El boxeo le permitió conocer todo. Vivió lo más alto y lo más bajo, conoció a los maestros del boxeo. Osvaldo Príncipi nació en 1956 en la ciudad de Mercedes. Con 42 años de carrera, es uno de los periodistas y a la vez relator más reconocidos en la Argentina. Trabajó en TyC, en la TV Pública y en varios medios gráficos, entre los que se destacan el diario La Nación y la revista Guantes (EE.UU.). Vivió en Estados Unidos y tiene decenas de coberturas por títulos del mundo en ese país. Tuvo la oportunidad de conocer a personajes que van desde Carlos Monzón hasta Maravilla Martínez. Alguna vez comentó que su lugar en el mundo son Las Vegas y declara estar muy conforme con el camino recorrido. En esta nota, habla de esa licuadora popular que es el boxeo.

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Contame un poco acerca de este camino tan largo que recorriste.

El presente y el pasado es un poco una ligadura de mi vida. A veces uno se pregunta si alcanzó o logró la meta… Cuando yo comencé con este sueño de periodismo deportivo volcado al boxeo, solamente al boxeo, si me hubiesen dicho que mi obra periodística iba a tocar los temas que finalmente tocó, “¿Estás conforme?”. Yo hubiese dicho: “Muy conforme”. Hoy es lo que tengo que responderte al comenzar esta nota. Estoy muy conforme porque el boxeo me permitió tener la suficiente capacidad para sobrevivir a las pensiones de Congreso en 1979 cuando yo vine a vivir a Buenos Aires, como para tener equilibrio y disfrutar de la inauguración del Hotel Mirage en Las Vegas o del Mandalay Bay en Atlantic City. Eso tiene el equilibrio de haber conocido lo más bajo para después tocar lo más alto y poder decir “Me lo gané”. A veces uno ve carreras meteóricas, que por ahí no valoran, ni se valoran a sí mismos por estar donde están, por ahí no les costó décadas llegar a donde llegaron. Lo mío fue un trabajo de décadas. A mí, cuando me preguntan sobre mi primera vez, más que recordar mi experiencia sexual recuerdo mi primera noticia leída. Yo debuté leyendo en enero de 1972 que Carlos Monzón se iba a pelear a Roma con Denny Moyer [Monzon ganó por KO5]. Estos 42 años de carrera los hice con la misma responsabilidad profesional que cuando cubría los entrenamientos de los boxeadores de Mercedes. Hay un rédito final que es saborear el esfuerzo. Son 42 años de carrera, cuidada, esforzada, de menos a más, de muy menos a muy más y todo eso me permitió un equilibrio de disciplina, responsabilidad y juicio, como para evaluar una pelea, la carrera de un boxeador, de un periodista, más allá del momento y del acontecimiento. Todo eso me dio mi carrera. Es un poco una síntesis.

 

¿Tu lugar en el mundo es Las Vegas? ¿Es verdad que si tuvieras mucha plata invertirías en un club nocturno ahi?

Ya no invertiría porque a los 57 años no se puede empezar una carrera de cero, lo lamento en el alma. Yo tuve oportunidad de quedarme a vivir en Las Vegas: no lo hice y no me equivoqué. Pero Las Vegas era una ciudad chiquita cuando fuimos por primera vez en el 85, tenía 120-150 mil habitantes. Tenía 10 o 12 casinos potentes y los otros chiquititos. Se dividía en Las Vegas nueva, que es la ciudad que hoy tiene los casinos y sedes de todas las peleas y Las Vegas vieja, donde estaba el hotel aquel del vaquero que marcaba con el pulgar extendido los avisos de los cigarrillos que veían en Argentina. En Las Vegas me siento local, me siento en mi hábitat y en las peleas me siento idóneo. Ahí me siento feliz, seguro, como en casa y en las peleas de título del mundo, me siento muy fuerte y muy joven. No es una ciudad donde salgo a la calle y todo es vicio, es droga, es prostitución, es alcohol. Es diversión, energía, espectáculo, hay lucimiento. Es estar rodeado de los escenarios donde en todos hubo un capítulo o parte de una historia pugilística, eso para mí es importantísimo. Es mi lugar porque es mi felicidad y después, sí, es noche, diversión, que también es parte del lugar en el mundo. Por otra parte, hoy miro alrededor y ya soy uno de los periodistas más viejos. Porque lamentablemente, y por una decantación sentida de retiros y muertes, uno va quedando como uno de los más veteranos cada vez que va ahí y cuesta encontrar un interlocutor válido para hacer trabajos históricos. Hoy uno trabaja sobre Pascual Pérez y Eduardo Lausse, me refiero a la década del 50, y cuesta encontrar un interlocutor válido.

