MAMÍFERA: Maternidad, animalidad y cultura.

Escribe: Sofía Picca

Entrevista con Sol Bonelli y Alejandra D´Agostino autoras de “Mamífera”

En tiempos en donde nuestro país abre juego al debate sobre el aborto, la cuestión tan política de los cuerpos y la maternidad en la mujer no deja de exigirnos miradas cada vez más comprometidas y disruptivas.

En diálogo con Sol Bonelli y Alejandra D´Agostino nos adentramos en el mundo de “Mamífera», pieza teatral que pone en escena el choque entre la experiencia corporal, sensitiva y afectiva que trae la llegada de un hijx en contraposición con un mundo que adjudica el hogar, el cuidado y el amor incondicional a lo más profundo del ser de lo femenino.


 – Desde el título de la obra Mamífera abre el juego para ver la tensión que existe entre la animalidad y los mandatos culturales que encara cualquier mujer a la hora de ser madre  ¿cómo decidieron plantearlo en la obra?
S.B. Creo que desde el título se alude a esa naturaleza que está muy olvidada en la cultura de hoy, que un poco reniega de esa necesidad primigenia que tenemos como animales mamíferos básicamente de cercanía con nuestra cría. En nuestra cultura, desde el momento cero del nacimiento se viola esa necesidad. En todas las instituciones, salvo contadas excepciones, a las madres se le llevan los hijos por default y sin necesidad real. Porque medir, pesar, etc se puede hacer tranquilamente después. No hace falta que recién salidos de la panza numericen a lxs hijxs. Es un síntoma de la ideología para mí, y eso se trata de exponer en la obra. Cómo ese vínculo de amor y necesidad es todo el tiempo pisoteado, menos preciado…pero al final y al cabo ¿Qué somos sino mamíferxs negándonos nuestra naturaleza en pos de un mecanismo de nacimineto despersonalizado y de hecho muy violento? ¿Qué somos sino mamíferas intentando dar la teta en un mundo al que parece molestarle nuestra entrega? Creo que este cruce entre las necesidades antropológicas ligadas a lo que llamaríamos “animalidad” está en conflicto todo el tiempo en la obra con una ideología capitalista, hiper-reproductiva e individualista que nos rodea.

A.D. El germen de Mamífera surge en el puerperio de mi primer hijo, haber vivenciado plenamente ese estado, me llevó a hacerme una serie de preguntas que dieron pie a la obra. El título surgió de manera natural, y desde el momento que lo pensé, ¡me encantó! Sentí que era una síntesis perfecta de lo que habla la obra. Esa animalidad “Mamífera”, atravesada por la sociedad, que pretende llamarnos “Mami”, el patriarcado enquistado que preferiría que pasemos por el puerperio en puntitas de pie, y si así no lo hiciéramos, dejarnos fuera, dándonos la espalda. Pero maternar plenamente, nos empodera. Y plenamente no significa abnegada, dejando de lado el deseo personal.

¿Creen que gran parte de la presión ejercida surge de la idea tan extendida acerca del Instinto Maternal?

S.B. El instinto maternal, si es que existe, creo que está sobre valorado. No podemos depositar en él (o sea en las madres) la responsabilidad de criar a les hijes solas. Una cosa son las hormonas que funcionan (y no siempre de igual manera en cada madre) y otra cosa es la soledad y orfandad (en términos de políticas públicas, por ejemplo) en la que nos encontramos las madres a la hora de parir y criar a nuestres hijes. En “¿Dónde está mi tribu?”, el libro de Carolina del Olmo que leí mientras escribía “Mamífera”, se menciona algo hermoso. Un proverbio africano que dice que para criar un hijo, hace falta toda una tribu. Ese tejido social que sostenía la crianza cooperativa desde el inicio de nuestra especie se fue desgarrando desde la revolución insdutrial hasta hoy, dice la autora, que es antropóloga, por lo que no podemos pensar que una mujer- madre con su instinto pueda suplir la falta de contención social que con la instalación de una ideología individualista se instaló en nuestra cultura e organización social.

