzos en la música?
Manuel Quieto (MQ): Fuimos estudiando pero de manera informal. El Bebote sí estudió en el Conservatorio, que es la escuela tradicional, como decir la Facultad de Derecho.
Gaby Lazzarini (GL): Un amigo mío se compró QuadroPhenia de los Who y lo escuchamos juntos. Escuché un sonido que después me di cuenta que era el bajo y dije: “Quiero tocar así”. Nunca lo logré [Risas]. Tenía 14 años.
MQ: Esa es la manera en que han aprendido muchos. Después vino la revista Cantarock, que por lo menos te decía el acorde. A los 12 años mi papá me regaló mi primera guitarra cuando terminé séptimo grado. Franchie y yo íbamos al mismo profesor, que por ahí no había estudiado pero como sabía un poco más que vos te podía orientar.
GL: Es lo que siempre digo: “Cierren los clubes de fútbol y abran salas de ensayo”. Basta de futbolistas, ¡pongan salas de ensayo, che!
MQ: Pero no cerrando los clubes…
Franchie Barreiro (FB): En 1991 ya habíamos escuchado todos los discos posibles, nos habíamos pasado todos los temas que nos gustaban y los habíamos cantado con una guitarra criolla. Así que lo que quedaba era hacer una banda, no teníamos más excusa, era ya demasiada la necesidad.
MQ: Era una necesidad real. El grupo se va rigiendo mucho por las necesidades del momento y en ese momento la necesidad era tocar. En otro fue saber tocar, en otro tener temas propios y así.

¿Y a qué edad se fueron de sus casas?
FB: Bastante tarde. Tipo 30 teníamos.

Grandes. ¿No es la contracara del rocker?
MQ: Te diría que al contrario. Una de las cosas básicas para poder tocar y bancarte la etapa amateur es vivir con tus padres y exprimirlos lo más posible para poder sostener una carrera que no te da nunca un rédito económico…, a no ser que seas uno de los elegidos que empiezan a vivir de la música. A nosotros, nuestros 10 años de under entre el ‘91 y el 2001 fueron a fuerza de exprimir a nuestros padres.
GL: Yo por ejemplo un día me puse a juntar botellas con un baterista que ahora es groso, groso, y toca en una banda increíble. Estuvimos dos semanas juntando botellas vacías para un tipo que fabricaba lavandina. Con lo que ganamos sacamos para unos parches y unas clavijas [Risas].

Actualmente en la banda quedan dos de la formación original, ¿no?
MQ: Sí, nos vamos sumando. Imaginate que este grupo tiene 23 años y pasan cosas. Uno de los integrantes, por ejemplo, un día emigró a Brasil en 1995 y no volvió más. Van pasando circunstancias en tantos años, como en los matrimonios.
FB: Nunca recurrimos a un aviso para buscar un nuevo integrante, siempre fueron los cercanos a nosotros. Nunca trajimos a alguien con quien no sabíamos que iba a pasar primero en la parte social de la relación. A Gaby lo sacamos de otra banda. Al Bebote también lo citamos nosotros pero era tan chico (tenía casi 19 años) que no tenía opción, pobre. Aleco llegó por el lado de Ricardo Soulé.

Hace muchos años tocaban en Parque Centenario los domingos. ¿Hay algo que extrañen de aquella época?
FB: Los recitales que hacemos actualmente son bastante parecidos a aquellos, aunque con otra técnica, con otro escenario, muchas más gente. Nosotros en un momento nos planteamos si tocar con tres bandas más y a las 4 de la mañana o bien ver cómo hacer para tocar a la tarde, que es un momento en que la gente está más predispuesta.
MQ: Es como una revelación, de las que nosotros llamamos “despertares”. Decís: “Hay que tomar este camino, porque este otro no te conduce a nada”. Nosotros vimos que ya no servía lo que hacíamos, que estaban todos en pedo, que estaban solamente los amigos, los familiares. Entonces pensás: “Estoy sometiendo a esta gente. Nosotros también estamos en pedo. No sonamos bien un carajo. Es todo un quilombo”. Y no da. Ahí empezamos a tocar en el Parque Centenario. Primero no conseguíamos que nos dieran la luz, después la conseguíamos a través de los artesanos pero venía alguien de la municipalidad y soldaba la tapa. Así que migrábamos dentro del mismo Parque hasta encontrar otra tapa sin soldar [Risas]. Hasta que nos tuvimos el “despertar” de tener un grupo electrógeno propio. Fijate los pasos que va dando un grupo.

