Sábado 8 de mayo del 2021

Escribe: Leandro Soto (*)

Las actuales manifestaciones en Colombia han puesto en primer plano, en consonancia con otros países de la región, severas desigualdades sociales, políticas y económicas en el marco de crisis signadas por medidas neoliberales. Al mismo tiempo, renuevan las posibilidades de reflexionar sobre los usos y apropiaciones de las redes digitales en contextos de movimientos y lucha social.

Al momento de escribir esta nota, y según fuentes como la Defensoría del Pueblo de Colombia, la violenta represión policial contra quienes se manifiestan ha dejado, al menos, un saldo de 19 muertos y se estiman más de 800 heridos, una parte significativa con severos daños oculares. No solamente el gran número de lesionados une estas movilizaciones a hechos como los ocurridos recientemente en Chile. También lo hace, a grandes rasgos, porque las mismas ocurren en el marco de una severa crisis social, política y económica signada por las consecuencias de las medidas adoptadas por un gobierno neoliberal. Hecho que está en consonancia con otros países de la región de América Latina. Al mismo tiempo, la pandemia mundial causada por el Covid-19, ha acrecentado las consecuencias en múltiples áreas y diversas desigualdades estructurales.

En el marco de las actuales protestas en Colombia, un recorrido general por diversos hashtags como #ParoNacional2M en Twitter, permite observar las diversas consignas contra la reforma tributaria pero además las múltiples demandas que, con el correr de los días, han encauzado las manifestaciones. Por ejemplo, en materia de acceso a la salud, trabajo y otras áreas de primera necesidad. Asimismo, videos en la red social Instagram, muchos de ellos en vivo, cubrieron parte de las detenciones y situaciones de extrema violencia policial. También se registraron escenas, que luego fueron virales, como acciones performáticas en la vía pública durante las manifestaciones.

En dichas movilizaciones, se han dado factores que pueden inscribirse en una serie de características propias de los movimientos más recientes: la gran presencia de juventudes, disidencias y diversos grupos étnicos, el desencanto contra las formas tradicionales y conservadoras de la política, la critica a determinadas instituciones de poder como los medios masivos de comunicación tradicionales y la centralidad de las redes digitales como forma de organización y difusión de contenidos.

Al respecto, interesa especialmente observar los usos y apropiaciones de las redes digitales en relación a las protestas sociopolíticas. Aquí no deben perderse de vista factores elementales como, por ejemplo, que los usuarios tienden a compartir contenidos coherentes con su propio esquema de percepción o que en las redes digitales las producciones de ciertos usuarios poseen mayor entidad y alcance. Otro factor importante, reside en las corrientes de desinformación, un aspecto recurrente en el marco de ciertas movilizaciones, sobre todo para desacreditar a los manifestantes y sus demandas. Si bien dicho fenómeno no reviste absoluta novedad para el momento actual -pueden revisarse diversos casos de noticias falsas en la plena hegemonía de los medios masivos tradicionales- si lo es respecto a la complejidad y masificación que han alcanzado con el advenimiento digital. Al respecto, es necesario no perder de vista la instalación de tendencias en las redes o, incluso, la actividad coordinada para simular la existencia de corrientes en apoyo u oposición a ciertas acciones relacionadas a la política.

Con estos factores en mente, es posible afirmar que de un tiempo a esta parte el activismo comunicativo con base en las redes y dispositivos móviles ha mutado notablemente. Recapitulando en el tiempo, ciertas posturas teóricas, muchas de ellas cuentan aún con gran aceptación, han observado en los movimientos sociales del año 2010 el protagonismo de ciudadanos – sin una conducción política visible y con cierta autonomía en sus decisiones- que movilizados por la indignación contra sectores de poder concentrados pasaron de la indignación a la acción colectiva. Fue, entonces, que encontraron en las redes digitales un modo de hacer masivo su descontento político y, al mismo tiempo, una forma de organización para traducir su “cibermilitancia” acotada a la opinión en las redes, a la acción en las calles y plazas.

En la actualidad, el límite entre la participación en el espacio público real y el espacio digital, ha puesto en tensión la problematización sobre los movimientos sociales. Al mismo tiempo, han surgido nuevos interrogantes, como por ejemplo: ¿sucede para la opinión pública una movilización sin ningún tipo de presencia en las redes digitales? Si bien es un interrogante sin una respuesta sencilla, gran parte de las actuales manifestaciones, como el caso de Colombia, permiten observar la centralidad de la digitalización. Mediante el uso de las redes, ciertas consignas de las manifestaciones alcanzan los grandes medios de comunicación y además tienden a disputar la mediación de la prensa tradicional. Tal es el caso de las coberturas amateurs o los vivos de Instagram en donde se observa, desde la mirada de los manifestantes, la brutalidad policial.

En diversas partes del mundo usuarios con gran visibilidad comparten contenidos y llevan adelante campañas de divulgación como el caso de “S.O.S Colombia”. Frente a ello, es importante no perder de vista que las redes digitales constituyen una forma de poder, controlada por un puñado de empresas, que si bien no democratizan realmente el acceso a la palabra, han modificado la visibilidad pública. También han afectado las formas de resistencia para públicos que acceden con mayor facilidad a la difusión de sus demandadas. Todo ello constituye un complejo escenario en continua disputa y transformación, más aún para América Latina.

(*) Maestrando en Periodismo (UBA- IEALC)