500 millones de pesos a proyectos de Investigación y Desarrollo en Producción Pública de Medicamentos

Miércoles 17 de febrero del 2021

Escribe: Vanina Lombardi

Publicada originalmente el viernes 5 de febrero por Agencia TSS

La pandemia provocada por la COVID-19 no solo ha dejado en evidencia que la mercantilización de la salud no es capaz de atender a la población global ante una emergencia sanitaria como la actual, sino que también puso de manifiesto la relevancia de fortalecer a los sistemas de salud públicos al interior de los países. Esto permite facilitar el acceso a estos servicios, no solo desde los centros de atención, sino también a través de la investigación, el desarrollo y la producción de medicamentos y otras tecnologías médicas.

Durante el año pasado, la Secretaría de Planeamiento y Políticas y la Dirección Nacional de Proyectos Estratégicos del MINCYT trabajó junto con la Agencia Nacional de Laboratorios Públicos (ANLAP), que depende del Ministerio de Salud, en la definición de líneas prioritarias para lanzar una convocatoria mediante la cual se prevé destinar 500 millones de pesos a proyectos estratégicos de Investigación y Desarrollo (I+D) en Producción Pública de Medicamentos (PPM), a partir de las necesidades concretas de ese sector.

“La pandemia nos permitió darnos cuenta cuán dependientes somos y cuánto necesitamos desarrollar la industria local para adquirir la soberanía en el manejo de nuestras propias enfermedades. La pandemia desnudó también la fragilidad de nuestro sistema productivo, en términos de abastecimiento de un montón de productos”, le dijo a TSS Sonia Tarragona, subsecretaria de Medicamentos e Información Estratégica del Ministerio de Salud de la Nación. Para definir una serie de lineamientos se hicieron estudios en varias áreas sobre las capacidades instaladas en los laboratorios de producción pública, así como en los programas y áreas del Ministerio de Salud, para establecer cuáles podrían ser los medicamentos y productos estratégicos a producir.

Creada en el año 2014 mediante la sanción de la Ley 27.113, la ANLAP integra a 42 laboratorios públicos distribuidos en 15 provincias del país, como es el caso del LIF, en Santa Fe.

Cuando comenzó a crecer la cantidad de enfermos de COVID-19 en la Argentina, toda la atención estaba puesta en controlar la epidemia del dengue, que durante 2020 afectó a más de 59.000 personas en 17 provincias del país, según el último Boletín Epidemiológico que elabora el Ministerio de Salud. Otras enfermedades que reclaman gran atención de las autoridades sanitarias son el Chagas, una enfermedad endémica en el país que afecta a alrededor de 2 millones de argentinos (según datos de OPS/OMS), y la Fiebre Hemorrágica Argentina (FHA), otra enfermedad infecciosa endémica que, en este caso, suele afectar a trabajadores rurales del noroeste de la provincia de Buenos Aires, sur de Córdoba y de Santa Fe, y norte de La Pampa.

“Lo inédito es la forma holística de mirar el tema y la articulación que estamos impulsando desde ciencia y tecnología con los Ministerios de Salud y de Desarrollo Productivo”, dijo Erica Carrizo, directora Nacional de Proyectos Estratégicos del MINCYT.

Carrizo detalló los lineamientos definidos, que fueron analizados y validados este viernes por el Consejo Tecnológico Sectorial en Producción Nacional de Medicamentos del MINCYT, y que incluyen tres lineas prioritarias: una vinculada con la producción de vacunas para enfermedades de control estratégico (específicamente para la FHA, la BCG pediátrica e intravesical, para a la rabia humana y animal, y la fiebre amarilla); una segunda línea orientada a investigación, desarrollo y producción de sueros antivenenos, antitoxinas y antivirales, y medicamentos para enfermedades poco frecuentes y desatendidas (como dengue, zika, chikungunya, leishmaniasis y chagas); y una tercera orientada a la modernización tecnológica para escalado y adecuación a la normativa de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) en la producción de medicamentos, vacunas y productos médicos, para que los insumos elaborados por esos laboratorios públicos puedan tener alcance nacional.

