La China en la Luna

Martes 2 de diciembre del 2020

En este mismo momento, una sonda espacial cumple una misión histórica para la República Popular China: La toma de muestras de un cuerpo extraterrestre; es decir, la recolección de suelo lunar para su posterior estudio.

Sonda espacial china Chang’e-5 en superficie lunar. IMAGEN: Agencia Xinhua.

La sonda, de nombre Chang’e-5, fue lanzada el pasado 24 de noviembre por la Administración Nacional del Espacio de China (ANECh). Parte de su misión es perforar el terreno lunar y tomar muestras, además de recolectar material en la superficie. Ayer, martes 1 de diciembre, la sonda había completado con éxito su descenso en la cara selenita visible, al norte del volcán Mons Rumker, en el Oceanus Procellarum, conocido también como el Océano de las Tormentas. Su descenso se realizó a una velocidad vertical relativa a la Luna, que fue reducida de 1,7 kilómetros por segundo a cero. Una vez en luna firme, desplegó sus módulos solares para carga de energía.

Suelo lunar, imagen tomada por la sonda. Foto gentileza de la Agencia Espacial China.

Según la Agencia de Noticia Xinhua, «el orbitador de retorno se mantendrá a unos 200 kilómetros sobre la superficie lunar, esperando el encuentro y acoplamiento con el módulo de ascenso». Sobre el regreso a la Tierra, la Agencia informa que «se espera que el orbitador lleve al módulo de retorno de vuelta a la Tierra. Se prevé que el módulo de retorno vuelva a entrar en la atmósfera y aterrice en la región autónoma de Mongolia Interior, en el norte de China».

Centro de Control Aeroespacial de Beijing, capital de China. FOTO: Agencia Xinhua.

Una misión de esta envergadura es una buena noticia para el ámbito científico espacial, y se suma a varias iniciativas mundiales que dan la sensación de haber retomado un camino de conocimiento que fue abandonado durante demasiado tiempo. Todo emprendimiento científico que avance sobre la última frontera de la humanidad, requiere esfuerzos económicos y de trabajo sostenido que sólo los Estados pueden y deben afrontar, si se  quieren mantener los intereses espúreos a un lado.

Centro de Control Aeroespacial de Beijing, capital de China. FOTO: Agencia Xinhua.