“No es un momento para una sola línea, es un momento para la pluralidad”

Juan Manuel Abal Medina tiene 47 años y es Senador Nacional por el Frente para la Victoria. Lleva el nombre de su papá, quien fue Secretario General del Movimiento Peronista entre 1972 y 1974. El compromiso de su padre, y de otros integrantes de la familia, hizo que desde chico entendiera a la política como una forma de vida que se manifiesta a través de la militancia. Es Investigador del CONICET y Doctor en Ciencia Política. En 2011 fue nombrado Jefe de Gabinete de Ministros de la Nación y también formó parte de UNASUR.

Juan Manuel recibió a HAMARTIA en su despacho en el Senado en donde tuvimos una charla reflexiva en la que explicó, en parte, las “multi” causas de la derrota electoral y dejó entrever que, a partir de ahora, el peronismo debe fortalecerse como espacio más allá de las muchas diferencias que existan.


¿Por qué creés que el Frente para la Victoria (FpV) perdió la provincia de Buenos Aires?

Nunca las derrotas son monocausales. Siempre fui enemigo de buscar chivos expiatorios. Creo que los resultados siempre tienen muchas explicaciones y son colectivos. Cuando uno pierde, perdimos todos. Perdió el conjunto de los militantes de la provincia y fue un resultado muy malo para el conjunto del país. Causas hay un montón. Para mí fue desacertado hacer una primaria. Nunca en la historia, el peronismo había definido con una interna el candidato a gobernador de la provincia, jamás.

Por otra parte, los otros compañeros tampoco fueron demasiado cuidadosos con las palabras y los conceptos. Una causa que no vimos en ese momento y que nos confundió mucho, fue no darnos cuenta de que había dos candidatos peronistas: Felipe Solá, quien saco casi el 20% de los votos, que fue dos veces gobernador de la provincia de Buenos Aires y que cuando se fue de la provincia fue encabezando nuestra lista de diputados nacionales. Uno, muchas veces cree que el conjunto de la gente sigue el día a día de la política. Yo creo que nos confundimos en ese sentido y menospreciamos ese tema.

Pensaron que no iba a tener la relevancia que tuvo…

Claro. Y que, cuando uno está en determinado lugar, siempre tiende a sobreestimar el peso del aparato. La gente cada vez vota más lo que piensa, lo que cree, lo que siente. Mucho más abierto de lo que era hace años atrás y hay una sobreestimación de estas cuestiones que nos llevó a pensar que se ganaba caminando. Y todo el mundo actuó como si se ganara caminando y, la verdad, es que no se ganó caminando, en realidad se perdió.

Aníbal Fernández no hizo demasiada campaña, seguía mucho en su rol de jefe de gabinete. El rol (yo lo conozco) es un papel muy difícil para conseguir popularidad porque uno está ahí para defender todas las políticas de gobierno. Obviamente, la vergonzosa operación que le hicieron también impactó. Fue un conjunto de causas.

¿Y en Nación?

Lo mismo. Es un conjunto de causas con un resultado que no fue tan malo como se esperaba. La verdad que ese día, por lo que circulaba, por las encuestas, uno pensaba que iba a perder incluso por más votos. Pero bueno, se perdió y como toda derrota siempre es enormemente dolorosa y difícil. Más por ser la primera vez en la historia argentina que alguien que representa los sectores sociales que representa Macri llega a la presidencia por el voto de la gente.

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 Se habló mucho de cómo militó o no militó La Cámpora estas elecciones. ¿Creés que fue así o que es algo que se instaló?

 Yo sí creo que muchos grupos daban por hecho que Scioli ganaba, como que se desentendieron de la campaña o no les gustaba alguna cosa. Como también te digo del sciolismo que se dedicó a repartirse los ministerios y estaban más preocupados por qué cargos ocupaba cada uno que en hacer campaña. Yo creo que hubo una irresponsabilidad colectiva. Todo el mundo pensaba que al 40% se llegaba, que Macri no podía ganar nunca. El único miedo que había era Massa, Fue una gran irresponsabilidad histórica.

¿Cuál es la situación hoy del FpV en las dos Cámaras?

