Escribe: Álvaro Erices

Entrevista al histórico militante peronista Lorenzo Pepe, secretario general del Instituto Nacional Juan Domingo Perón. Durante su vida experimentó los más importantes sucesos del movimiento obrero argentino. Fue integrante del Comité Central Confederal de la CGT en 1953 y vicepresidente de la Unión Ferroviaria en 1963. A partir de 1983 ejerció como diputado nacional durante dos décadas. A 51 años del Cordobazo nos compartió su mirada como miembro fundador de la mítica CGT de los Argentinos y ahondó en debates de la época en los que Agustín Tosco, José Ignacio Rucci y Raimundo Ongaro sembraron perspectivas que aún hoy siguen vivas en el imaginario político y militante del país.

Lorenzo Pepe.

¿Por qué hablar con Lorenzo Pepe acerca del contexto histórico y militante en que se dio el histórico Cordobazo de 1969? Una posible respuesta es que su tradición política y filosófica es la que más se emparenta con la de Néstor Kirchner y la de éste con la que pertenece a la mítica CGT de los Argentinos. Es decir, ese peronismo resiliente que es capaz de saltar la tranquera y persuadir a otras identidades en favor de un objetivo fundamental: ganar la lucha por la Justicia Social sin distinciones de origen o de procedencia; gesta tremendamente patriótica, grande, sanmartiniana y rosista. Es esta misma noción abierta de la política la que posibilitó que Raimundo Ongaro se llevara tan bien tácticamente con Agustín Tosco, aunque éste último no se reconociera peronista. Solo tenían diferencias de enfoque, pero los puntos fundamentales de la liberación de la patria eran exactamente los mismos.

La organización que lideraba Agustín Tosco estaba adherida a la Federación de Luz y Fuerza y ésta pertenecía al seno de la Confederación General del Trabajo. Hoy esta amplitud mental la vemos en la Corriente Federal de Trabajadores, espacio en el que confluyen varias organizaciones sindicales y que es impulsada por Héctor “Gringo” Amichetti, trabajador gráfico de origen peronista, y por Sergio Palazzo, trabajador bancario de origen radical.

Agustín Tosco

Hablar de política con Lorenzo Pepe es una experiencia única. Da la sensación de estar hablando al mismo tiempo con miles de compañeros y compañeras que literalmente dieron la vida por Perón. En su corazón, que aún late con el fuego de la militancia peronista, están Raimundo Ongaro, Amado Olmos, Ricardo Carpani, Luis Natalini, Sebastián Borro, Atilio López, Ricardo Obregón Cano, Julio Guillán, Alfredo Ferraresi, Jorge Di Pascuale, Ricardo de Luca, entre otrxs.

Lorenzo Pepe es un militante que ha pasado por todos los estadíos posibles del mayor movimiento popular latinoamericano moderno: el peronismo. A sus 21 años, allá por 1952 realizó el servicio militar en el Liceo Militar General San Martín que fue el mismo lugar en el que tiempo antes Juan Domingo Perón hizo sus cuatro años como cadete. Su padre fue un militante socialista transversal que dejó el socialismo para adherir al peronismo al igual que el Dr. Enrique Dickmann: un compañero que rompió con Juan B. Justo para crear el Partido Socialista de la Revolución Nacional, espacio fiel a Perón.

Lorenzo Pepe y Perón.

Una mención especial merece el amor profundo que manifiesta cuando recuerda a Perla, el amor de su vida. -Yo siempre creí y le pedía inclusive al ser Supremo que me llevara a mí -manifiesta Lorenzo Pepe. ¿Es el amor el fundamento de toda acción militante? En las páginas iniciales de su anecdotario “A buril y martillo, testimonio de una vida militante”, editado por Punto de Encuentro, UPCN Seccional Buenos Aires y la editorial Pueblo Heredero creada por la Asociación de Amigos del Instituto Nacional Juan Domingo Perón, se pueden leer las sentidas líneas dedicadas a su compañera de vida.

Peronista desde muy joven, vivió intervenciones, despidos, allanamientos y encarcelamientos. Fue vicepresidente de la Unión Ferroviaria y manifiesta haber tenido el gusto de proponer a Raimundo Ongaro como secretario general de la CGT de los Argentinos en el Congreso Normalizador Amado Olmos de 1968. Desde 1983 y durante veinte años tuvo una prolífica actividad legislativa en el Congreso de la Nación: fue artífice de la ley que dio origen a la Universidad Tres de Febrero y también es autor de la legislación sobre Malvinas -medalla, diploma y pensión de guerra-. Actualmente se desempeña como presidente del Instituto Nacional Juan Domingo Perón de Estudios e Investigaciones, Históricas, Sociales y Políticas.