Principi BYN PH Juan Cruz Keller 02(1) ¿Por qué decidiste no vivir en Las Vegas?

Lo decidí porque mi idea era vivir en Nueva York, en el año 1986. Tenía una propuesta para trabajar en el diario Noticias del Mundo, que es uno de los dos diarios hispanos de Nueva York. John Romero, el comentarista de HBO en español, tenía la revista Guantes y me había dado un trabajo de 400 dólares, que me ayudaba a tomar un poco de independencia. De a poquito me fui ubicando.

 

¿Cómo ves la situación del boxeo argentino a nivel mundial?

La eclosión que tuvo el boxeo argentino a nivel mundial fue primero por un relanzamiento a nivel local, porque Maidana y Maravilla Martínez se convirtieron en boxeadores tremendamente consumidos por la gente. El público que estaba en estado quejoso, ahora está eufórico y se fue metiendo de a poco en el boxeo. Como en los tiempos de Galíndez, de Monzón y de Nicolino. Lo que se vivió en las Vegas con esa victoria de Maravilla- Chávez, le dio nivel consumo y popularidad, un nivel superior a Monzón-Valdez. No alcanzó el ribete de importancia histórica, pero a nivel pasión sí lo superó. Lucas Mathysse que llegó con García, también se metió para formar un triángulo de comparación. Entonces, creo que este es un gran momento, que no hay que buscar lo que viene, lo que dejará. Los momentos, son el momento. El boxeo se vive por el momento. Este es un momento donde Argentina tiene un gran consumo por este triángulo de Mathysse, Maravilla (que se terminó) y Maidana. Los eventos vividos son excepcionales y corresponden a este tiempo.

 

¿Y a nivel local?

La industria del boxeo en la Argentina tiene un nivel excelente. Lectoure (Tito) decía que sin televisión nunca había gran boxeo. Hoy televisión sobra. Lo que falta es talento organizativo, falta el conocimiento del armado de un boxeador. Hay promotores, pero lo que cuesta es la idea de cómo con un boxeo tan dividido se arma un boxeador competente. Puedo tener un boxeador con un buen récord, pero le faltan las materias dadas. Madurez, experiencia, pruebas pasadas con boxeadores expertos, la prueba internacional en el momento justo y ponerlo en el mercado internacional ya formado. Les sobra el elemento formativo, pero falta el talento para formar al boxeador en el representante, el programador y el promotor. Hoy tengo boxeadores que son lanzados al mercado internacional y sacando las excepciones, falta ese elemento. Nunca hubo tres televisoras fuertes, a veces tenemos viernes en que las tres compiten a la misma hora. La industria está muy bien, pero falta el golpe de horno justo al boxeador. Ese es el punto a favor y el punto en contra. El boxeo tiene un punto positivo en general, porque encontró aceptación en la gente, en la aceptación del boxeo en las políticas deportivas, ya sea de municipio, de gobierno provincial o nacional. Algo que décadas atrás no pasó. Hoy el boxeo es un deporte más y eso lo ha favorecido. Hoy el boxeo participa en un juego Evita como cualquier otro deporte, hoy tiene su lugar en el Cenard y el boxeador comparte con la Leona donde come y duerme. Eso antes no lo tenía y esa integración a la larga se transforma en cantidad y esa cantidad en calidad.