En diputados vamos a tener un bloque importante pero seremos la primera minoría. Ellos tampoco llegarán por su lado a tener una mayoría así que será un espacio de discusión. A diferencia de eso, en el Senado nosotros salimos fortalecidos. Ganamos prácticamente en todas las provincias que se competía para este cargo, con lo cual tenemos un bloque de 42, bastante cerca de los 2/3. Lo que nos pone en una posición muy fuerte pero también muy complicada. Porque lo que hagamos o dejemos de hacer define qué pasa. Entonces, va a haber una discusión profunda sobre cada medida que se tome. Tuvimos la reunión del bloque que fue muy buena, muy sincera y muy política en la que reelegimos a Miguel Pichetto como presidente del bloque, consciente de la tarea que se viene en adelante para el peronismo. Fuera del Senado, el peronismo queda en una posición que nunca vivió en la historia. En el año ’83, se ganó Santa Fe, ahora no. No tenemos ninguna de las provincias grandes. A partir del 10 de diciembre, vamos a gobernar prácticamente el 23% de los argentinos. Lo mínimo en toda la historia desde que el peronismo existe y hay democracia. Con lo cual, el único espacio institucional fuerte es el Senado que va a tener una enorme responsabilidad histórica en ese sentido y que va a requerir mucha discusión y mucho trabajo. Tenemos una doble responsabilidad: cuidar la gobernabilidad de los argentinos, porque si no votamos nada no se va a poder gobernar y, junto con eso, la enorme responsabilidad de ser los garantes del 48,5% que votaron por un conjunto de derechos y obligaciones, que son los que nos constituyen como espacio político.

¿Creés que ahora sí hay un país dividido ideológicamente?

Cuando uno pierde una elección, obviamente son los errores propios los que cuentan pero también son los aciertos de los otros. Y el gran acierto que ellos tuvieron fue que definieron muy inteligentemente ubicarse más cerca nuestro. Lo que es bueno para nosotros, en parte. Es malo en términos electorales, pero en términos políticos es bueno. Porque para ganar, este sector no pudo decir lo que hubieran dicho hace dos o tres años. Tuvo que empezar a apropiarse y acercarse en un conjunto de cuestiones, hablando de YPF, de AUH, de Futbol para Todos, etc. temas que hasta hace poquito no mencionaban. Tuvieron esa inteligencia que les sirvió para ganar la elección pero que los condiciona en su ejercicio político. No hay una mitad de la Argentina que votó al Estado y otra que votó al mercado. Macri, para ganar la elección, tuvo que hablar muy bien del Estado y de un conjunto de políticas y va a tener que hacerse cargo.

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En la última sesión en Diputados donde se votaron 91 leyes quedó expuesto, al menos en términos mediáticos, cierta tensión interna en el bloque del FpV, ¿qué nos podes decir respecto a esto?

Yo no quiero hablar de lo que ocurre en la otra cámara porque no me corresponde. Lo que yo digo es en general para el conjunto de nuestra fuerza política porque hace falta tener mucha sensatez y madurez. Si nos sumergimos en un proceso de autocrítica brutal, de buscar culpables, etc., ahí estamos haciéndole el juego al enemigo. Si hacemos esas cosas no estamos ni contribuyendo a la gobernabilidad, en primer lugar, ni estamos cuidando a las 12 millones de personas que nos votaron a nosotros. Nuestra principal responsabilidad es, obviamente, hacernos todas las críticas y autocriticas que sean necesarias, pero hacerlas con mucho cuidado. Cuidando a los compañeros, sin exagerar, sin herir al otro.

Héctor Recalde queda como presidente del bloque del FpV en Diputados ¿De quién fue la decisión de que esto sea así?

No del FpV como partido político. Es una discusión más de nuestro bloque de diputados. Obviamente, la opinión de la presidenta es importante, sin duda. Pero también responde a que ese consenso está para quien sea el candidato. Héctor Recalde, me parece que va a representar, casi personalmente digamos, la defensa de los derechos de los trabajadores.

Hay una gran disputa por la conducción del PJ. En este marco, ¿Cristina va a asumir un rol fuerte y protagónico?

No. Ella lo dijo claro. Nunca la quiso tener, ni cuando era presidenta. Me acuerdo de haberlo discutido con ella para que asumiera la presidencia del partido hace tres años, ya en ese momento me dijo que no. Ahora nos lo volvió a refrendar. No lo va a hacer, pero igualmente va a ser una opinión tremendamente importante en este tema.

