Acerca del respeto humano

Hace poco me mandó una solicitud de amistad un desconocido. Ante mis típicos cuestionamientos acerca de por qué me agregaba al Facebook si no me conocía, y de por qué yo debería aceptar su solicitud de amistad, me contestó que simplemente le había gustado mi foto de perfil, porque en ella no estoy mostrando el culo ni las tetas. Me dijo algo así como que yo me merecía su respeto por no ser como las otras “putitas”… Pero lo que para él era un halago enorme dirigido a muy pocas personas en el mundo, y que debería ser tomado como un signo de triunfo, para mí fue un terrible insulto: en medio de ese “halago” se podía leer con toda claridad que si yo en cualquier momento decidiera mostrar mi cuerpo, automáticamente perdería su respeto, y pasaría a ser una “putita” más. Así de lineal es la lógica humana, así de efímero es el respeto entre dos personas.

En realidad, la principal razón por la que no muestro el culo ni las tetas en internet es que no tengo buen culo ni buenas tetas; la naturaleza no me dotó con esos genes. Yo nací con genes de “persona respetable”, de dama a la que se puede hablar mirándola a los ojos y no al escote. Es como con las gallinas: están las “gallinas ponedoras” (aquellas que ponen los mejores huevos) y están las “doble pechuga” (las más recomendables para consumir su carne). Y también pasa lo mismo con los toros, con los caballos, con los perros, con las ovejas que dan distintos tipos de lana. Pasa lo mismo hasta con las papas. Cada especie animal o vegetal es cuidadosamente catalogada y comercializada de distintas formas, de acuerdo al uso que le den los humanos. Eso depende de los genes con los que cada una de ellas haya nacido, e incluso se la puede modificar genéticamente de ser necesario.

¿Y las mujeres? Bueno, las mujeres también somos mamíferos diseñados estratégicamente para el consumo humano, es decir, para el consumo de los hombres. Así lo quiso Dios, que creó a Eva por encargo de Adán.

Algunas mujeres nacimos para ser respetadas, y eso implica que hay ciertas palabras que no se nos puede decir, y ciertas prácticas sexuales que no se nos debe pedir, para no ofendernos. Tampoco se nos puede violentar o matar. Hay hombres que hasta pueden llegar a amarnos.

Algunas mujeres fuimos creadas para la reproducción (de lo contrario, la raza humana ya no existiría). Somos las famosas “madres de sus hijos”, o sea, de los hijos de los hombres. Y también sabemos limpiar, cocinar, lavar, planchar… La humanidad nos debe realmente mucho.
Algunas mujeres somos simples “putitas”. Por suerte, a nosotras sí se nos puede decir cosas en la calle, se nos puede tocar aunque les digamos que no, se nos puede violar y hacer muchas cosas más. Además, funcionamos bastante bien en la cama. Cuando alguna de nosotras es asesinada, la noticia sale en todos los diarios y se habla en todas partes, porque es súper entretenido charlar acerca de cómo se vestía, qué cosas le gustaba hacer, dónde vivía, si estudiaba o no, si estaba buena o no. Sin las “putitas”, el mundo sería demasiado aburrido.
Y después están las prostitutas. Ésas son las más importantes, porque gracias a ellas es que los hombres (mediante una módica suma de dinero) pueden realizar todas esas prácticas sexuales que con las mujeres respetables no se puede. Con las putitas se puede, pero el problema de las putitas es que siempre hablan demasiadas boludeces y los hombres no siempre tienen ganas de escuchar boludeces. Con las madres de sus hijos obviamente no se puede, porque ellas están demasiado ocupadas limpiando, cocinando, lavando, planchando y criando a los chicos, entonces no tienen tiempo. Además, ya están gordas.
Gracias a las prostitutas, los hombres siguen estando satisfechos, y así las mujeres respetables podemos seguir siendo respetables. Gracias a ellas es que existe el amor, porque cómo un hombre va a amar a una mujer que no es digna de su respeto. Cuando una prostituta es golpeada o asesinada eso no sale en los medios, porque la gracia está justamente en hacer de cuenta que ellas no existen. Ellas están para que la sociedad siga funcionando como hasta ahora, pero ese plan solamente funciona si no las vemos. Sobre todo las mujeres respetables no debemos saber nunca que ellas también existen.
¿Y qué pasaría si las “mujeres respetables” admitiéramos que a nosotras también nos gusta el sexo? ¿Si las “madres de sus hijos” no quisiéramos tener más hijos, o estuviéramos cansadas de limpiar? ¿Si las “putitas” exigiéramos que no se nos ponga una mano encima sin nuestro consentimiento? ¿Si las prostitutas decidieran hablar, y decir que ellas no son “las otras” sino “nosotras”, como cualquier otra mujer? Eso sería el caos. Eso sería faltar a las leyes de Dios, que por algo es El Señor y por algo creó a las gallinas “ponedoras” y a las “doble pechuga”.

Por Chaia Winter