Entrevista a Carlos Heller

Escribe: Gastón Vera

Fotos: Nicolás Blanco

Carlos Heller, diputado nacional del Frente de Todos, presidente del Partido Solidario y dirigente del movimiento cooperativo, sostiene un ritmo de actividad propio de un hombre de convicciones. Esta entrevista no hubiera sido posible sin su equipo de colaboradores puesto que conseguir un espacio en su agenda -ocupada por la construcción parlamentaria tanto en el armado del presupuesto como en impulsar el aporte solidario a las grandes fortunas- es un esfuerzo colectivo. Como siempre, su mirada fortalece nuestro análisis y nos propone pensar en los desafíos de los escenarios que vienen.

Gastón Vera (GV): El Presidente ha repetido la idea de que es posible que surja de esta pandemia un capitalismo más humano e igualitario, como parte de la cultura transformadora a la que usted pertenece. ¿Qué políticas públicas le parece que deben ser parte de un modelo tendiente a generar una sociedad más justa?

Carlos Heller (CH): Nuestro espacio político se caracteriza por reivindicar la coherencia, es decir, la capacidad de decir hoy lo mismo que decíamos ayer y de hacer ahora lo que siempre dijimos que había que hacer. Ni doble discurso ni discursos que cambian todo el tiempo. Por lo cual, las políticas públicas que valoramos son las que el actual gobierno, con las dificultades propias de las crisis, viene llevando adelante. Porque son las políticas que reivindicamos desde los inicios de nuestra actividad política.

Carlos Heller, Diputado Nacional.
Carlos Heller, Diputado Nacional. Foto: Nicolas Blanco.

Desde siempre, proponemos un Estado presente en oposición al “Estado canchero”, que sólo interviene para que las corporaciones desarrollen sus negocios con máximos beneficios. Un país con paritarias libres en las que los salarios les ganen a los precios y donde se incluya laboralmente a todos y todas. Un país donde los servicios públicos sean accesibles, que impulse la integración regional y la alianza con otras naciones para, desde allí, intervenir en el contexto global. Un país donde la República y sus instituciones funcionen de manera soberana, y no sometidas a las exigencias del Fondo Monetario y otros organismos internacionales. Un país con inclusión social y distribución progresiva de los ingresos, que aporte recursos a la salud, a la educación y a la ciencia y la tecnología, que defienda la producción nacional, las pymes, las economías regionales y el trabajo argentino. En síntesis, un modelo de crecimiento con la gente adentro.

GV: Es evidente que este modelo de acumulación tiene ganadores y perdedores. ¿Cómo podemos avanzar en la distribución de la abundancia? ¿Es a través de una política fiscal expansiva? ¿Un shock distributivo?

Carlos Heller: El país está en una situación muy exigida: la distancia entre las demandas y las posibilidades, en principio, de darles respuestas es muy grande. Esas demandas, en su mayoría, son legítimas y vienen de arrastre. Como venimos diciendo, no estamos ante una pandemia sino ante dos: la que generó la política del gobierno anterior y la que produce el virus. Una actúa sobre la otra. Las dos se alimentan entre sí y se amplifican. Esa demanda creciente se encuentra con recursos restringidos.

Pero como siempre decimos, en el mundo hay riqueza de sobra, pero está mal distribuida: está concentrada en muy pocas manos. El principal mecanismo de redistribución en las sociedades capitalistas son los impuestos. De allí, que la discusión entre conservadores y reformistas gire fundamentalmente alrededor de las políticas impositivas. Los conservadores, como su nombre lo indica, buscan conservar lo que tienen y se oponen a toda medida que los conduzcan a repartir. Porque creen que lo que han acumulado les corresponde en exclusividad, porque se lo ganaron, porque han hecho los méritos suficientes para poder acceder a ello. Pero eso no es cierto. En toda fortuna individual hay una inversión hecha por el Estado y costeada por toda la sociedad: la educación de la sociedad, las rutas por donde circula la producción, los desarrollos en ciencia y tecnología financiados por los gobiernos, entre muchos otros aspectos.