Erica Carrizo, directora Nacional de Proyectos Estratégicos del MINCYT

“Hay líneas avanzadas en esos temas pero que les falta desarrollo. Por ejemplo, en el caso de la BCG, se produce la vacuna intravesical a baja escala, eso se podría ampliar para cubrir la demanda nacional e, incluso, pasar a producir la pediátrica, que es un paso no tan complejo. Tampoco hay una vacuna pediátrica para la FHA y las vacunas para rabia se han producido en alguna época en el país pero luego se han discontinuado. Como ya existe esa trayectoria, se podría retomar esa producción con un salto tecnológico, porque antes se utilizaba una técnica que ahora es desaconsejada por la Organización Mundial de la Salud (OMS)”, ejemplificó Nicolás Chiarante, responsable de vinculación científico-tecnológica de la ANLAP. Según Chiarante, es la primera vez que esa agencia realiza una vinculación “tan fuerte” con ciencia y tecnología a partir del involucramiento en una convocatoria de este tipo.

“La pandemia puso sobre la mesa que uno no puede transformar la política pública desde un único organismo, dirección o ministerio. Por lo general, todo termina siendo transversal. Por eso, entendemos lo interdisciplinario e interministerial como un tema de éxito, y en ese sentido tratamos de promover la integración entre los diferentes organismos y trabajamos con ciencia y tecnología, Producción, ANMAT y, lógicamente, con el Ministerio de Salud, del que somos parte”, destacó Gastón Morán, presidente de la ANLAP.

Para definir una serie de lineamientos se hicieron estudios en varias áreas sobre las capacidades instaladas en los laboratorios de producción pública, así como sobre programas y áreas del Ministerio de Salud, para establecer cuáles podrían ser los medicamentos y productos estratégicos a producir.

Creada en el año 2014 mediante la sanción de la Ley 27.113, la ANLAP integra a 42 laboratorios públicos distribuidos en 15 provincias del país, que trabajan en conjunto con universidades públicas nacionales, en el desarrollo de diferentes tecnologías médicas. “Promovemos la producción pública en base a lineamientos nacionales en los que queremos poner el foco, teniendo en cuenta lo que los laboratorios necesitan. Eso complejiza el proceso pero exige buscar consensos y puntos en común para traccionar y fortalecer la política de PPM”, dijo Morán y destacó que, a partir del vínculo con el MINCYT, ya han entregado ocho becas ANLAP/CONICET para investigadores, que comienzan en abril de este año.

Desde el MINCYT, Carrizo dijo que la pandemia los empujó a generar soluciones en el corto plazo: “Las escalas temporales cambiaron, ciencia y tecnología respondió muy bien y de forma inédita. No solo hay más conciencia del sector de ciencia y tecnología, sino también de la sociedad general, sobre generar resultados en el corto plazo, no porque queremos sino porque son necesarios, especialmente en el sector salud. Creo que la pandemia nos activó en ese sentido y que el enfoque de políticas orientadas por misión –incluido en el nuevo Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2030– permite otro tipo de seguimiento de resultados, ya que si se financia el desarrollo de una vacuna, por ejemplo, el éxito estará dado por si se obtuvo o no, más allá de los papers o investigadores que se hayan formado en el proceso”, explica la especialista.

La convocatoria se ejecutará a través del FONARSEC (con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo) y estará orientada a financiar proyectos a corto plazo (tres años) de laboratorios públicos incluidos dentro de la ANLAP. Se buscará que sean proyectos que ya estén avanzados, con la intención de lograr abastecer a la demanda nacional, en una primera instancia, y estimular la posibilidad de poder exportar esos productos en el futuro a países de la región que tengan problemáticas similares.

“Estamos hablando de un sector estratégico que, a nivel global y nacional, presenta una alta concentración de mercado. La pandemia nos puso ante una situación límite, tuvimos que encontrar respuestas rápidas y eficaces, y la ciencia y la tecnología jugaron un rol importantísimo. La idea es utilizar esa misma mirada, en el mediano y largo plazo, para otros temas de salud pública que requieran un foco similar”, concluyó Carrizo.