¿Quién hace la política?

Jueves 17 de noviembre de 2020

Escribe: Julián Saud

Fotos: Nicolás Blanco

 

La necesidad de indagar en los orígenes del conflicto que, actualmente, atraviesa el gobierno de Alberto Fernández, nos llevó a conversar con Leandro Santoro, politólogo y legislador de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en el bloque del Frente de Todos y uno de los asesores más influyentes en términos de comunicación.

¿Cómo se sale de los laberintos?, como lo llama el Presidente. La única disciplina, que permite ese salto imaginario por arriba del laberinto, es la política. Pero la política no se ejerce en abstracto. La política se ejerce en lo concreto y eso lo hace el militante, que es la figura clave de todo esto. Acá arranca una conversación que permite partir del componente individual del militante para llegar a lo colectivo y a los desafíos de su realización.

Leandro Santoro
Julián Saud y Leandro Santoro

¿En qué estás pensando cuando hablas del militante político?

Cuando hablamos de militante político, lo primero que tenés que pensar es a qué proyecto remonta. Hay características comunes entre un militante de la derecha y un militante de izquierda. Lo que pasa, es que para nosotros -los que tenemos más de 35/40 años- el militante político es el militante de izquierda y estamos asociando un contenido a una práctica, y eso es un error. Porque hoy, hay militantes políticos de derecha que aspiran a ocupar espacios en el Estado para despolitizarlos. Tienen un discurso antipolítica para hacer política y tienen, además, una estrategia de comunicación de empatía con los pibes, sobre la base del odio, la desconfianza, el resentimiento, el individualismo y el consumismo. Si vos me hubieses dicho hace 2 años atrás, si yo creía posible que estos disvalores iban a ser bandera de la militancia, te diría que no. Pero hoy los empiezo a identificar. Ofelia Fernández me hizo referencia a que ella como militante veía que, en los últimos años, pasamos a ser lo políticamente correcto. Entonces, empezó a aparecer en la política argentina, fundamentalmente en los centros urbanos, una suerte de contra-política o contracultura – contracultura política- desde la incorrección, que fue generando cierta aceptación en un nicho pequeño de jóvenes.

Entonces, ¿hay dos formas de ser militante?

Cuando me formé había dos formas de entender la militancia, como la búsqueda del poder o como la búsqueda de la transformación de la sociedad. Puede que ahora haya una tercera forma que sea la búsqueda del cambio social mediante la promoción de valores individualistas antisociales, y eso a mí me preocupa. Es como la política de la antipolítica o la militancia de la transformación social antisocial. Esto tiene una explicación en el agotamiento de los modelos de la política tradicional, en la desilusión que han generado algunas instituciones de la democracia tradicional y obviamente el Estado de Bienestar; y en el discurso que utilizó la derecha para pelear contra los partidos populares en toda América Latina. Esos discursos de los últimos 5 años fueron muy agresivos, muy estigmatizantes para con la política, asociando a la política con una actividad delictiva. Uno podría decir que cada 5 años se incorpora una generación en la política, el lustro 2010-2015 es completamente diferente al lustro 2015-2020. Si a vos te tocó incorporarte a la vida pública entre los años 2010 y 2015, muy probablemente te incorpores hacia un espacio cercano a nosotros, y si te incorporaste a la política entre el año 2015 y el 2020, las percepciones que tuviste, los discursos que escuchaste y los estímulos que recibiste fueron completamente diferentes. En esos dos lustros se encuentran dos climas culturales completamente diferentes, que provocaron que los jóvenes que tomaron conciencia de lo público y de lo político, lo hagan con cosmovisiones diferentes.

«han logrado construir al Estado como el enemigo. Y como el partido que más identificado está con el Estado es el peronismo, cierra perfecto el círculo.»

