El ajuste de Larreta en la Ciudad: ahora, el impuesto a las tarjetas

Jueves 7 de enero del 2021

Escribe: Lucía Tormey

A partir del viernes 1° de enero comenzó a regir un nuevo impuesto de sellos en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) dirigido a los porteños que utilicen tarjeta de crédito. La alícuota es del 1,2% sobre las liquidaciones o resúmenes de la tarjeta de crédito, y comprende todas las compras que se realicen con cualquier tipo de moneda y en cualquier localidad, mientras el domicilio del titular se ubique en CABA.

Tarjetas de crédito, ahora con impuesto en Ciudad de buenos Aires.

La alícuota no se incluiría en el precio informado por el comercio sino que a partir de ahora los titulares de la tarjeta deben calcular un 1,2% adicional sobre el precio financiado. Las compras realizadas en cuotas y con anterioridad al 1° de enero de 2021 quedarán eximidas del gravamen.

Eva Sacco, economista e integrante del Centro de Economía Política (CEPA), explica: “si bien un 1,2% puede parecer poco, cabe agregar que muchos usuarios en el contexto actual de crisis no pagan el total del monto de la tarjeta de crédito, sino que realizan un pago mínimo y la deuda se actualiza al mes siguiente. En este caso, parte de los impuestos se capitalizarían y el valor final que terminen pagando los usuarios es mayor por efecto del interés. Todo impuesto sobre el consumo tiene mayor impacto en los sectores de menores ingresos que gastan casi todo lo que les ingresa”.

El nuevo impuesto surge del Presupuesto 2021 aprobado con la mayoría oficialista por la Legislatura de CABA en diciembre del año pasado, a pesar del rechazo de los sectores comerciantes, de las pequeñas y medianas empresas de la ciudad y sus entidades representantes como la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y la Asamblea de los Pequeños y Medianos Empresarios (APYME).

El oficialismo de la Ciudad intenta justificar esta decisión tras la medida tomada por el Gobierno Nacional de redirigir un porcentaje de los ingresos que le gira al distrito porteño. Esta modificación sobre la partida corrige una suba del presupuesto porteño que había manipulado el ex presidente Mauricio Macri con la transferencia de la policía federal a CABA. “El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, luego de que fuese revisado el porcentaje de coparticipación que había sido incrementado por Macri en 2016, emprendió un proceso de ajuste que profundiza aún más las desigualdades preexistentes: la inversión en educación será en términos reales la más baja en 10 años (de un presupuesto que año a año es menos). En la Ciudad faltan al menos 25 mil vacantes y la dinámica del gasto va en contramano de la política de la Nación y de la PBA para 2021, que prevén incrementos por encima de la inflación de sus presupuestos educativos. Pero más preocupante aún es el ajuste previsto en salud para un 2021 donde la crisis del coronavirus aún dista de haberse solucionado y todos los distritos tienen que enfrentar el mayor operativo de vacunación de la historia. Entre los rubros, que si aumentan en términos reales, crece el pago de la deuda pública, el presupuesto en seguridad y el presupuesto en publicidad”, profundiza Sacco.

En la Ciudad de Buenos Aires no podemos hablar de política de recaudación sin hablar de política de ajuste a los sectores más marginados y hoy en día más golpeados por la pandemia. Es decir, la lógica del PRO consiste en depositar una seguidilla de impuestos, aumentos tarifarios y recortes de derechos sobre los ciudadanos porteños y encauzar aquellas recaudaciones en la expansión de sus negocios especulativos e inmobiliarios, como en el caso de los predios de Costa Salguero y Punta Carrasco. Sacarle a los que menos tienen para quedarse con los recursos entre unos pocos.

Macri dispuso fondos que no correspondían a la Ciudad.

En medio de un escenario global tan devastador como el que estamos atravesando, y un desafío nacional particular de preservar a la población argentina al mismo tiempo de reactivar el consumo y las economías productivas y regionales, la gestión de Larreta en la ciudad toma un sentido contrario. El impuesto a los sellos es un eslabón más de esta cadena de políticas neoliberales, a las que se le suma un aumento generalizado de tarifas que supera la inflación prevista para el 2021: aumento de 44% en los taxis, 43% en el subte, 100% en parquímetros (que de 4 mil pasaron a ser 80 mil en los últimos años), 45% en la Verificación Técnica Vehicular obligatoria (VTV) y 82% en el valor de las multas de tránsito.

Aumenta el valor del transporte público porteño: el subte.

El impacto de esta serie de medidas y particularmente del nuevo impuesto sobre las tarjetas de crédito en los bolsillos de los porteños no suena para nada alentador. En torno a esto, la economista Eva Sacco señala que en un momento donde la reactivación económica depende fundamentalmente de la reactivación del consumo, y donde el Estado está realizando múltiples esfuerzos financieros para favorecerlo (reducción de tasas de interés, créditos a tasas subsidiadas, ahora 12 y ahora 18, créditos procrear para la construcción, entre otros), el impuesto a los sellos resulta contraproducente.

“En un año de pandemia donde una parte importante de la ciudadanía tiene que “caer” en el hospital y la escuela pública producto de la enorme crisis económica que se suma a la heredada del macrismo, como reflexión final cabe preguntarse si la fórmula Macrista-Larretista de baja inversión en servicios públicos e infraestructura concentrada en las comunas del norte seguirá dando sus frutos según la máxima de que “el votante del PRO no usa servicios públicos” o podrán nuevamente darle la vuelta discursiva, deslindándose de las responsabilidades. ¿La oposición política en la ciudad estará a la altura de la situación? ¿le encontrará la vuelta para que los votos la respalden para enfrentar el desafío político de disputar algo de poder en la Legislatura? ¿o seguirá perdiendo terreno y ocupando un rol cada vez más marginal?”