Entrevistan: Javier Wenger y Lucía Manusovich

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Alguna vez pensada como artista trans, hoy Karen Bennett prefiere escaparse de las etiquetas y nos deja pensando en los rótulos identitarios, en los roles de género y en un sistema que enjaula. A Karen Bennett la encontramos siempre por fuera, caminando en los pasillos, bajo el cielo de la desobediencia. Guitarrista virtuosa, compositora, activista y militante de los derechos de las personas trans a nivel nacional e internacional, Bennett nos despliega su mirada crítica acerca del paradigma heteronormativo, binario y machista. La entrevista se dio días antes de la ansiada pero sorpresiva implementación del artículo 11 de la Ley de Identidad de Género. Si bien esta ley se sancionó en mayo de 2012, restaba reglamentar el acceso a las cirugías y a los tratamientos hormonales. Bennett, sin embargo, vaticinaba un futuro no muy alentador con respecto a la reglamentación de la ley. Un pronóstico coherente con su autodefinición: “Soy bastante pesimista con respecto a nuestra especie”. En una mañana de “No nos queda otra” (AM 740), en la columna “Tres tetas”, nos subimos a su voz grave y rasposa, recién amanecida, y nos dejamos entusiasmar por la idea de que “todo ser humano es potencialmente trans desde que se considera una persona única e irrepetible”.


¿Quién es Karen Bennett?
Karen Bennett es un ser humano. Y la única etiqueta que le corresponde a ese ser humano es Karen Bennett. Yo estoy en una instancia en la que todas las demás etiquetas no me sirven, no me representan. Es un ser humano que se dedica a ser, y que se dio cuenta a determinada edad que quiere hacer lo que le gusta y dejó de cuestionarse un montón de cosas. Obviamente, existe un recorrido de cuestionamientos identitarios que en su momento tuve y ya no los tengo más. Creo que la mejor forma de definirme es que soy un ser humano más en el mundo. Encontré mi lugar y hago lo que me gusta.

¿Cuál es tu recorrido con la música? ¿Es machista el mundo del rock?
En realidad, el mundo machista está en todos lados. En el rock hay sectores muy machistas, desde ya, pero también los tenés en el tango o en el folklore y te diría que son mucho peores. El rock es un lugar en donde tener otra voz, otra estética, es más viable que en otros estilos, más fácil, sin que deje de estar el machismo vigente. Pero volviendo a tu pregunta, yo empecé desde muy chica con la música, como a los diez años. Estudié guitarra, formé mis bandas, después aprendí de forma más académica y formal, y hoy tengo mi carrera solista. Todo ese devenir son más o menos 35 años.

¿Cómo interpela al público tu identidad de género?
De miles de formas. Porque yo tengo una identidad bastante extraña y bastante única (hoy lo festejo), incluso dentro del colectivo. Las identidades trans no escapan a las trans-normas. Lo que pasa afuera del colectivo es otra historia. Ya directamente mi presencia genera un montón de situaciones que sería muy largo de describir en tan poco tiempo. Ustedes se pueden imaginar que si yo toco en un restaurante como “El viejo buzón”, que es un lugar donde está la familia cenando y es gente de club, y aparezco con un short de lentejuelas, hasta que la gente festeja lo que estoy haciendo hay un proceso que dura unos cuantos minutos y contra el cual tengo que remar. Pero también adentro del colectivo tengo algunas distancias con muchas cuestiones. ¿Por qué? Porque adentro del colectivo la necesidad de elevar tu autoestima como persona no normativa necesita mucha compañía. En mi caso yo no tengo tetas, no modulo mi voz… En un sector del colectivo, todas esas cosas no son tan bien recibidas.