Siguiendo tu razonamiento, una nueva generación se estaría incorporando a la política. Y ese nuevo lustro comienza nada más y nada menos que en pandemia. ¿Cómo hace la política que quiere dar el debate con los grupos concentrados y no puede convocar a una movilización, no puede “salir a la calle”?

Te voy a cambiar la pregunta. ¿Cuáles fueron las consecuencias políticas de la pandemia? Los gobiernos tuvieron que tomar medidas restrictivas para evitar la circulación comunitaria del virus. Y la derecha política, vinculada al poder económico concentrado, capitalizó el mal humor social a las restricciones sanitarias en términos de emparentarlas con todo tipo de restricciones. Empezó a levantar la bandera de la libertad, como una forma de disputarle el sentido de izquierda en términos del rol del Estado. Entonces, en la politización del 2010-2015 el Estado era visto como un elemento positivo de la sociedad que venía a equilibrar desigualdades o a reparar daños. Hoy, la derecha intenta que una parte de la sociedad perciba al Estado como el elemento o la institución que delimita su libertad. Entonces, detrás de las movilizaciones anticuarentena hay, en realidad, movilizaciones anti-Estado y antirregulación. Cuando hablan de la regulación, no hablan solamente de la limitación a la libertad de circulación o a la de encuentros, sino también hablan de las restricciones a la compra y venta de dólares, por ejemplo. Y esto que, para nosotros, desde el sentido común, es absurdo y delirante, no lo es para la derecha. Porque levanta la bandera de la libertad como un gran significante vacío que articula un montón de demandas de segmentos sociales antagónicos, pero que empiezan a ser amigables entre sí como consecuencia de que identifican una misma responsabilidad a su malestar: es el Estado. El Estado es el que te dice que no, el Estado es el que te dice no podés comprar dólares, o no podés ver a tus abuelos, tus hijos no pueden ir a clase y es el Estado también el que cobra impuestos y retenciones. Entonces, todo es parte de lo mismo y han logrado construir al Estado como el enemigo, y como el partido que más identificado está con el Estado es el peronismo, cierra perfecto el círculo.

En tu reflexión explicás cómo la derecha se apropia de la bandera de la libertad, cómo ese significante es capaz de aglutinar diversas demandas frente al Estado. En el libro Por un populismo de izquierda de Chantal Mouffe, se plantea que el otro gran significante vacío es la democracia, y que los proyectos populares tienen ahí, la oportunidad de transformar la realidad. Lo define como la radicalización de la democracia. ¿Cómo se hace eso?

Mientras nosotros discutimos cómo se radicaliza la democracia, ellos encontraron la forma de radicalizar el capitalismo. Y es una bandera, incluso de sectores juveniles. Creo que lo que hay que hacer es democratizar el capitalismo y democratizar la democracia. La radicalización de la democracia es una consigna del 2010. Hoy no corre más. Entendida la radicalización de la democracia en los términos que lo plantea Chantal Mouffe.

Si hablamos de militancia, el local o la unidad básica cumple un rol central en lo que es el militante. Sin embargo, el “local” se convirtió en un comedor, en un centro de apoyo escolar o en un espacio de talleres varios. ¿Esto es un reflejo del deterioro de la política en términos tradicionales o es una nueva forma de hacerla?

Los partidos políticos tomaron de los movimientos sociales sus prácticas de construcción territorial, y eso está mal. Está mal por insuficiente. Vos podés tener transitoriamente una actividad militante basada en la contención de las consecuencias de la crisis, pero nunca podés rechazar la idea de que tu función en la sociedad es trabajar sobre la causa de los problemas y no sobre las consecuencias. Si los métodos de la política son iguales a los métodos de los movimientos sociales, quien cumple la función de la política son los medios de comunicación. Porque son los que crean sentido, los que construyen el relato, los que dividen el campo político, los que diseminan las ideas y los que disputan por el poder.

«Nosotros tenemos una actitud demasiado dócil con la realidad. Demasiado complaciente con nuestro propio conocimiento y saber.»