 – ¿Utilizaron experiencias personales para el relato?
A.D. Algunas sí, otras no. Sentíamos que teníamos que contar la historia de otra mujer, de lo que le sucede a la mayoría. Yo por mi parte, tuve una experiencia de nacimiento hermosa, fui acompañada con amor y respeto, el nacimiento de mi hijo fue sagrado e íntimo, como lo deseaba. Lo realicé en una institución que tiene sólo el 6% de cesáreas, que son realmente necesarias para salvar vidas. Pero lo común es que en hospitales se ejerza entre el 65% y 80% de cesáreas, entonces sentía que mi historia era un privilegio, y sentí que mi misión como artista era dar voz a esa otra realidad.  En cuanto al tironeo interno, de esa contradicción que se genera entre trabajo y maternidad, no sé si alguien zafa… cómo volver cuando tu bebé está hasta el sexto mes de vida, sólo alimentándose de leche materna, es un malabar difícil de sobre llevar. Y la sociedad en la que vivimos, las leyes que lejos están de ampararnos, no apoyar ni contienen esa situación, no nos alcanza. Hay que decirlo. Las leyes sobre los derechos de maternar y paternar, están obsoletas.

En ese sentido, también tuve la suerte de poder contar otra historia, ya que mi trabajo free lance, como artista, no me obligaba a “volver a la empresa” o perder el trabajo, pero el trabajo no estaba, y el dinero tampoco, y durante 24hs atendiendo a un pequeño que dependía de absoluto cuidado… ese trabajo invisibilizado al que sólo se llama “amor” pero es trabajo al fin, y del más demandante. En ese sentido, sí hay una identificación con el personaje,  esa soledad profunda, esa falta de comprensión por el entorno, por mi parte busqué tribu en cuanto pude… pero es una tarea difícil en una ciudad tan grande. A veces estás lejos de las mujeres amigas que maternan a la par. Dar luz a esa soledad también fue uno de los motores de creación de la obra.

S.B. Particularmente, el relato de la cesárea que es la primear escena, es una confluencia de mi experiencia con las dos cesáreas que tuve. Es un relato que pude escribir muchos años después de tener a mis dos hijos. La escribí en sincronicidad de dos cosas: El llamado de Ale para que escribamos un unipersonal sobre la maternidad. Y los encuentros que estabamos haciendo junto a otras dramaturgas que habían sido madres recientes donde mientras les hijes jugaban o baboseaban o tomaban teta, nosotras hablabamos de crianza y poníamos consignas de escritura sobre maternidad que nos atravesaba. Yo era una madre “vieja” porque mis hijos ya no eran bebes, tenían tres y cuatro. Pero yo jamás había escrito nada porque tal era el dolor que me había atravesado por esa experiencia que me costaba ponerla en palabras, pero escribir “Mamífera” me ayudó a un poco a sanar y haciendo las funciones, cada vez corroboramos que el tema de la violencia obstétrica está en todas. Las cesáreas y las de parto vaginal. Cada función al finalizar alguna mujer se nos acerca y nos cuenta tristes experiencias, aterradoras algunas. Creo que es sanador sacar a la luz porque eso de que “es el momento más feliz de tu vida” es un chip que hace mucho daño.

Hay una escena en la cual la madre relata como quemaría con rayos a aquellos que creen tener el derecho de opinar sobre la maternidad y como ejercerla ¿podemos concebir llevar adelante la crianza de lxs niñxs sin una mirada que nos determine constantemente?
S.B. Antes la sabiduría se comunicaba. Hoy, eso quedo como en mano de los profesionales. Y cada unx tiene su librito. Siento que las madres son muy desoídas y desautorizadas desde el momento cero. Embarazada te tocan la panza, sin siquiera preguntar. Amamantando te miran mal, te opinan hasta cuándo deberías…o sea, ¿Quién les preguntó? La opinión en la crianza es proporcionalmente inderecta a la acción que lleva a cabo la sociedad. Opinan pero se lavan las manos. Pretenden que deposites a tu hijo lo más lejos de ti a los pocos meses de nacidx. Eso es obvio si mirás la legislación de un país. Y las leyes marcan tendencias sociales. Cómo puedo yo fomentar la lactancia materna pero a los tres meses exigir una vuelta a un trabajo que no tiene ni lactario, ni una guardería. Eso parece como “de avanzada”, pero es básico si pensas en que las madres trabajadoras somos miles. Y sin embargo se cumple en pocas empresas. En hospitales estatales, se de médicas, irónicamente pediátras, que están tan precarizadas que ni cobran los tres meses legales de licencia. Son monotributistas entonces, vuelven si o sí a los tres meses porque ¿quién se banca no cobrar tres o más meses en este país? Y si no volvés, te echan…O sea, está muy claro por donde viene el problema. ¡Y hablamos en este caso de una institución que depende del estado!