Lorenzo Pepe y Jauretche.

El período histórico desencadenado a partir de derrocamiento de Juan Domingo Perón en 1955, pasando por la década de los sesenta y hasta principios de los años setenta, se caracterizó por la múltiple ebullición de reclamos populares a nivel nacional y por ser una época de expresión del movimiento obrero organizado en respuesta al proceso de desmantelamiento del entramado técnico e industrial logrado en los años del gobierno peronista. El Programa de La Falda de 1957, el Programa de Huerta Grande de 1962, la CGT de los Argentinos y el Programa del 1° de Mayo de 1968; el Correntinazo, el primer Rosariazo, el Salteñazo, el primer Cordobazo, el Tucumanazo, el Cipolletazo, entre otros hechos de 1969; o el Rawsonazo, el Mendozazo, el Trelewazo, por nombrar algunas puebladas de 1972, demostraron lo que pasa cuando se aplican políticas antinacionales de ajuste y desempleo, además de vedar por la fuerza a los pueblos de su destino final: la liberación nacional y social.

Ongaro y Tosco.

El Cordobazo fue quizás el hecho más álgido sucedido en esa época y el que posibilitó la caída posterior del dictador Juan Carlos Onganía. Si bien el paro fue coordinado originalmente por la CGT ongarista y la CGT vandorista para el 30 de mayo, la CGT de Córdoba audazmente lo adelantó al 29 de mayo para realizarlo durante dos días con marchas en la ciudad. No será olvidado jamás el asesinato del trabajador de SMATA Máximo Mena a consecuencia de un balazo en el corazón en las primeras horas de la revuelta, al igual que la recordada muerte de Santiago Pampillón, joven trabajador de IKA-Renault, estudiante y militante de la Federación Universitaria de Córdoba, tres años antes.

En esta pandemia del coronavirus las organizaciones libres del pueblo han comprendido que las diferencias o matices que pudiese haber entre ellas son mínimas respecto de la enorme desigualdad, el hambre y la real exposición al contagio que se vive en los barrios populares. Es por esto que la experiencia del Cordobazo refuerza la idea de que la unidad del pueblo argentino es la mayor fuerza que poseemos para vencer cualquier dificultad hasta lograr la verdadera independencia.

¿Cómo viviste la política en los años sesenta y setenta?

La viví intensamente, era un hombre muy joven. La viví junto con centenares de compañeros, sobre todo militantes del movimiento obrero y del movimiento social. A esto quiero agregar que el peronismo no bajó nunca los brazos desde el mismo día en que el propio Juan Domingo Perón fue desalojado del gobierno. Nunca. Algunas veces con mayor intensidad y en otras oportunidades por razones hasta de preservación física no quedaba otra que aminorar el avance.

¿Había mucha represión?

Las represiones eran muy fuertes, muy duras, había muchos allanamientos, mucha cárcel. Durante el lapso que me tocó vivir en el combate cotidiano, y con esto me refiero a la acción de la militancia en la calle, contribuimos a producir el mayor conato contra la dictadura militar, que era muy dura y absolutamente indiferente a las protestas de los trabajadores.

¿Podrías comentarnos algo que hayas vivido en relación a la represión?

Mi hogar fue allanado en tres o cuatro oportunidades, en la mayoría de los casos yo no estaba y la que se arrancaba era mi compañera, que ha partido de esta tierra, pero la sigo guardando en mi corazón como la esposa y la militante que fue. Después apareció Claudio y se complicó un poco vivir ese contexto con un hijo recién nacido. Tendría un año y medio, estaba durmiendo en su cuna, y lo sacaron para ver si había armas debajo del colchón. En la época que lo matan a Augusto Vandor, nosotros ya habíamos creado la CGT de los Argentinos y la primera intención de la dictadura fue hacernos responsables a nosotros cuando realmente nada de eso había pasado por la mente de ninguno de los militantes obreros y mucho menos de los que dirigíamos la CGT de los Argentinos.

¿En qué estabas al momento de ocurrido el Cordobazo?

Formaba parte de la comisión que suplía a la comisión que dirigía Raimundo Ongaro en caso de que cayera preso, cosa que ocurrió no bien llegó a Córdoba ese día. Entre ellos estaban Ricardo de Luca, Julio Guillán y otros compañeros muy importantes como Alfredo Ferraresi, padre de Jorge, el muchacho que ahora es intendente de Avellaneda.