Entonces, ¿de qué están vaciados esos locales partidarios?

De inconformismo. Nosotros tenemos una actitud demasiado dócil con la realidad. Demasiado complaciente con nuestro propio conocimiento y saber. Pensamos que ya lo tenemos claro y la sociedad cambia y esos cambios no están siendo percibidos por nosotros en clave política.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo, el debate ideológico es un debate repetitivo y reiterativo sobre las consignas de los 70 ́ o sobre las consignas de los 80’ o los 90 ́. No hay una comprensión de la realidad. Yo te podría decir que la definición del militante político hoy es la del sujeto cultural. El militante tiene que formarse para dos cosas: para dar la batalla cultural y para gobernar. Mi percepción de la política es que un partido o instrumento político tiene que ser de lucha y de gobierno. Entonces, un militante político tiene que tener la capacidad para dar la lucha social, la lucha ideológica y la gestión administrativa y política. Eso, ¿qué significa? Que nos tenemos que formar como cuadros integrales. Los cuadros integrales son los que reflexionan, debaten, escriben, pero pintan paredes, organizan eventos y pueden instrumentar esas ideas; que ponen la cabeza y el cuerpo en su compromiso militante.

Además, deben tener una ética que los distinga de los otros agentes que operan sobre la vida social. Esa ética es la ética militante, que incluye la vocación de poder y la vocación de servicio que van de la mano. En algún momento la política tomó del movimiento obrero sus prácticas y, en otro momento, las tomó de los movimientos sociales. Pero la política, si bien puede tomar elementos de otras dimensiones de la vida social, tiene su propia especificidad y creo que es ahí donde estamos fallando.

¿Y cuál es esa especificidad?

La especificidad es la reflexión y la gestión en la transformación del mundo.

Leandro Santoro
Leandro Santoro. Foto: Nicolás Blanco.

Dar herramientas, soluciones…

Es lo global, lo integral. ¿Qué es lo político? Lo político es lo colectivo, lo comunitario. Lo social y lo sindical es lo particular. La misión de la política consiste básicamente en poder articular esas demandas, esos sectores sociales: la construcción del pueblo. El movimiento estudiantil, los movimientos sociales, el movimiento obrero representan una parte. La política tiene la responsabilidad en la articulación. Esa articulación se produce en distintos planos, cuando escribís un artículo, ese artículo se lee y genera la reflexión y el debate en distintos sectores de la sociedad; se reproduce cuando asistís de manera solidaria y voluntaria a un acto del movimiento obrero; cuando en la gestión incorporas a otros sectores para tomar una decisión; cuando tratas de generar una agenda propia y tenés una mirada inclusiva. O sea, nuestra función como militantes políticos, a partir de la ética militante, es siempre vocación de servicio y vocación de poder, y le agregaría una tercera vocación, que es la vocación del cambio, del cambio social progresivo. Un militante político está obligado a hacer cosas que un militante social no tiene por qué estar obligado a hacer, por ejemplo, a leer los diarios todos los días. Estás obligado a leer los diarios todos los días. Tenés que saber de economía. Siendo un militante social no. No tenés la obligación, si lo sabés mejor, porque sos un mejor militante social. Como militante político no podés, por ejemplo, no tener una visión crítica de tus dirigentes, no podés no tener, por ejemplo, una visión del futuro. Como militante social podés tener solamente un compromiso esporádico con una causa concreta que empieza y termina cuando estás en el comedor, o cuando estás en el territorio. Como militante político, militás las 24 horas.

Vos hablabas de un militante político que luche y que gobierne, ahora toca gobernar. ¿Cómo se perfila el Frente de Todos en el actual escenario de disputa? Desde los medios de comunicación intentan instalar un clima de desestabilización constante. El gobierno cerró el acuerdo con los acreedores externos y no duró esa noticia ni un día. El episodio de la Bonaerense rodeando la Quinta de Olivos, las repetidas marchas anticuarentenas. Por otro lado, lo económico, la tensión cambiaria que viene sosteniendo el gobierno con los grupos concentrados, llegaron hasta hablar de corralito, duró muy poco, pero la suma sigue y sigue. ¿Todos estos elementos hay que tomarlos como lo que son? ¿Simples elementos?