–  “Buena madre”, “Incondicionalidad”, “Super-mamá”, ¿Qué piensan sobre estos términos?
S.B. Habría que ver qué se entiende por cada uno. Ser buena madre es como, estar muy presente ¿no? Entonces ahí te exigen renuncia al trabajo, o a tu carrera porque las reglas del mercado son despiadadas en términos de horarios por ejemplo. Entonces ¿cómo se puede laburar ocho horas en una oficina y estar presente? Entonces ahí aparece su opuesto para mí que es ser “super mamá”. La que trabaja, es sexualmente atractiva y activa, hace la tarea y está presente en cada evento de sus hijes y sin embargo es líder en una empresa. Ese personaje no existe sin pagar un alto precio. Emocional, físico y mental. Y con horas extras de trabajo. De hecho según estadísticas, las mujeres trabajamos en los hogares promedio tres horas más por día que los hombres. Aseguro que si aparece en algún lado, las super mama o es falsa o le está por estallar el cerebro. Creo que la cultura de desigualdad de género descansa mucho en el concepto de las “super mamás” y un poco nos exige serlo porque así, puede seguir su régimen productivo, sin molestarse en cambiar su estructura de explotación en la desigualdad. Pero las super mamás en verdad, son mujeres de carne y hueso que hacen un esfuerzo descomunal para encajar en el tetris cotidiano de madre, mujer, trabajadora. Todas, en todas las clases podemos sentir la tensión crecer cuando somos madres.

Más allá de querer que mis hijos cuenten conmigo siempre. También yo quiero poder contar conmigo. Sobre todo porque creo en la libertad, más allá de la entrega. Y si yo soy libre de cumplir mis deseos (sean cuales sean) mis hijos también aprenderán eso. A ser libres. No creo en esa madre abnegada que pospuso su vida por sus hijos, porque no quiero reclamarles nada ni que ellos carguen con mis frustraciones (aunque Serrat asegure que pasa igual). Creo que traer un hijo es una responsabilidad y por eso debe ser elegido, desde ya. Y acompañado por todo el tejido social y político, porque en el fondo, estamos hablando de cómo nace y se cría una sociedad…


FICHA TÉCNICA ARTÍSTICA
Dramaturgia: Sol Bonelli, Alejandra D’Agostino
Actúan: Alejandra D’Agostino
Diseño de vestuario:Lucia Castellani
Diseño de escenografía: Lucia Castellani
Diseño de luces: Paula Fraga
Diseño De Sonido: Nacho Sánchez
Fotografía: Ana Laura Devanna
Ilustrador: Pedro Mauvecin
Diseño gráfico: Pedro Mauvecin
Asesoramiento artístico: Alejandro Schiappacasse
Producción: Pablo Lopez
Dirección: Sol Bonelli
Duración: 60 minutos

MÁS INFORMACIÓN
Jueves – 20:30 hs
EL CAMARÍN DE LAS MUSAS
Mario Bravo 960 (mapa)
Capital Federal – Buenos Aires – Argentina
Reservas: 4862-0655

Nuestro país abre juego al debate sobre el aborto, la cuestión tan política de los cuerpos y la maternidad en la mujer no deja de exigirnos miradas cada vez más comprometidas y disruptivas. En diálogo con Sol Bonelli y Alejandra D´Agostino nos adentramos en el mundo de “Mamífera"