Hasta siempre Diego

Lunes 30 de noviembre del 2020

Escribe: Alan Martínez

Se nos fue. O por lo menos, una parte de él, la física. No es fácil arrancar una nota así, con una bajada que no es informativa sino pasional.

Diego Armando Maradona era eso: Pasión. La venganza de los pobres en la cara de los ricos, la humanización de los canonizados, la revalorización del sur más olvidado… El que nos enseñó que «imposible» son solo nueve letras.

Pelusa se reencontró con Doña Tota y Chitoro en el cielo el 25 de noviembre, creanmé, nunca me voy a olvidar lo que hacía en ese momento. Duele, como esas heridas difíciles de cerrar. Nunca escuché un silencio tan grande en el país, como en ese instante en que Diego se fue sin avisar.

El parte médico dijo: «Paro Cardiorespiratorio». Perdonen, elijo creer que Diego solo fue a devolverle la mano prestada a D10S.

Doña Tota.

Ese mismo día, con cinco horas más, Nápoles lloró a su «Scugnizzo». En una ciudad oscura, sinuosa, pequeña y genial, solo Diego puso la cara por ellos, así como en la «Domenica Sportiva» expresó alguna vez que en Italia hay racismo, no hacia la gente negra sino hacia los napolitanos.

Y como era de esperarse, Nápoles puso la cara por él, con un estadio San Paolo (que en breve se llamará Diego Maradona) que se iluminó a las 10 de la noche, en homenaje a aquel que nunca dejó ni dejará de brillar.

El jueves 26, el país amaneció distinto. Pink Floyd dijo alguna vez que no se puede distinguir una sonrisa debajo de un velo, pero sepan, no hubo barbijo en el mundo que haya podido esconder la tristeza de un pueblo devastado. Era el momento entonces, del primer último adiós. La Casa Rosada fue el escenario de una congregación histórica, quizás de las mayores muestras de afecto y dolor que dio Argentina.

Miles de personas se reunieron para acompañar a Diego hasta su última gambeta, aquella que le hizo a la mortalidad, en su camino hacia lo eterno.

Mientras escribía estas líneas pensaba si realmemte pudimos cuantificar la grandeza de Maradona. Creo que no. Nos gusta tener ídolos y bajarlos al barro. Lo que nunca tuvimos en cuenta, es que él está hecho de eso, desde la más humilde zapatilla hacia el más ostentoso de los relojes. Diego fue, es y será ese Dios imperfecto por el que tanto empatizamos.

Se dice muchas veces que uno busca en el otro una identificación, algo que los una. Quizás por eso, por la simbiósis entre él y la gente, tenemos un dolor en el pecho enorme, como si una parte de nosotros se haya ido con él.

En esa comunión entre Diego y la gente, se refleja la imagen argentina. Aunque nuestro deporte popular sea autodenostarnos, el espejo mostró una figura distinta en el mundo. Maradona es un ícono mundial… Con picardía nacional.

¿Quién iba a pensar que una torre (Tianjin) en China se iba a iluminar por ese muchachito de Fiorito? ¿Quién iba a creer, que en su 1,66, se escondía el símbolo más genuino de la reivindicación popular?

Torre Tianjin, China.

Estadios de todo el mundo se iluminaron solo por él. Desde el Sánchez – Pizjuán, casa del Sevilla, hasta el Beira Rio, propiedad del Internacional, en Brasil. No hubo recodo en el planeta que no se rindiera a su figura. Diego era la representación del fútbol desde su raíz, desde su origen, la magia que hizo de este deporte otro totalmente distinto al balonpié industrial que tenemos hoy.

Entre el jueves y el viernes, el dolor no había cesado. Siento que hoy tampoco. Seguro más de uno se sintió en su pesadilla más oscura, con el deseo de despertar y darse cuenta que solo fue un mal sueño…pero no. A veces, y solo a veces, la eternidad debe fallar. Pero como todo legado no se olvida, los clubes del fútbol argentino no lo hicieron. Todos, y cada uno de ellos, rindieron homenaje a las diez de la noche, con la luz como protagonista principal. Es probable que tanto Boca, River, Racing, Independiente, San Lorenzo, Argentinos, Newells y otros tantos clubes hayan sentido lo mismo, que a pesar de la oscuridad, él aún no se apagó.

Estadio de Newell’s.

El fin de semana nos regaló otras sonrisas con lágrimas. La pelota volvió a rodar en el mundo, en un deporte que hoy me cuesta llamar fútbol. Las caras largas fueron el paisaje que adornó cada estadio argentino y del planeta. El tamiz no varió mucho. Desde un barrilete volando por el Cilindro de Avellaneda, una victoria de un Gimnasia con jugadores al borde del llanto, una Paternal totalmente sombría y un Boca que nos rompió a todos cuando al minuto diez (sí, 10) quebró el cero en el encuentro ante Newell’s y vimos a Dalma ensimismada en su tristeza, en el palco de papá.

Aún escribiendo hasta este punto me cuesta encontrar una definición de Maradona. Es lógico, aunque no me quiero excusar. Diego no puede retratarse en un solo lugar, en un solo ítem. Representa un cúmulo sin fin de sentimientos que no siempre son coherentes, pero que están ahí, uno solo tiene que sentir. No se explica, sino, que en Inglaterra hayan pasado el gol en el 86 en cada estadio de la Premier League. Tal vez, Pelusa sea eso que se siente y no hace falta entender.

Inglaterra.

No solo el fútbol le rindió pleitesía, no hubo deporte en la tierra que no lo haya hecho en estas horas. Pero más allá de eso, quiero quedarme con la gente, con el mayor tesoro. Con aquellos a los que se les detuvo la vida el 25 de noviembre, con esos que se miran pero no se encuentran, con los que quedaron suspendidos en el tiempo.

Siento que no se fue Maradona, no. Creo que perdimos la última esperanza que nos demostró que los descamisados del mundo pueden atreverse a ser felices también…

Será tiempo de reflexiones, de aprender a descifrarnos y comprender aquello que perdimos. Cuesta, lo se, pero tenemos en nosotros la obligación de mantener viva la llama del Diego y de descubrir, por que no, que los sueños se alcanzan.

Quizás nos tome más de la cuenta, tal vez no lo sepamos a la primera, es normal. Que este sinfín de homenajes nos hagan ver que nunca hay que dejar de luchar, que nuestro camino, como el de Diego, se forja con la simpleza de lo genuino y la humildad de la grandeza. Maradona pudo lograrlo y crear una imagen que se repite en todo el mundo: La esperanza de aquel al que se la extirparon. Él nunca tuvo un referente que lo guie, él es el referente…

Termino esta nota y aún me cuesta describirlo, perdón. Creo que nunca podremos tomar magnitud de lo que es Diego, de todo lo que sembró en el mundo y lo que seguirá representando.

No tengo una definición que esté a la altura de un legado, solo quiero creer que Maradona fue, es y será, la revancha de las almas imperfectas que se animaron a sonreír…