Te reformulo la pregunta, ¿esto es un plan orquestado o es una superposición de casualidades convenientes? Yo creo que es lo segundo, que es una superposición de casualidades convenientes que se retroalimentan. ¿Por qué creo esto? Porque todavía no identifico a un comando superior de la oposición o un plan orquestado, o un liderazgo. Digo simplemente que todo grupo político que no se siente parte del Frente de Todos, entiende que hay que desgastar al Frente para llevarlo a una crisis orgánica que permita después, en el próximo turno electoral, disciplinar a la sociedad y llevar adelante reformas estructurales mayores para no caer en el kirchnerismo de buenos modales, que le imputaban a Macri.

En segundo lugar, creo que la articulación de demandas de la derecha plantea la identificación de un malestar que siente una parte de la sociedad, como consecuencia de la recesión de arrastre y de las restricciones económicas que impone la pandemia. Y que, además, tienen a su favor la utilización de estas broncas o estas demandas por parte de los medios de comunicación para construir un relato opositor. Ahora, ¿qué es lo que tenemos que hacer nosotros? Primero, tomar nota de eso. Yo no creo que haya que desestimarlas. En segundo lugar, creo que hay que tratar de resolver algunas de esas angustias que son legítimas. Atenderlas, contenerlas y resolverlas. Por ejemplo, el tema de la inseguridad.

Los sectores progresistas parecieran que no pueden hablar de seguridad.

No, hay que hablar del tema. Hay que resolverlo. Hay que tratar de resolver cómo hacemos para que a la gente no le choreen, no le saquen el celular o no le peguen un tiro por las zapatillas. Eso es importante. Y después, obviamente creo que hay que tener una agenda propia, los temas que dividen a la opinión pública son los temas que le interesan al poder económico que la divida, pero no son los temas reales. Los problemas reales de la Argentina, en general, dividen poco a la opinión pública, porque se discuten poco.

Leandro Santoro
Leandro Santoro. Foto: Nicolás Blanco.

En esa agenda que hablas, recién podemos decir que está el DNU que hizo que se declarara servicio público a internet o el aporte solidario a las principales fortunas. ¿Cómo es esa agenda propia?

Hay ideas que nosotros necesitamos poner en cuestionamiento. Hay ideas que son más de carácter filosófico, otras que son de carácter político y otras que son carácter práctico. Desde la idea de qué significa la riqueza, pasando por si es deseable o no es deseable una sociedad de iguales, hasta cómo resolvemos la restricción externa y la ausencia de dólares que es el problema de la gobernabilidad. Las reacciones frente a los controles de cambio, que se pusieron en los últimos 15 días, fueron superiores a las reacciones que se dieron cuando Mauricio Macri prohibió la comercialización en dólares en septiembre y octubre de 2019. ¿Por qué sucede eso? Bueno, por lo que te decía anteriormente, porque además hay un aparato comunicacional que construye un relato.

Pero la demanda de dólar sigue la misma tendencia en el gobierno actual.

El punto es: hay una tendencia a la dolarización, eso es un dato. Y vos no podés acusar de conspirador a la gente que se dolariza, porque todo el mundo lo hace. Hay que dar otras alternativas de ahorro, hay que construir otra expectativa.

El aporte a las grandes fortunas es la oportunidad de discutir de una vez por todas la riqueza, en vez de la pobreza. Los recursos que le faltan a la Argentina hoy tienen que salir de una redistribución, ¿cómo se da el debate con los poderosos? ¿Es sobre la base de una reforma tributaria?