¿Qué significa el Cordobazo para vos?

El Cordobazo fue una gesta histórica e inolvidable que se llevó a cabo en el momento oportuno y ayudó al derrumbe definitivo de la figura de ese sátrapa que fue Juan Carlos Onganía. Cojonudamente, porque los compañeros pelearon con lo que tenían en la mano, desde hojas de guadañas hasta piedras mientras el ejército reprimía produciendo la muerte de varios.

¿Cuál es tu opinión sobre Agustín Tosco?

De Agustín Tosco tengo un enorme recuerdo de respeto y de alta consideración, fue muy franco. Hoy lleva su nombre una de las avenidas de circunvalación más importantes de Córdoba. Tiene un reconocimiento en su propia provincia y con eso en la sociedad argentina. Fue un combativo dirigente sindical y social. De primera línea. Además, un intelectual. Muy parecido con Raimundo Ongaro, quien tenía muchas pinceladas intelectuales, podía abordar muchos temas que el resto de los compañeros no podíamos o no los sabíamos, así que pudo ser siempre faro frente a tanta tiniebla.

¿Tuviste algún diálogo con Agustín Tosco que nos puedas compartir?

Con Agustín Tosco fuimos a hablar junto con Ricardo de Luca y Julio Guillán en búsqueda de la unidad del movimiento obrero en Córdoba. Nos envió Raimundo Ongaro. Agustín pretendía ser el secretario general de la CGT Córdoba y nosotros queríamos que fuese un peronista. Entonces le fuimos a plantear que estábamos dispuestos a acordar, a hacer una coordinadora con la gente que conseguía él. Estábamos dispuestos a deponer alguna actitud si era necesario. Y él nos contestó de una manera caballeresca y que me quedó muy grabado, dijo: -Si el peronismo está dispuesto a dar la pelea contra la dictadura yo no voy a pretender ser secretario general.

¿Y quién quedó como secretario general de la CGT Córdoba?

Miguel Ángel Correa, un compañero secretario general maderero que no era de los más duros. Sin embargo, se tradujo en un león. Qué cosa, ¿no? Muchas veces el cargo impulsa a los hombres y mujeres a tener que cambiar. Miguel Ángel no era muy combativo, digamos, para nuestro gusto, pero cuando lo elegimos a él y se lo contamos nos dijo: -Miren que yo no estoy muy preparado. Le respondimos que lo preparábamos nosotros, que se quedara tranquilo y que le íbamos a decir todo lo que tenía que hacer, que le diéramos para para adelante y que era el más representativo de todos. Cuando nos preguntó por Agustín Tosco le confirmamos que éste no iba a competir.

¿Por qué había tanta distancia entre las concepciones sindicales de Agustín Tosco y José Ignacio Rucci?

Había diferencias ideológicas. Era muy difícil acordar. Lo que pasa es que Agustín Tosco era un hombre inteligente y se dio cuenta de que solo no podía. Por eso es que nos da la respuesta de acompañar cuando vamos nosotros y le planteamos que estábamos dispuestos a acordar siempre y cuando la secretaría general de la CGT Córdoba estuviera en manos del peronismo. Él estaba convencido de que lo único posible era acordar. No había otra alternativa, ni para nosotros ni para él. Y mucho menos para él porque nosotros teníamos al peronismo, pero él era solo. Por supuesto, fue muy importante que lo fuese y además que lo haya conseguido desde su individualidad. Era un combatiente muy respetado y respetable aún hoy. Sigo hablando bien de él, no lo descalifico, pero había cosas ideológicas, miradas diferentes, no había uniformidad. Rucci era un gran peronista de mucha lealtad. De hecho, en la muerte de Rucci desde el punto de vista del sentimiento de los que dispararon, los balazos estaban apuntándolo a Perón. Sigo recordándolo como uno de los mejores dirigentes sindicales de su época.

Volviendo al presente: ¿Cuál es tu opinión acerca de la conducta del triunvirato de la CGT desde el gobierno macrista hasta hoy?

Voy a ser absolutamente franco. Antes y durante el gobierno del macaco Macrì, algunos amigos no peronistas que me quedan todavía me cargaban diciendo: -¿Y?, ¿dónde está la columna vertebral? Yo les respondía: -Muchachos, tranquilos, el movimiento obrero sigue siendo la columna vertebral. Si ustedes me dicen que estos muchachos no funcionan bien les puedo decir que en toda columna vertebral hay algunas vértebras que están atacadas de una fuerte artrosis. O sea, les contestaba en solfa diciéndoles que estaban inmovilizados, que no se podían agachar, que no se podían mover y dejaron hacer lo que ocurrió en el país: un verdadero desastre que nos va a llevar mucho tiempo remontarlo.