 

¿Qué podrías decir acerca de la gente que practica boxeo? ¿Qué función viene a cumplir este deporte en la vida de esas personas?

El boxeo es una oportunidad de regeneración social maravillosa y está dada en un montón de factores. Primero, que el boxeo es un deporte de puertas abiertas, no hay exigencia para practicarlo, excepto la sanidad física. Ahí está la primera preocupación por el boxeador. Acá no se pregunta ni de dónde vengo, ni hacia dónde voy. Generalmente cuando hay pasados turbios se trata de investigarlos y comienza la preocupación de todo el entorno, para tratar de ayudarlo. Sería una función que debería cumplir el Estado, pero la cumple la gente del boxeo, a la que generalmente no le llegaba nada del Estado y ahora le empieza a llegar un poquito de algo, porque se integra el boxeo a los sistemas de enseñanza barrial. De esta manera el muchacho empieza a crecer. Porque el gimnasio de boxeo lo que tiene es un sistema equitativo de fuerzas. En donde el más fuerte le enseña y protege al más débil y el más veterano se convierte en la guía del principiante. Sin siquiera pensarlo, un día se puso en esa función. Porque eso es lo del boxeo. El que sabe más ayuda al que sabe menos. Esa transmisión, que es un legado, queda y el que no está dispuesto a llevarlo se va. Entonces poco importa si llega a campeón o no, pero todo ese tipo de lecciones se van dando en una conducta de vida. También por la higiene, por bañarse, por ir lo mejor que se pueda al gimnasio. El campeón que tiene sponsor va dando sus remeras y haciéndose de un altruismo que no tenía, porque era el hombre hosco que llegaba al gimnasio y no decía ni buen día. Se fue cultivando, educando. Esto crecerá a medida que vaya recibiendo aportes, tendrá un enriquecimiento superior al que se tiene. En el boxeo se trata con todos, desde pequeños que a los 12 años entraron al reformatorio, con chicos que cumplieron cárcel y volvieron, con muchachos que sueñan con ganar un peso, con los que sueñan ser campeones, con fiscales o jueces que están saltando la soga porque les gusta estar bien físicamente, con artistas, con vagos, con aprovechadores. Es una licuadora que se mezcla todo, pero el factor común es ayudar al que lo necesita. Por eso creo que el boxeo es una salida para aquel que lo sabe leer. Lo puede aprovechar y encontrar una escuela de vida.

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Hablemos de los maestros del boxeo.

Brusa representó a una generación de notables de entrenadores que apareció a fines de los 50 y subsistieron hasta que murieron. En los 70 ya se decía que no había maestros de los 40 y si leés la guía pugilística de los 40, decía que faltaban los maestros de la escuela europea del 20. Cambió la enseñanza del boxeo, porque cambió la técnica del boxeo. Hoy el boxeo es una fábrica más de peleadores que de boxeadores, más de atletas que de artistas y más de hombres máquinas que de puristas y estilistas del ring. Eso es mucho más fácil que lo otro y requiere de menos sabiduría para explicarlo y armarlo. Antes el boxeador defensivamente conocía todo, sabia esquivar, lucir en cuerdas, especular, sabía boxear defensivamente. Hoy creo que el deporte apunta a ser más físico que técnico, en cualquier disciplina. Por eso Mayweather enamora, porque tiene los movimientos plásticos de los boxeadores de los 40 o 50. Los peleadores todos van a ser parecidos, pero los boxeadores se extinguen. Por eso Mayweather es distinto a todos, por eso Roy Jones tiene casi 45 años y la gente quiere ver como saca la izquierda y mueve las piernas. Es muy difícil enseñar a boxear, hoy se preparan robots de ring. Por eso Narváez sobrevive con su boxeo y por eso Maravilla pudo adaptarlo, porque tienen la base, que es difícil de enseñar. Cambió la enseñanza, porque los hombres de hoy saben más de preparación atlética que de preparación boxística. Hoy el preparador físico tiene tanta valía como el entrenador.

Por Guido Schiappacasse