La Triple A en Bahía Blanca

Miércoles 2 de diciembre del 2020

Publicada originalmente el viernes 27 de noviembre del 2020

Fuente: Ministerio Público Fiscal

El juicio oral seguido en Bahía Blanca a cuatro acusados como integrantes de la organización paraestatal Triple A incorporó el testimonio de la doctora en historia Ana Belén Zapata, quien estudió el movimiento obrero de la ciudad, su organización sindical y la persecución política de la que fue objeto durante la época del terrorismo de Estado. En la declaración, brindada el jueves 19, la investigadora dio cuenta de la génesis de la organización criminal en el seno de la Universidad Nacional del Sur.

Durante esa misma jornada declararon otros dos testigos vinculados a víctimas de la causa, que aportaron nuevos elementos al proceso que tiene como imputados a Juan Carlos Curzio, Osvaldo Omar Pallero, Héctor Ángel Forcelli y Raúl Roberto Aceituno.

El juicio oral continuará con nuevos testimonios en las audiencias del 3 y 4 de diciembre próximos, que pueden seguirse en vivo por el canal de Youtube de la Universidad Nacional del Sur.

La violencia organizada

La doctora en historia Zapata, quien declaró en la última audiencia,  ha dedicado gran parte de su trabajo de investigación a las experiencias de los distintos sectores de trabajadores de Bahía Blanca vinculadas a la actividad obrera y a situaciones de violencia paraestatal sufrida por ellos en el período comprendido entre los años 1966 y 1976.

La testigo detalló su metodología de trabajo, consistente en la realización de entrevistas con trabajadores de distintos sectores de la ciudad (construcción, metalúrgico, gráfico, ferroviario, portuario, etc). Puntualizó que para ella fue central investigar quiénes fueron los referentes ideológicos y políticos que organizaron la Triple A en Bahía Blanca y concluyó que en la ciudad esa figura la ocupó el fallecido sindicalista y diputado nacional Rodolfo Ponce.

El fallecido diputado nacional Rodolfo Ponce, sindicado armador de la Triple A en Bahía Blanca.

“Ponce era la expresión de ese peronismo ortodoxo, tradicional y ese peronismo digamos de derecha… Es en ese plano que hay algunos referentes que están convencidos de la importancia de la formación casi de una policía interna dentro del propio peronismo para ir desplazando a aquellos sectores vinculados a la izquierda del movimiento”, explicó Zapata, ubicando en línea al ex ministro de Bienestar Social de la Nación José López Rega y al ex secretario de la Confederación General del Trabajo, José Ignacio Rucci, quien tenía una relación directa con Ponce: “Hay que mencionar que Ponce crece políticamente bajo el ala de Rucci”.

En ese marco, según la testigo, Ponce fue el promotor a nivel local de ese proceso de depuración ideológica hacia el interior del peronismo de aquellos sectores vinculados a la izquierda. La trayectoria de la estrecha vinculación de Ponce con las estructuras represivas estatales fue graficada por la testigo con la cita de la declaración del recientemente fallecido sobreviviente de la ESMA, Víctor Melchor Basterra —entrevistado, además, por Zapata—, quien relató que durante su cautiverio aquél centro clandestino de la Armada, hacia el último período de la dictadura, lo habían obligado a confeccionar un permiso de portación de armas falso del RENAR a nombre de aquél sindicalista.

Según la investigadora, Ponce fue el promotor a nivel local de ese proceso de depuración ideológica hacia el interior del peronismo de aquellos sectores vinculados a la izquierda.

A partir de un estudio sobre la vida política del diputado, Zapata observó que uno de los proyectos de ley que más impulsó fue el de la creación de una universidad sindical, “que pudiera formar cuadros políticos, dentro del ámbito del trabajo, que formara delegados, pero fundamentalmente dirigentes”. Dijo que fue el propio Ponce quien contó en la revista “El Caudillo” que cuando, junto a Rucci, le presentaron el proyecto a Juan Domingo Perón, este les dijo: “¿Para qué vamos a crear otra universidad si ya están las UTN? Lo que hay que hacer es recuperar las universidades tecnológicas”. La testigo dijo que ello resulta clave para entender el proceso de toma armada de la UTN bahiense por parte de la patota a mediados del año 1974 , hecho que también ha sido desarrollado en este juicio.

Primera audiencia en el marco del juicio por delitos de lesa humanidad a cuatro represores civiles que actuaron en Bahía Blanca durante el terrorismo de Estado.