Por eso, más allá del Aporte Solidario y Extraordinario de las grandes fortunas, la Argentina se debe una discusión de fondo sobre una reforma impositiva integral que modifique la actual preponderancia de los impuestos horizontales, es decir, los que gravan igual al desocupado y al gran empresario cuando los dos compran una lata de tomate o una botella de aceite. Es preciso trasladar el peso de los tributos a los patrimonios y las ganancias. En síntesis: hay que cambiar el criterio de la horizontalidad por el de la progresividad o la verticalidad. ¿Qué quiere decir verticalidad? Que hay que cobrarles más a los que más tienen y menos a los que menos tienen.

GV: La historia argentina pareciera estar signada, a grandes rasgos, por dos modelos de desarrollo antagónicos o de proyectos de país, una tensión entre políticas de apertura y financiarización, por un lado, y por el otro, experiencias de desarrollo más volcadas a la producción nacional y el mercado interno. ¿Es viable la propuesta de vivir con lo nuestro? ¿De qué modo se puede superar el problema recurrente en el desarrollo económico nacional relacionado a la restricción externa?

Carlos Heller: La última experiencia de implementación del primer modelo al que ustedes se refieren fue la de Mauricio Macri. Esa experiencia dejó una crisis cuyas consecuencias todavía estamos sufriendo. Cuando la política económica deprime la actividad productiva, las pequeñas y medianas empresas lo sienten de modo inmediato: pocas de ellas son exportadoras y, por lo tanto, no producen para el mercado internacional. La mayoría depende del mercado local. En este modelo de ajuste se produce un círculo perverso: el mercado interno cae, hay menos consumo, muchas empresas pequeñas y medianas cierran, hay despidos, los desocupados dejan de consumir o reducen sus consumos, ello impacta sobre el mercado interno que vuelve a contraerse y así se va acentuando el ciclo recesivo.

“La Argentina se debe una discusión de fondo sobre una reforma impositiva integral que modifique la actual preponderancia de los impuestos horizontales”

El otro modelo, el que nosotros defendemos, por el contrario, apuesta por el desarrollo del mercado interno, la expansión del empleo, los salarios y las jubilaciones crecientes y la protección de la producción nacional de la competencia importada y, por lo tanto, concibe a las pymes como un actor central de su política económica. Son dos modelos opuestos. Dos caminos muy distintos. Nosotros defendemos el segundo de estos caminos y las políticas puestas en práctica y anunciadas por el actual gobierno que, sin dudas, van en esa dirección.

Con relación al tema de la restricción externa, podemos analizar lo que pasa en la actualidad: estamos teniendo saldo favorable de la balanza comercial todos los meses, pero consecuencia de la baja de la actividad económica. Más que un crecimiento de las exportaciones lo que atravesamos es una enorme caída de las importaciones: caída en máquinas, equipos, piezas, repuestos, todo lo que tiene que ver con el sector productivo. Pero ello puede cambiar rápidamente. Si vamos a un escenario de reactivación, esa demanda de importaciones puede crecer aceleradamente y esa famosa situación de restricción externa puede retornar: en esos casos, el país no tiene los dólares para atender y darle sostenibilidad a ese proceso de crecimiento. Por ello, el Gobierno está tratando de prever eso, negocia con el sector agroexportador, entre otros sectores exportadores, y lanza una serie de medidas a partir de su conciencia de que hace falta generar ingreso de divisas para la próxima etapa. Los dólares vienen de un crédito o vienen de las exportaciones. No tienen otro origen. Por lo cual, el Estado debe contar con una estrategia seria de obtención de ese bien escaso para que, en determinado nivel, esa restricción externa no frene el proceso de crecimiento.

GV: Partiendo del concepto de unidad y disputa, ¿cuál es la experiencia que estamos construyendo en el Frente de Todos?