karen_bennett_PH_Nacho Miyashiro_4_BAJAweb¿Cuáles serían los desafíos en relación al arte que se tienen que dar para lograr la famosa transformación cultural que, como sabemos, va por detrás de los cambios legales?
Es una buena pregunta. Alguna vez escuché decir a Spinetta que cuando éramos chicos creíamos que el arte iba a cambiar el mundo y la verdad es que el arte no cambia absolutamente nada. Yo creo que acá lo que se necesita con la Ley de Identidad de Género es la reglamentación de los artículos, lo cual, para serte muy sincera no lo veo tan rápido. Yo creo que la ley es maravillosa en su redacción, no quiero que se confunda, me parece de total vanguardia. La Ley de Identidad de Género argentina es una tablet en la Edad Media. Vamos a hablar en criollo, el pueblo no está ni remotamente enterado de que hay una Ley de Identidad de Género, ni siquiera hay una recepción con respecto a lo que son las identidades trans. Vos con sólo mirar la televisión te das cuenta el tratamiento que se le da. Y tengo la certeza de que la ley pasó porque no fue debatida previamente a su sanción. Si se hubiese debatido antes de sancionarla no sé si estaría vigente. Por lo tanto, yo creo que el trabajo para la Ley de Identidad de Género está en otros fueros mucho más que en el arte. Las artistas y los artistas trans o LGBTI o no normativos tenemos ya de por sí, con nuestra sola presencia, un trabajo que está hecho. Yo voy a seguir haciendo lo que hago, voy a seguir gritando lo que estoy gritando. Ahora, si no reglamentamos el artículo 11, si no pasamos de la Ley de Identidad de Género como una mera herramienta registral para sacar el DNI y después “No sé, fijate, hacete cargo”, la cosa no va a cambiar.

¿En qué consiste tu militancia desde la ONG GATE?
La ONG se llama GATE (“Global Action for Trans Equality”) y yo trabajo como asistente. Si bien tiene una base, una oficina en Argentina, GATE no opera acá porque nuestro país tiene una Ley de Identidad de Género y tiene funcionarios y funcionarias del Estado trabajando con respecto a lo que tiene que ver con la temática de la diversidad, palabra que mucho no me gusta. Nuestra organización trabaja en tres ámbitos. Por un lado, trabajamos en obtener financiamiento para organizaciones trans regionales en otros países que están en situaciones mucho más complicadas como, por ejemplo, determinadas zonas de África y latinoamericanas. También abordamos el tema de la despatologización de las identidades trans en la niñez y en la clasificación internacional de enfermedades de la Organización Mundial de la Salud. Y por último, trabajamos el tema de VIH específicamente trans. Es una organización que trabaja concretamente temáticas trans porque las personas trans generalmente somos habladas por otros sectores del activismo, especialmente el gay lésbico. A nivel mundial no tenemos una voz propia. Esta organización internacional es la primera con voz propia de personas trans. Es importantísimo aclarar que el director, y para mí uno de los activistas intersex más importantes del mundo, es Mauro Cabral.

Recién ponías un acento en el término “diversidad”. ¿Podrías ampliar esta mirada?
Sí. De hecho ya escribí en el suplemento SOY [de Página/12], hace un añito aproximadamente, sobre este tema. Si la quieren leer la nota se llama “La transfobia en el cisplacard”. La diversidad para mí es una etiqueta que se le pone desde la heteronorma, desde el cis-sistema, a todo aquello que no entra dentro de su sistema. Es decir, el ser humano, la naturaleza, son diversos, no hay por qué ponerle un rótulo de diversidad. Cuando vos tenés que ponerle un rótulo de diversidad es porque hegemónicamente está pasando otra cosa. A mí no me gusta describir a una persona como “diversa” porque si la describo así es que yo no lo estoy siendo y si yo no estoy siendo diversa, ¿qué soy? Es una palabra que mucho no me gusta. Habría que desmenuzarla un poco antes de usarla y ver qué estamos diciendo cuando decimos diversidad. Ojo, no hay una intención de acusar a nadie. Tenemos que definir quiénes somos frente a un sistema que no nos quiere. Entonces, la palabra diversidad no deja de ser una especie de escudo con el cual nos movemos. A mí me molesta mucho cuando se está usando del otro lado. Que nosotres nos consideramos diverses me parece genial porque estamos diciendo “no pertenecemos a ustedes”. Pero cuando yo escucho en la televisión que Rial dice “la diversidad”… si vos estás hablando de la diversidad, ¿vos qué sos? A mí la palabra que me encanta y que más me define es la disidencia.

karen_bennett_PH_Nacho Miyashiro_1_BAJAwebVos hablabas de desobediencia también, ¿no?
Para mí los seres humanos no somos ni gays, ni lesbianas, ni trans. Las personas son obedientes o desobedientes. Todas las etiquetas que se ponen, se ponen desde un sistema que necesita rotularnos para definir qué es lo que quieren que se haga y qué es lo que no quieren que se haga. Entonces, la heterosexualidad, la homosexualidad, la transexualidad, la pansexualidad y todos esos rótulos están bien, pueden ser rótulos válidos, pero tienen jerarquías que están atrás y no me gustan esas jerarquías. A mí me gusta ser ante todo disidente al sistema que a mí me quiere imponer estos rótulos.

