El protagonismo de los feminismos en el movimiento social de Chile despertó

Miércoles 10 de marzo del 2021

Escribe: Leandro Soto (*)

Las actuales manifestaciones sociales, como el caso del reciente movimiento sociopolítico chileno en el que los feminismos cobraron una fundamental centralidad, encuentran en las redes digitales la posibilidad de alcanzar nuevas formas de disputar la visibilidad mediática y la representación tradicional en el ámbito público.

PREPANDEMIA. Marcha 8M del 2020 en Chile- Foto: Lissette Fossa

Desde inicios del año 2019, Chile ha iniciado una serie de movilizaciones populares en la búsqueda de lograr transformaciones sociales, políticas y económicas. En este sentido, las manifestaciones caracterizadas como Chile despertó, sucedieron en el marco de una profunda crisis de legitimidad de las instituciones y la respuesta violenta por parte del Estado. El estallido social colaboró a iniciar un proceso de reforma constitucional, sustentado en el plebiscito favorable del año 2020, con la pretensión de modificar lo que puede ser visto como una herencia de la dictadura militar de Pinochet.

De un tiempo a esta parte, diversos movimientos sociales alrededor del mundo, como es el caso de Chile despertó, han abierto la posibilidad de reflexionar desde múltiples aristas. En plano de la mediatización, los mismos se han organizado principalmente en torno al uso de las redes digitales y nuevos medios de comunicación. Todo lo cual ha redundado en novedosas formas de cooperación y circulación de la información, que en la mayoría de los casos prescinden de la mediación de la prensa y los medios tradicionales. Si bien en la actualidad, dada la influencia producto de la alta concentración económica, es cada vez más necesaria la advertencia respecto a la dimensión de poder que ostentan las grandes empresas tecnológicas, las redes digitales se han consolidado como un instrumento central tanto para observar los nuevos modos en que se organizan las protestas y sus manifestantes, como para repensar la visibilidad en el espacio público.

En este marco general, la posibilidad de irrumpir en la escena mediática permanece en continua tensión. Los sectores históricamente relegados como las disidencias sexuales, ciertos grupos étnicos y diversas minorías que no poseen la suficiente influencia sobre los medios de comunicación, más aún si se consideran los pocos grupos que controlan el mapa de medios chileno, poseen mayores posibilidades de hacer públicas sus demandas. En apariencia, bajo la lógica de las redes digitales cualquiera que cuente con los medios y recursos suficientes, puede distribuir y amplificar sus opiniones. Incluso, en el mejor de los casos, influir con sus discursos y demandas en la agenda pública. Tal es el caso de estrategias de viralización como las producidas por el colectivo Las Tesis, que han cobrado relevancia mundial como forma de denuncia contra la violencia patriarcal.

Este hecho lleva a pensar, también en el contexto del 8M, el protagonismo de los feminismos y las juventudes como germen de la lucha colectiva. Al mismo tiempo, pone en relevancia un horizonte de suma importancia para el caso chileno en particular: que el futuro proceso constituyente, encargado de decidir la reforma por una nueva constitución, incluya un programa feminista, alcance la paridad de géneros e incluya una verdadera representación no elitista.

Tanto en Chile como en la región de América Latina, las movilizaciones populares, en la que se enmarcan y masifican los movimientos feministas, han conformado agendas tendientes a alterar y modificar el orden establecido. Si bien las redes digitales no representan el único elemento decisivo, constituyen una clave de lectura importante para rastrear parte de los procesos de intercambios en el marco de necesarios cambios sociales, y al mismo tiempo, colaboran para repensar la permanente disputa por la representación mediática.

(*) El autor es Maestrando en Periodismo (UBA- IEALC)