Muchxs militantes de nuestra generación, paridxs hacia la política en la época de Néstor y Cristina desde 2003, venimos revalorizando la figura de Juan Manuel de Rosas y su importancia como el gran hombre de Estado que fue. ¿Te considerás rosista?

Soy un rosista a morir y te voy a explicar por qué. Yo era un chico de diecinueve años, un muchacho joven, y un día me lo presentan a José María Rosa, don Pepe Rosa, y me pregunta: -Decime, pibe; ¿te gustaría entrar en el revisionismo histórico? -Me encantaría -le respondí -Bueno, vení a casa -completó. Y me dio una tarjetita. Dos días después me recibió en su casa y había preparado la escenografía. Se puso una boina roja de lana tejida y me empezó a contar la revisión histórica que realmente me ha hecho comprender muchas cosas del presente.

¿Pensás que es importante atreverse como militantes a cruzar la tranquera y persuadir otras identidades para aumentar las bases de sustentación del movimiento peronista?

A mí nuestro conductor me lo dijo en el exilio: -Más vale persuadir que obligar, Lorenzo. Lo que usted no consiga con un abrazo no lo va a sacar con una trompada. Nosotros lo tenemos a Sergio Palazzo en la Corriente Federal de Trabajadores y está siempre un paso adelante de nosotros en muchas de las cosas. ¿Por qué quitarle el mérito? Le hicimos un homenaje a Diego Barovero que es el presidente de la Comisión Nacional Yrigoyeneana y yo soy el presidente o secretario general del Instituto Nacional Juan Domingo Perón. Bueno, los llevé a todos los radicales. Vino incluso Leopoldo Moreau. Lo descubrimos a Hipólito Yrigoyen y abajo le puse una frase: “El primer caudillo del siglo XX”. -Más vale persuadir que obligar -decía Perón, yo en mi militancia usé eso.

Sería muy interesante que nos cuentes tu opinión acerca de Alberto Fernández. ¿Qué opinás de él?

Me sentí muy complacido cuando Alberto Fernández al asumir la presidencia o un rato antes dijo: -Voy a ser el primer capitalino federal que va a tener la presidencia de la República. Me sentí sumamente comprometido con esa expresión tan categórica. Es un federal. Creo que el peronismo como movimiento es la corriente federal, somos la corriente federal. Esa corriente que peleó por la libertad de la República. La mayoría de ellos terminaron asesinados o en el anonimato. Y Alberto, este extraordinario hombre, no pierde la chaveta; porque hacen todo para que le salte la chaveta y no lo consiguen. Él sigue actuando, es realmente sorprendente.

¿Qué dirías de Cristina Fernández de Kirchner?

Enorme respeto. Y sobre todo el país, la República y el peronismo en su conjunto le reconoció el gesto de desprendimiento al hacerse a un costado para darle lugar a Alberto Fernández sabiendo que la mayor cantidad tentativa de votos los tenía ella. Ese es un gesto que quedará para la historia.

Este 9 de julio se cumplirán 64 años de la masacre de José León Suárez. ¿Qué podrías decirnos al respecto?

Mataron a dos compañeros y amigos de mi agrupación. Francisco Gribotti y Nicolás Carranza, por la espalda. Como estuvieron ellos pude haber estado yo o cualquier otro. Les dijeron que se bajen del camión y que se vayan porque estaban libres. Cuando dieron la espalda la policía de la provincia de Buenos Aires los fusiló. Hacemos un acto todos los años al pie del monolito que le pedimos al ex jefe del Estado Mayor General del Ejército Roberto Bendini que aceptó. Un gran tipo. También accedió a ponerle “Teniente General Juan José Valle” a la Escuela de Ingenieros Militares. Valle es el hombre que se rebeló contra ese dueto maldito de Pedro Eugenio Aramburu e Isaac Rojas. Dos miserables. Uno de ellos pagó con su vida y el otro murió de viejo. Este año el homenaje será virtual.

¿Estás leyendo algún libro en este aislamiento social, preventivo y obligatorio?

Sí, justo lo tengo arriba de la cama. Estoy leyendo uno de Mario “Pacho” O’Donnell que se llama “Los héroes malditos”. Acá aparecen la cantidad de traiciones de hombres que pasaron a ser preclaros patriotas después del 25 de mayo de 1810. Así que sí, yo soy un rosista, soy un federal.