¿Cómo viven ustedes el fanatismo del público argentino?
MQ: Con una gran satisfacción y alegría. Uno lo que busca es que lo que hacés trascienda. Es una gran muestra de afecto y significa que lo que uno hizo valió la pena. Y nunca es pena, es que valió el tiempo que uno invirtió en hacerlo. Es una característica hermosa del pueblo argentino. Por ahí sumada a otras nos puede hacer crecer mucho como Nación. Nosotros estamos haciendo incursiones en otros países, de a poco, y encontramos muy buena predisposición, pero eso también es gracias a los músicos argentinos que todos estos años anteriores han ido y han tocado bien, han gustado. Porque hay roles: están los pioneros como Ricardo Soulé o los Manal, los que se comieron los palazos, los cortes de pelo, cagarse de hambre. Nosotros encontramos el camino muy bien abonado y asfaltado, ya hecho una carretera donde es más fácil andar. Nuestro movimiento es como de postas: reconocer lo que hizo el anterior y ver cuándo vienen las nuevas generaciones. No te digo lo de saber retirarse a tiempo porque de acá no se baja nadie, porque es lo que te mantiene vivo. A nosotros nos decía Leopoldo Federicom con 87 años: “El único momento en que no me duele nada es cuando estoy tocando”.

La Mancha toca en todas la provincias argentinas…
FB: Desde que empezamos a tocar tratamos de hacerlo. El interior te da otro tipo de calor, es todo más permitido. Mientras acá te perseguían, en el interior quizás te aplaudía el comisario en la plaza. Ahora vos vas al interior y hay un montón de festivales. Vos tocás y antes tocaron cinco bandas del pueblo. Ahora pasa que en todas las fiestas populares, que cada pueblo tiene, le agregaron un día del rock y ahí tocan todos. La gente sabe que al menos una vez por año va a haber un escenario grande, con luces y buen sonido.

¿En qué lugar sintieron algo diferente, inmenso quizás?
MQ: Yo tengo un recuerdo importante en la Tribuna Antimperialista en La Habana, Cuba. Tocamos en un Festival en el 2009. La gente allá quizás no conoce el tema pero canta igual y fue impresionante. Las banderas, el Mar Caribe, la gente.
FB: Fue durante la crisis del campo.
MQ: Nos llegaban noticias desde Argentina: “Los camiones tiran la leche”. Y nosotros nos mirábamos y decíamos: “Pero que la traigan acá, los argentinos no saben lo que es el desabastecimiento”. En Argentina hay desabastecimiento porque vas a la góndola y no hay mollejas. El argentino es muy pasional pero también es medio boludo porque vota mal, se queja de cualquier buzón que le venden y a veces no valora las cosas que tiene. Y esto te lo digo de cara al 2015.

¿Cómo lo conocen a Boudou? ¿Dónde comienza esa amistad?
MQ: Tenemos una gran amistad que viene por sus hermanos. Ellos son de Mar del Plata. Amado era disk jockey en su juventud, en su más tierna edad, y sus hermanos siempre se mantuvieron dentro de lo que es el espectáculo. Su lugar de influencia era la Costa Atlántica y para nosotros también (junto con el Parque Centenario y Avellaneda). A la Costa íbamos los veranos con nuestros equipos a tocar en los balnearios, porque en uno de esos “despertares” habíamos descubierto que vendíamos 100 casetes y de esos iban cinco a La Pampa, tres a Tucumán, dos a Jujuy, cuatro a Córdoba y nosotros así nos ampliábamos. Era como ir sembrando una semillita por acá, otra por allá ¿viste? Por ahí llueve y crece. Por ahí nos llamaban desde alguna provincia para que fuéramos a tocar y nosotros íbamos. En una de esas incursiones por la Costa conocemos a los hermanos de Amado, que organizaban shows, y así nos hicimos amigos. De pronto apareció un joven Amado, a quien le gustaba la Mancha. Compartía con nosotros esa pasión por la música con el mismo carisma intacto que tiene ahora. Nosotros nos dimos cuenta en ese momento que era un buen tipo, él y su familia.

