Luces (y sombras) de la Gran Manzana

Martes 9 de febrero del 2021

«Mi ira se debe a que no tengo poder, pero estoy llena de opiniones»

Fran Lebowitz

Escribe: Magy Meyerhoff

Supongamos que Nueva York es una ciudad es la nueva serie linda de ver, la primera de este 2021. En Pretend it ́s a city (su nombre original) Martin Scorsese entrevista a Fran Lebowitz, escritora y comediante,  en el bar de un club de teatro llamado The players. Y a lo largo de siete capítulos cortos mezcla la entrevista con presentaciones de Fran en talkshows (aparece un Letterman joven y pelirrojo todavía y un Spike Lee que trata de entender cómo a la protagonista le da lo mismo LeBron James que Jordan), y escenas de ella y de Scorsese en espacios populares de la gran manzana. 

Aunque el personaje de Fran resulte bastante desconocido por estas tierras, la verdad es que la protagonista es de esas personas que piensan demasiado y saben expresarlo: de todo arma frases emblemáticas, estés o no estés de acuerdo. Ella y Scorsese son, aparte, amigos desde hace muchos años (en algún momento les preguntan dónde se conocieron) y ya habían trabajado juntos en el documental Public Speaking filmado hace diez años, con una dinámica parecida a la serie. 

A lo largo de los capítulos Fran se queja de que un tercio de la gente que se cruza en la calle lleva una colchoneta de yoga a cuestas, que Nueva York es demasiado cara todavía y de que existan conceptos como el placer culposo (“Algo que me da placer nunca me va a dar culpa”). No se mete demasiado en haber sido parte de la ciudad en los setenta siendo mujer y lesbiana, en haber trabajado en medios históricos (nombra a Andy Warhol, su jefe en Interview como su enemigo y no mucho más), ni en qué se sintió hacer vendido más de un millón de copias de sus cuentos (Metropolitan Life de 1978 y Social Studies de 1981, ambos New York Times best-sellers)

Oriunda de Nueva Jersey, el estado vecino que es campo comparado con Nueva York, comparte con Scorsese el ser parte del clan inmigrante (ella judía, él italiano) y haber crecido en esa mezcla de identidades. Y cuenta cómo fue cambiando la ciudad en todos estos años y cómo lo que más le molesta es ver gente andando como si estuviera sola en la calle (de ahí el título de la serie). 

Aunque resulte un tanto snob (Scorsese dice que ya no va más allá de la calle 57) forma parte de quienes ya tienen la vida resuelta y eligen seguir haciendo arte (ella tiene 70 y él 78). Y aunque en un momento alguien desde el público le pregunta cómo definiría su estilo de vida, y ella dice que jamás usaría esa palabra (y así es cómo lo definiría), lo cierto es que tiene uno y es bastante diferente del resto:  entre sus necesidades no estuvo nunca tener una computadora, un teléfono celular ni una máquina de escribir y resulta honesto y sincero y no por eso elitista (después de todo está grabando un especial que no va a poder ver en su casa y no por eso deja de hacerlo). 

La música en la serie es también constitutiva, desde Nueva York, la hermosísima cortina compuerta por el multipremiado músico Alfred Newman, hasta los encuentros de la escritora con grandes estrellas, como la noche que Charles Mingus la persigue, abandonando un show. Y es interesante también qué partes de Nueva York eligen mostrar: como dije, no van a ver ni el Harlem, ni el Bronx, pero tampoco van a ver a la Estatua de la libertad o el Monumento a las torres gemelas. 

En Supongamos que Nueva York es una ciudad Lebowitz y Scorsese se llevan bien y él la deja hablar y quejarse de ese american way of life tan propio de allá y tan identificable también. Y nos deja un hermoso registro de su particular relación con esa ciudad donde eligieron quedarse.