¿Cómo creés que el macrismo llevará adelante su agenda con tantas contradicciones?

No sé cómo desarrollará eso, es una incógnita. Como siempre, uno tiene que esperar que sea lo mejor para todos los argentinos. Porque lo que aprendimos, tristemente, y nos lo recordó Cristina en la reunión, es que cuando a la Argentina le va mal, nos va mal a todos. Cuando le fue mal a un gobierno, terminamos en el 2001. Terminamos en la peor crisis económica y social y eso es gente que acabó en la miseria, que perdió el trabajo, que perdió el futuro. Esperemos que le vaya lo mejor posible y esperemos que pueda gobernar lo más cercano a lo que dijo que iba a hacer, que era que se iban a cambiar algunas cosas pero que iba a mantener estas cuestiones centrales.

Se aprobó la Ley 27.210 de Asistencia Legal Gratuita para víctimas de violencia de género. ¿Cómo lo viviste?

Muy bien. Yo había sacado algunas otras leyes desde que asumí pero esa fue una ley, me atrevo a decir, colectiva. Porque, en realidad, se me ocurrió cuando estuve en la marcha del “Ni Una Menos”, a la que fui con algunos de mis asesores y estando ahí pensé: “Yo soy un senador, está bien que este acá y me saque la fotito, pero algo más debería hacer”. Entonces me junté con ellos, empezamos a charlar ideas, a convocar especialistas. Fue un proyecto que tuvo rápidamente el apoyo de todos los bloques en el Senado, esto tengo que decirlo, que fue acompañado por la actual vicepresidenta de la Nación Gabriela Michetti, Rubén Giustiniani del socialismo, los radicales, el peronismo federal, etc. Pasó por todas las comisiones consiguiendo mucho apoyo y se votó por unanimidad en el recinto. Me pone muy contento porque ayudará a salvar vidas y tendrá un gran impacto.

¿Cómo te cayó la continuidad de Lino Barañao?

Es la ratificación de una política que venimos llevando adelante. Una política que como pocas tiene tan claramente el sello de Cristina, porque ella creó el Ministerio. Esto demuestra de parte de ellos reconocer que hemos hechos cosas bien.

Hubo un fenómeno muy interesante que se dio en las redes sociales y en las calles a partir del 25 de octubre con una militancia inorgánica como protagonista ¿Cómo viviste esto?

Me encantó. La verdad, es que en ese momento la dirigencia tradicional, por llamarlo de alguna manera, estaba todavía anonadada y no sabía qué hacer. Desde el primer día en que un científico puso el cartelito en la puerta de su casa de que no quería lavar platos y lo pegó ahí, hasta el sábado siguiente que fueron las maravillosas plazas y el Obelisco, la militancia estuvo muy por delante de los dirigentes. Yo estuve con ustedes en el parque Chacabuco y uno notaba la fuerza, las ganas. Fue una cosa muy linda en términos de construcción colectiva, de entendernos como un proyecto político que lo que vale en sí mismo es eso, el colectivo que fuimos generando. Si bien no logramos ser la mayoría en esta elección, eso no quita que la fuerza está, el espíritu está y que los valores que defendemos son tan válidos como antes de la elección. Son tan válidos que para ganarnos tuvieron que, de alguna manera, agarrarlos.

¿Y respecto a lo que sigue ahora, inmediatamente?

Debemos cuidarnos mucho para lo que viene. Hacernos todas la autocríticas que hagan falta pero hacerlas con un espíritu sano, positivo. Trabajar en que todo lo que hemos construido vale, que nuestros militantes valen, que nuestros dirigentes valen y que cada uno tendrá que ocupar el lugar que le corresponde. Tenemos que cuidar lo que construimos. Lo peor que podemos hacer es un proceso de disolución interna, que unos se vayan para un lado y otro para el otro. Y para la etapa que viene, hay que pensar mucho en clave de ese gran amigo, compañero y jefe que tuve: Néstor Kirchner, quien dijo: “Que florezcan mil flores”. No es un momento para una sola línea, es un momento para la pluralidad, para la diversidad, para que pueda florecer todo. Un poco con ese espíritu que tanto nos enseñaba Néstor, enemigo siempre de la única verdad.

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