El modelo tributario lo tenemos que pensar con el modelo productivo y con el modelo social. Y, mientras tanto, hay que tratar de garantizar la dignidad, porque probablemente cuando hablamos de discutir un modelo productivo, de discutir un modelo social, hablamos de debates que pueden durar mucho tiempo. Sin embargo, las urgencias obligan a tener que replantear cómo recaudamos dinero y, entonces, hay que tratar de imponer en el debate político una mirada solidaria con la perspectiva del que menos tiene. John Rawls tiene una tesis que se llama El velo de la ignorancia, dice pongámosle un velo a la sociedad sin saber cuál es la posición que nos va a tocar a cada uno de nosotros y desde esa incertidumbre, sin saber si somos favorecidos o desfavorecidos, pensemos ¿cuál es el sistema más justo de organización social?, ¿cuánta desigualdad estamos dispuestos a tolerar?, etc. Es un ejercicio de imaginación pero que te propone pensar cuál es el horizonte de justicia y, obviamente, Rawls llega a la conclusión de que es la igualdad. La igualdad, no de oportunidades, sino la igualdad de posiciones. Tratar de que exista la menor diferencia posible entre los segmentos que componen la sociedad. Para lo cual, la igualdad de oportunidades puede ser un vehículo, pero de ninguna manera es lo único.

«Yo creo que las consecuencias sociales de la pandemia son tan grandes que es muy difícil imaginarse que de esto se sale con libre mercado.»

Ahora estas son definiciones de carácter ético-filosófico, vos me preguntás declaraciones de carácter político, yo creo que las consecuencias sociales de la pandemia son tan grandes que es muy difícil imaginarse que de esto se sale con libre mercado. Tiene que haber un Estado que cumpla un papel, no solamente para asistir, sino para crear empleo y para pensar el futuro. Ahora, nosotros tenemos que discutir no solamente cómo se redistribuye la riqueza, sino cómo se crea la riqueza, la creación de la riqueza excede la idea de la acumulación; en esa visión proactiva de la economía, en algunos países es el petróleo, en otros el cobre, acá es la soja. Entonces, esto es muy simple: Se le pone un impuesto alto a las 1.000 familias que tienen la tierra y con eso resolvemos los problemas de restricción externa de la Argentina: y… no es tan fácil. Más allá de que el tema de las divisas sea un tema importante, el tema del crédito también determina muchísimo cuál es el modelo, no es solamente decir necesito dólares para las importaciones de bienes de capital y de insumos, sino también a quién le doy un crédito y a quién no le doy incentivos. Eso requiere un paradigma. Yo creo que el gobierno tiene el paradigma de la Argentina industrial solidaria y soberana, pero es un paradigma que requiere ser complementado con la visión de la oposición política -no de la oposición económica y mediática- a los efectos de poder pensar políticas de largo plazo, porque sino estamos siempre bajo dos paradigmas que se alternan: el paradigma neoliberal de la valorización financiera y el paradigma desarrollista de la distribución de la riqueza, que se van alterando de acuerdo al devenir de las crisis macroeconómicas. Eso es lo que provoca el famoso stop and go y lo que provoca en definitiva los ciclos de ilusión y desencanto, como diría Pablo Gerchunoff. La pregunta acá es cómo se supera eso. Como sociedad tenemos que definir un modo de articulación y un modo de distribución, hay que definir un modelo de desarrollo y es un trabajo complicadísimo, porque los actores cambian y al cambiar los actores -vos decís la CGT va a estar siempre, la UIA va a estar, la bolsa de comercio también y los bancos ni te cuento. Pero la representación de la sociedad que no se considera ninguna corporación en particular, muchas veces está cuestionada por la inexistencia de partido político. Entonces, vos pensás que se puede construir un pacto de la Moncloa, como dice y reclama la derecha, sin que existan partidos políticos estables que tengan representación genuina y una visión más o menos razonable de la realidad, es muy difícil. Y es muy difícil pensar en hacer un pacto de la Moncloa con Cornejo como presidente de la Unión Cívica Radical. Siendo presidente del partido nacional dice que su provincia se va a independizar del resto de la Argentina, eso solo te demuestra cómo la leen los tipos; entonces, lo difícil que sería, por ejemplo, para cualquier presidente -mucho más de origen peronista- citar al presidente del radicalismo para pactar políticas de Estado.