Carlos Heller: No hay unidad sin debate. Siempre lo dijimos: la coalición de gobierno no está integrada por los que piensan igual sino por los que piensan parecido. La unidad es siempre en la diversidad. Las diferencias siempre pueden ser discutidas. Pero hay una serie de puntos que actúan como piso, como punto de partida, que no deberían estar en discusión.

En primer lugar, la convicción del rol del Estado como factor estratégico del desarrollo económico. Esto implica la necesidad de políticas activas que apunten a la redistribución del ingreso y la riqueza como base esencial de la eliminación de la pobreza, que promuevan el crecimiento del mercado interno con políticas tributarias progresivas que graven las rentas extraordinarias y las actividades económicas con mayores ganancias.

En segundo lugar, el proyecto nacional, popular y democrático debe promover la integración regional, que potencie y profundice la ampliación de derechos, con un Estado garante, que impulse un modelo de desarrollo sustentable fundado en el apoyo a la producción nacional y regional, así como al mercado interno, que continúe con la política de Memoria, Verdad y Justicia iniciada el 25-05-2003 y el mantenimiento y ampliación de los más amplios derechos de la ciudadanía. Y, como reaseguro de sustentabilidad política, que profundice la democracia con mayor protagonismo y participación popular.

Ésa es la base. Es lo que no debería estar en discusión. A partir de allí, creemos que todo debe ser debatido y discutido, construyendo unidad en la diversidad y en la pluralidad, sabiendo que el camino no está exento de importantes obstáculos. La unidad es un proceso en el tiempo, de ampliación y sostenimiento de la discusión política, buscando nuevos puntos de encuentros y de acuerdos.

Carlos Heller, Diputado Nacional.
Carlos Heller, Diputado Nacional. Foto: Nicolas Blanco.

La unidad es una. Pero su proceso de construcción es diverso. Hay una unidad, llamémosla horizontal, de los sectores de la política, de los distintos partidos y agrupaciones que integran el amplio mundo de lo nacional, popular y democrático. Hay otra unidad, llamémosla vertical, que se produce con todos aquellos movimientos sociales, sindicales, culturales, empresarios, de género, entre otros, que apuestan por salir de la crisis con un modelo nacional, popular y democrático.
La combinación de esos dos procesos de unidad, simultáneos y complejos, es la que nos va conduciendo a la reconstrucción de una nueva representación política unificada de todos los que, desde el actual gobierno de coalición, impulsamos los intereses de los sectores afectados por las crisis: los trabajadores industriales, los del campo y el comercio; los pequeños y medianos empresarios; los científicos y técnicos; las clases medias afectadas por la pérdida del poder adquisitivo de sus ingresos; los nuevos y viejos desocupados; las mujeres trabajadoras más perjudicadas que los hombres en la distribución del ingreso; los jubilados, los jóvenes y los excluidos en general.

GV: El cooperativismo, entre otras cosas, es un modelo de gestión. ¿Existen posibilidades de que las empresas públicas de servicio adopten una forma de organización guiada por otros intereses más allá del lucro? ¿Cuáles son los desafíos?

Carlos Heller: La tradición de la gestión cooperativa se caracteriza por la transparencia, la eficiencia y la participación. Estos valores integrados componen una cultura organizacional que es, sin dudas, un paradigma de futuro.

El cooperativismo pone en discusión la idea de eficiencia. Porque se puede ser eficiente persiguiendo permanentemente la maximización de las utilidades o se puede serlo tratando de brindar el mejor servicio. En los noventa, cuando se privatizaron las empresas de servicios públicos, se aseguró que esas compañías no podían seguir en manos del Estado porque no eran eficientes. Sin embargo, varios de sus nuevos administradores privados sólo fueron eficientes en términos del cobro de altas tarifas y de percepción de enormes subsidios.