Ya que nos metimos con términos muy utilizados pero que a veces no dicen nada o son eufemismos, me atrevo a preguntarte, ¿qué es para vos el término “género”?
Excelente pregunta. También es un invento cultural. Porque de hecho, fijate que todas las cuestiones de género sepultaron por completo a nuestra esencia que es la de ser humano. Cuando vos querés hablar de una buena persona, no decís es una buena persona, decís “es un buen tipo” o “es una buena mina”. El género lo que hace es ayudar a esa categorización que este sistema necesita para subsistir dentro de una lógica de producción y consumo para dividir a las personas entre hombres y mujeres. No está mal sentirse hombre, sentirse mujer, el problema es cuando se genitaliza esa identidad. Debería ser algo que podamos elegir, como también, elegir no ser absolutamente ninguna de esas dos categorías extremas, estar en el territorio del gris. Si eso se aplicara no necesitaríamos la palabra género porque cada persona sería única e irrepetible.

¿Qué pensás del femicidio como categoría? ¿Es heteronormativo?
Totalmente. Vamos a aclarar. Me parece un espanto, totalmente condenable toda esta cuestión de la violencia hacia la mujer. Ahora, el rótulo de femicidio por supuesto que existe, pero existe porque hay un modelo hegemónico heterosexual. Entonces, este sistema construye este tipo de vínculos violentos.

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¿Esa categoría deja de lado a las personas trans que son asesinadas?
Las chicas trans golpeadas o asesinadas no dejan de estar dentro de un modelo totalmente heterosexista. En general, conviven con varones que manejan su trabajo sexual. El concepto de violencia de género, por lo menos para mí, es un espantoso daño colateral del sistema en el que vivimos, que es un sistema heteronormativo, patriarcal. Por supuesto que todo lo que este sistema va a parir va para ese lado.

¿Qué visión de futuro tenés en cuanto al cambio de paradigma? Es decir, ¿vamos hacia un cambio en este heterosexismo al que vos te referís?
Soy bastante pesimista con respecto a nuestra especie en líneas generales. No con respecto a mi vida porque yo trato de vivir y pasarla bien en un mundo de estiércol. Yo veo cambios y creo que voy a ver cambios menores, hablamos a corto plazo. Lo que ocurra de acá a 150 años es algo que tampoco me va a interesar demasiado porque no voy a estar. Soy brutalmente honesta. Ahora, yo no creo que la inclusión trans sea algo deseado por el sistema porque destrozaría el modelo familiar con el cual se subsiste. Es decir, en la desesperación con que se crea a las mujeres y a los varones en su nacimiento (no pueden decidir sino que son genitalizados), una persona trans lo que hace es destruir por completo esa intención. Entonces, yo no tengo mucha fe en que las personas trans tengamos real inclusión dentro de este sistema salvo que nos visibilicemos en forma masiva, porque todo ser humano es potencialmente trans desde que se considera una persona única e irrepetible. Cuándo será que nos animemos todas y todos, mejor dicho, todes, a decir “yo soy yo y no soy lo que vos querés que yo sea”. Y no estoy hablando de género acá, estoy hablando en todo sentido. Por eso yo digo que soy disidente. Porque a mí no me gusta que el sistema me imponga una sola etiqueta. Dejame las etiquetas ahí y yo en todo caso me las elijo. Yo no soy ni hombre ni mujer, para mí son dos categorías que en la actualidad están en dos extremos y si yo me definiera como hombre o como mujer no me gusta lo que me espera, lo que la sociedad quiere de mí para que yo corresponda a esos rótulos. Son como dos jaulas que tienen su televisor, tienen sus comodidades, están dentro del sistema. A mí me gusta caminar por el pasillo, porque no tiene techo. Es como ser una especie de ciruja. Lo que me espera en esas jaulas no me gusta.


“La Ley de Identidad de Género argentina es una tablet en la Edad Media.”

“Las personas trans generalmente somos habladas por otros sectores del activismo, especialmente el gay lésbico.”

“La diversidad para mí es una etiqueta que se le pone desde la heteronorma, desde el cis-sistema, a todo aquello que no entra dentro de su sistema.”

“Los seres humanos no somos ni gays, ni lesbianas, ni trans. Las personas son obedientes o desobedientes.”

“El concepto de violencia de género es un espantoso daño colateral del sistema en el que vivimos, que es un sistema heteronormativo, patriarcal.”

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