Si no es Cornejo el interlocutor válido, ¿podría ser Horacio Rodríguez Larreta el que acuerde esas políticas de Estado? Supo ganar renombre desde que Mauricio dejó el gobierno y si bien se ha mantenido al lado de la gestión presidencial de la pandemia, presiona para desarmar la cuarentena cada vez que puede.

A Larreta no lo caracterizo tanto por lo que hace, sino por lo que no hace. Es difícil hoy identificarlo como un líder de la oposición, porque no tiene una formulación política. Tiene una formulación administrativa desde la gestión de los problemas de las porteñas y los porteños, del alumbrado, barrido y limpieza (ABL), pero, hasta ahora, nunca habló, por ejemplo, sobre política monetaria, hasta ahora nunca habló sobre DDHH, hasta ahora no sabemos qué es lo que piensa en relación a la política exterior de la Argentina. Sí sabemos que mucha gente que está cerca de él abreva en el paradigma neoliberal. Entonces, sabemos que frente a Venezuela van a tener una condena, frente a los EEUU van a tener una política más de cercanía, ya sabemos que eso va a pasar. Pero, más allá de las definiciones de manual, no sabemos qué es lo que piensa Larreta. Creo que es un error juzgarlo solamente por lo que dice o hace, porque lo que dice o hace, en realidad, responde más a una lógica de marketing y de la planificación de la comunicación que de una cosmovisión ideológica y política. Acá se lo juzga, por ejemplo, por las bicisendas o por la limpieza en las plazas, pero a nadie se le ocurre preguntarle cuáles son las políticas postpandemia que tiene la ciudad de Buenos Aires, a nadie se le ocurre que Larreta tendría que ayudar a las pymes o tendría que ayudar a los laburantes, o tendría que repensar el transporte o tendría que planificar la ciudad. Hoy, la ciudad te la planifican los desarrolladores inmobiliarios y nadie cree que eso es ausencia de Estado, simplemente no identifican que esa proyección se está haciendo y esa planificación se está haciendo. Y eso juega a favor de Larreta, que se lo juzga por lo que él solamente quiere que se lo juzgue. Y ahí está un desafío pendiente de la oposición, yo intento cada vez que voy a un medio de comunicación, decir: ¿Alguien me puede decir cuáles son las políticas de empleo del Gobierno de la Ciudad, las políticas habitacionales, de ambiente? ¿Es una ciudad verde Buenos Aires o es amarilla? La clase media que tanto le reclama al gobierno de Alberto Fernández soluciones, ¿cuántos reclamos le hizo a Larreta? ¿Qué pasa con los alquileres, con las viviendas que están vacías? ¿Nadie regula el precio de la tierra en CABA? Acá llegan leyes con la intención de favorecer los negocios de las grandes constructoras, cambiarle la constructividad, la capacidad de construir para arriba, parece que se espera que se vendan leyes -dinero que nadie dice que vaya para los funcionarios, pero que tampoco va para el Estado-. Si vos, por ejemplo, permitís que una constructora desarrolle una torre en un lugar donde no podría hacerlo a cambio de que financie la construcción de una plaza cercana a esa torre y, obviamente, eso también va a encarecer el precio de venta de esa torre, porque es un negocio que le sirve a los que van a vivir ahí. Entonces, es un problema enorme el de la ausencia de control en la Ciudad de Buenos Aires y de la ausencia de exigencias orientadas hacia la política local. Eso obviamente favorece mucho la buena imagen de Larreta.

Nota publicada en Revista Hamartia #35. Conseguí tu edición papel acá.