Hoy, en el mundo, se vuelven a plantear nuevas formas de gestión de lo público. El laborismo inglés ha propuesto hace un tiempo la participación tripartita de los trabajadores, de los consumidores y de los usuarios en la administración de las empresas públicas. Ha identificado tres grandes formas alternativas de administrar los servicios, más allá de la típica compañía capitalista: la empresa cooperativa, la municipal y la nacional. Hay varios elementos en común entre estas tres formas de organización: mayor democracia, mayor pluralismo y vinculación entre ellas para trabajar juntas en los tres niveles.

En una perspectiva similar, la segunda carta encíclica del Papa Francisco, “Laudato si”, publicada en mayo de 2015, afirmaba que “el principio de maximización de la ganancia, que tiende a aislarse de toda otra consideración, es una distorsión conceptual de la economía” y señala que “en algunos lugares, se están desarrollando cooperativas para la explotación de energías renovables que permitan el autoabastecimiento local e incluso la venta de excedentes. Este sencillo ejemplo indica que, mientras el orden mundial existente se muestra impotente para asumir responsabilidades, la instancia local puede hacer la diferencia”.

“El cooperativismo pone en discusión la idea de eficiencia. Porque se puede ser eficiente persiguiendo permanentemente la maximización de las utilidades o se puede serlo tratando de brindar el mejor servicio”

Son las mismas ideas del cooperativismo que expuse en Naciones Unidas, como representante de nuestro continente, en la presentación del Año Internacional de las Cooperativas 2012. Allí, dejábamos en claro que el lema, “La empresa cooperativa como contribución a la construcción de un mundo mejor”, significa ya no pensar a la cooperativa como la rueda de auxilio para enmendar las fallas o los errores del sistema capitalista. Decíamos: “nosotros queremos ser parte de la construcción de otro mundo, un mundo donde se privilegie el bienestar, la salud y la educación de los pueblos, un mundo en el que la democracia sea auténtica y plena de participación popular”. Y agregábamos: “las cooperativas son ampliamente reconocidas por sus aportes al valor añadido social mediante el empleo, la cohesión social, la oferta de servicios públicos y comunitarios, la generación de tejido social y económico, el desarrollo de la democracia, la innovación social y el desarrollo local. Es reconocido este sector como portador de un estilo de desarrollo que confiere primacía a las personas, con la capacidad para generar nuevas oportunidades así como mitigar desequilibrios sociales y económicos”. Finalmente, afirmábamos: “Nosotros estamos orgullosos de ser parte de la experiencia histórica que concibe al cooperativismo como herramienta de transformación social. Este enfoque coloca a las ideas de la cooperación en la cresta de la ola del debate de ideas que impregna al mundo contemporáneo”.

Por supuesto, estamos convencidos de que este modelo de gestión, con las características que hemos señalado, es apto para gestionar empresas públicas de una manera más eficiente que como las gestionan los prestadores privados.

GV: En las últimas décadas, los beneficios obtenidos en la productividad fueron generados por la incorporación de nuevas tecnologías que reconfiguran las relaciones laborales, proyectando escenarios inciertos. ¿Qué vigencia tiene el proyecto de Floreal Gorini de reducción de la jornada laboral a 6 hs?

Carlos Heller: Un Estado con más recursos debe desarrollar las capacidades para intervenir en los procesos estructurales en el escenario de la actual revolución tecnológica, donde el trabajo tiende a ser sustituido por máquinas o robots y, por lo tanto, transformado en un bien escaso. Será necesario redistribuirlo entre el conjunto de los ciudadanos y ciudadanas del mundo y esa redistribución debería realizarse reduciendo la jornada laboral sin reducir el valor del salario. Partiendo de la base, de que la producción de bienes y servicios necesita consumidores, esta redistribución resultará imprescindible para que el ciclo económico pueda concretarse. En ese sentido, el proyecto de Floreal de reducción de la jornada laboral a 6 horas resultó profético y propio de un pensamiento de avanzada como el de nuestro histórico referente cooperativista. Obviamente, medidas de este tipo, para ser eficaces, deben ser realizadas a escala global.

Nota publicada en Revista Hamartia #35. Conseguí tu edición papel acá.