¿Discutían de política?

MQ: La verdad que no. Tocábamos la guitarra y nos pasaba lo mismo que nos pasa ahora cuando nos vemos. Son reuniones donde se come, se escucha música y después hablamos sobre, por ejemplo, el pedal nuevo y de pronto nos damos cuenta que pasaron siete horas así y nos vamos a dormir. Pasa que al otro día yo me levanto a las 12 pero él quizás tenga una reunión con Obama [Risas] y lo ves fresco en la tele. Ahí te das cuenta que hay gente que aparte de tener un carisma especial tiene una capacidad de trabajo muy fuerte. Ese es el momento en que de la amistad pasás a la admiración.

¿Cuándo se empezaron a mostrar políticamente activos?
MQ: Fue en 2010. Perdimos el miedo ese que tenemos muchos artistas de trasladar lo que hablás en la comida del domingo a la parte artística. Es un miedo tonto que radica en el concepto que si exponés tus ideas, los que piensen diferente no van a ir al recital, o no les va gustar el disco. Es esa cosa de mantenerse neutral. Era una cobardía, que ya superamos por uno de esos “despertares”. Nos dijimos: “Nosotros decimos lo que queremos, al que no le gusta tiene un abanico de bandas para ver”. Tampoco es una cuestión de gustar a cualquier precio.
FB: Yo me acuerdo el punto justo cuando dijimos: “Ma’, sí. No me importa nada”. Amado fue al programa de Nicolás Repetto, Sábado Bus, y nos comentó que él quizás llevaba una guitarra y que podíamos tocar ahí al costado para que él cantase. Y dijimos: “No. Armemos la banda, vayamos todos y toquemos ahí”.
MQ: Te diría que fuimos bastante punta de lanza con eso de dejar ver nuestra mirada política. Así recibimos los primeros piedrazos, que por supuesto no nos duelen. Los puteadores de internet nos han dedicado largos ratos. Hablo de esos culiblandos que están sentados atrás de una notebook y lo único que hacen es putear.

¿Y qué les pasó poco después, cuando veían que en el bunker del PRO cantaban “Arde la ciudad”?
MQ: Fue una sensación hermosa de una gran confusión general. Un gran estupor. Ahí comienza un momento muy lindo [Ironía] que es la lluvia de mensajes de familiares y gente incómoda. Hablando en serio, no te voy a decir que nos dio indignación porque indignación es perder la final del Mundial. Eso sí es indignación, lo otro es todo una risa. Son cosas de la existencia y tiene que ver con cosas de la música que uno no se planteaba en el ‘91 o ‘92 aprendiendo a tocar, o cuando estábamos en el Parque viendo si venía la policía para llevarnos o si nos alcanzaba la gorra para pagar el flete. Pero te cuento algo genial. Nosotros tenemos un muchacho amigo, amigo de la vida, de la noche, de la calle, que trabaja con Macri. Un día vino re contento y nos dijo: “Che, metí el tema”. ¡Y el tipo creyó que sumaba! [Risas].

Manuel, ¿cómo viviste la condena a los responsables de la desaparición de tu tío Roberto Quieto?
MQ: En la causa declararon mi madre y mis tíos. Fue un momento dramático recordar lo que pasó en 1975. Lo vivimos como una de las conquistas que se van dando en estos últimos años, las conquistas sociales, la justicia. La condena a tantos represores es más o menos lo mismo que una Asignación Universal por Hijo o un Pro.Cre.Auto. Son cosas que me dolería mucho perder por la clase media boluda, que por ahí se deja llevar de las narices, vota mal, te viene un Cavallo y ¡pum!, te sacan todo. Cada diez años te la embocan. El juicio lo vivimos con alegría, a pesar de la congoja que nos produce. Es algo duro, pero los chicos de HIJOS han abonado mucho el terreno para que todo esto siga.
Bebote: La gente de mi generación tiene la suerte de haber nacido con una cantidad de libertades que sabemos costaron mucho. Tal vez, como decía Manuel, no nos damos cuenta que las podemos perder por decisiones equivocadas. A mí me llena de orgullo ver que hay mucha gente que toma conciencia, que la juventud salga a la calle y que se juegue por sus ideas.

MANCHA DE ROLANDO 1 BYN - PH-CELESTE RIVEROS