Zapata agregó que uno de los aspectos que más llamaron su atención a lo largo de las entrevistas de investigación fue el bautismo que recibió de parte del público el vehículo que funcionaba despertando el terror en aquella época, “este Fiat 125 azul, celeste, que la sociedad bahiense le puso el nombre de ‘la fiambrera’”. Dijo que, a su entender, exhibe la dimensión de la ostentación del terror en aquel momento: “Pensemos en la literalidad de la palabra la fiambrera… Hace referencia a una picadora de carne humana”.

Al relatar el proceso de conformación de la banda criminal, la historiadora marcó como punto central en su desarrollo las resoluciones del rector interventor de la Universidad Nacional del Sur, Remus Tetu: “Desde marzo del ’75 en adelante contrata a una veintena de personas para las tareas de seguridad y vigilancia de la universidad (…) Para mí son importantes esas contrataciones porque centralmente le da organicidad al grupo, comienza a tener recursos, comienza a tener autos, armas provistas por la infraestructura de ser un cuerpo de seguridad de la universidad”, explicó Zapata. También señaló que “a partir de que se forma esa organicidad, si uno empieza a analizar la dinámica de los hechos de violencia que se dieron en la ciudad desde marzo hacia finales del 75, ese crecimiento en cuanto a los crímenes, a los cuerpos que empiezan a ser encontrados en las afueras de la ciudad de Bahía Blanca, con numerosos impactos de bala, en lugares específicos y lugares comunes, es exorbitante”.

Belen Zapata

En cuanto al modo de operar de la banda criminal, explicó que los cuerpos siempre eran hallados en las afueras de Bahía Blanca, en parajes comunes, en lugares recurrentes en los que aparecían con numerosos impactos de bala, característica —esta última— íntimamente ligada a la paraestatalidad. En relación a ello, trajo a colación el texto publicado por un arrepentido de la Triple A —en referencia a Salvador Horacio Paino— en el que explicaba que “la lógica de estos grupos era que [en los homicidios] dispararan todos, así se repartían las responsabilidades”. También se refirió a los comunicados, pintadas y amenazas firmadas con las tres A.

Un testigo declaró que en el Hotel Canciller de Bahía Blanca habría funcionado un centro de reunión clandestino de “los matones de Ponce”.

Al ser consultada por la fiscalía acerca de cuál fue el impacto del accionar de esta banda en la sociedad bahiense, explicó que encuentra una fuerte acción disciplinadora centralmente hacia los sectores más movilizados y organizados en términos políticos, vinculados a la izquierda del peronismo, a la izquierda en términos generales y al sector de la iglesia con una perspectiva tercermundista. Relacionó, además, una parte de esta práctica de disciplinamiento con el proyecto de construcción del complejo petroquímico de la ciudad, obra en la que se encontraban empleados numerosas víctimas cuyos casos se ventilan en el juicio, enroladas en el gremio de la construcción. Luego agregó que si bien estos sectores lo vivieron más de cerca, el miedo y el terror se desparramó en términos generales a toda la sociedad bahiense.

Antes de finalizar su extenso testimonio —que duró más de dos horas— Zapata caracterizó el fenómeno objeto de juzgamiento como el «proceso de la violencia paraestatal y de la violencia vinculada a esta designación de otredad negativa referenciada en ciertos grupos de militancia y de mucha movilización en la época».

Centro de reunión clandestino

También declaró un vecino de la ciudad de Bahía Blanca, quien brindó un dato revelador: en el Hotel Canciller de la ciudad habría funcionado, según él, un centro de reunión clandestino de “los matones de Ponce”. El testigo —que vivía al lado de este hotel junto a su familia— contó que alrededor del año 1975 aquel edificio fue ocupado por un grupo de hombres, instalando en la puerta un vehículo ocupado por dos o más personas con armas largas a la vista.

Detalló que, cada vez que veían salir a la patota por las noches, al día siguiente su familia y él se enteraban de que había aparecido alguna persona asesinada. También refirió ruidos extraños que provenían de este lugar: “golpes muy fuertes, secos, no se escuchaban gritos, eso duraba dos o tres horas; no eran todas las noches pero noche por medio”.

“Tenían orden de no salir a la calle”

Finalmente en la misma audiencia prestó declaración un amigo de Fernando Alduvino, quien participó de la búsqueda de la víctima en distintos puntos de la ciudad, luego de su secuestro el 21 de marzo de 1975. Al respecto, remarcó que el lugar donde fue hallado el cadáver de la víctima ya había sido revisado por el grupo de búsqueda que él integró.

Por otra parte, contó que el padre de otro de los amigos de Alduvino —un militar retirado— se acercó a la Delegación de la Policía Federal, en donde le dijeron que la noche del secuestro “tenían orden de no salir a la calle”. De tal forma, aludió a la complicidad entre las fuerzas de seguridad y la banda criminal. La misma noche fueron secuestrados y asesinados Marisa Mendivil y el sacerdote Carlos Dorñak.