Otro abusador absuelto: el caso Feliciana Bilat

Los Miembros del TOC 17 de la Capital que ayer absolvieron a Nicolás Belardi, por el presunto abuso de su propia hija, emitieron un comunicado que en forma magistral pone en evidencia el discurso omnipotente de quiénes en el nombre de la ley, afilan la soberbia del patriarcado.
En tiempos como éstos en donde las pantallas afirman la especularidad de los cuerpos y la sexualidad tiende a socavarse en la espectacularidad del consumo, es preciso detener los relojes de la verborragia judicial. Les propongo que capturen este momento: los señores jueces del tribunal salen en defensa de un fiscal cuyo mayor mérito fue el de eludir la función que le correspondía (investigar) y faltar a la posición ética esperable (los derechos del niño).
Así es como estos señores dioses, expulsan su miseria de mortales: «No podemos más que sentirnos muy indignados por la circunstancia de que tanto el señor Fiscal General, Juan José Ghirimoldi, como los suscriptos y algunos empleados del Tribunal 17, nos hayamos visto sometidos a vituperaciones, amenazas y expresiones de violencia», dice la nota en referencia a la numerosa protesta protagonizada ayer por Feliciana Bilat tras conocer la «esperable» decisión de absolver a Belardi. Es llamativo cómo los señores jueces se expresan ante dicha expresión de repudio al: «alertar acerca de un fenómeno que pone en evidencia, con singular crudeza, nuestra endeble cultura democrática caracterizada por ciertos rasgos autoritarios que se materializan en una absoluta falta de respeto a la decisión de unos magistrados». Lo que en criollo quiere decir que no estar de acuerdo con la decisión de los jueces y expresar el descontento correspondiente es autoritario e irrespetuoso y grafica la falta de cultura democrática que tenemos los que pensamos distinto a ellos, o sea, a Dios. Es válido preguntarse, ¿qué hay de los rasgos autoritarios y omnipotentes que expresan ellos mismos a través de este discurso? ¿acaso no se enteraron que Dios ha muerto?

bilatLo que sigue es brillante ya que reafirma la posición sobrenatural en la que creen imbricado a su cuerpo: «Las 20 o 25 personas que desaforadamente cuestionaron el veredicto dictado, así como algunos medios de comunicación se empeñaron en afirmar dogmáticamente que tanto el Fiscal como los jueces éramos encubridores o cómplices de abusadores y pedófilos», y sigue, «Aquellas gritando, pintando calles y valiéndose de amenazas; mientras que los segundos replicaban en sus zócalos televisivos lo que la querellante sostenía; aún cuando unos y otros ni siquiera han asistido a una sola de las 4 o 5 audiencias que conformaron el juicio oral y público -a excepción de la denunciante y su madre», añadieron. Mientras una madre y muchas más, han sido violentadas una y otra vez por las catedrales de la justicia, ellos se empeñan en empuñar la virgen que creen, entona sus propias palabras. Y, concluyen: «No repudiamos el legítimo derecho de los sectores vulnerables (y los casos en que se alegan supuestos de niños abusados, vaya si lo son!) por la saludable actitud de reclamar justicia».
La violencia que sufren madres como Feliciana Bilat y el daño irreparable que ello conlleva, no está descripto en el Código Penal. Como afirma Eva Giberti: «allí solamente se acumulan pruebas que los adultos se ocupan de tergiversar o esconder». El oculto SAP (Síndrome de Alienación Parental) se ha convertido en la biblia de algunos magistrados que si bien se suben a sus propias palabras como si fueran vestíbulos celestiales y creen brindar desde allí la omnipotente oración de la democracia, quedan muy expuestos cuando actúan desde la certeza de que «La madre contaminó el discurso, le llenó la cabeza a la nena para hacerle creer que la abusaron sexualmente y vengarse así de su ex pareja”. Es curioso como la justicia entiende que los niños son títeres o pequeñas almas maliciosas que nos quieren dominar. Ellos, que tienen el saber y tienen la palabra del dios vivo, pueden asegurar cuándo una denuncia de una madre desesperada es falsa, cuentan con todas las de la ley, para poner en evidencia esas pruebas y articular un fallo de absolución. Lo realmente sorprendente es que con tanta capacidad divina a su disposición, estos señores no estén en condiciones de explicar los innumerables signos de abuso que traen las pequeñas víctimas, al extremo tal de inventarles una psiquis que ningún laboratorio de psicología de estos tiempos, podría considerar cierto.
Que «la madre está loca» porque acusa al progenitor de haber abusado de su hijo, quiere decir que «sufre de despecho», que ha sido enajenada por un diabólico fantasma histérico-perverso que le ha otorgado la certeza de que es preferible arruinarle la vida a sus hijos/as que aceptar que su ex pareja, la abandonó. Semejante despliegue de taciturnos argumentos, sólo podrían provenir de alguien como Richard Gardner, un psiquiatra pedófilo estadounidense que se ha convertido en la bestia pop de estos masculinos jueces y juezas que tanto miedo le tienen a su propia sombra. Richard Gardner, el nuevo evangelio del magistrado patriarcal, afirma en sus investigaciones, que la iniciación sexual intra-familiar es una actitud saludable.
El síndrome de alienación parental, abecedario de la ecuación niño abusado + padre abusador = madre loca, y máxima prueba argumentativa del Cuerpo Médico Forense y la fiscalía de Ghrimoldi, ¿es suficiente razón para pensar en que estos semi-dioses actuaron como «encubridores o cómplices de abusadores y pedófilos»? Seguramente que no, probablemente, como afirman estos señores, todo sea parte consecuente de «la endeblez democrática» de madres locas y putas. Contracara de la inmaculada virgen de la concepción judicial.