Siempre Mugica

Martes 11 de mayo del 2021

Escribe: Bernardita Castearena

Médico, arquitecto, abogado, periodista, ingeniero, millonario, despreocupado… Carlos Mugica podría haber sido todo lo que se esperaba de un varón de clase media-alta en la década del 50, pero -sin querer queriendo- eligió ser el cura villero más famoso de la historia argentina. En el 2020, Mugica hubiese cumplido noventa años, pero en el imaginario popular siempre va a ser jóven, va a tener el pelo para un costado, la camisa prolija, una campera de cuero y la palabra peronismo en la punta de la lengua. 

Carlos fue el personaje elegido para inaugurar la revista Cuestionario en mayo de 1973, exactamente un año antes de que lo acribillaran a balazos después de dar misa en la iglesia de San Francisco Solano. En ese momento tenía 43 años y estaba a punto de subirse a su Renault 4 azul que ese día compartía con Ricardo Rubens Capelli. Según la versión del médico que atendió a ambos en el Hospital Salaberry, Mugica suplicó que atendieran a su amigo antes que a él, aunque Capelli tuviera cuatro tiros y él catorce. Cuando por fin pudieron operarlo, el Doctor Marcelo Larcade se encontró con un quirófano atestado de hombres de López Rega que esperaban la certificación de la muerte de Carlos Mugica más que cualquier otra cosa en el mundo. 

El asesinato del padre Mugica – Caras y Caretas

A pesar de que en el ’73 Perón lo había designado como asesor del Ministerio de Bienestar, Carlos se desilusionó con la imposibilidad de pensar en transformar las villas desde adentro y renunció rápidamente. Así, poco a poco fue convirtiéndose en la piedra en el zapato de un López Rega que, luego de la muerte de Perón, tuvo vía libre para exterminar a cualquier persona que quisiera interponerse en sus planes. Días después de renunciar a su cargo, en una nota con canal 7, Carlos explicó: “yo renuncié porque no servía de puente entre las inquietudes de los villeros que quieren que sus problemas se solucionen a través de las empresas populares que traían soluciones importantes (…) El hecho de que las casas sean construidas por los villeros, con la colaboración técnica y financiera del gobierno, es una forma de economizar el dinero y de evitar intermediarios y contratistas que se llevan una parte. Por esa discrepancia, yo presenté la renuncia. Y presentar una discrepancia no se trata de generar un enfrentamiento, sino que pienso que al gobierno del pueblo no le favorecen los obsecuentes sino aquellos que dicen la verdad”

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Volviendo a la revista Cuestionario y a la entrevista que le hacen a Carlos para estrenarla, resulta muy interesante ver de qué manera el hijo del fundador del Partido Demócrata y la heredera de una pareja de terratenientes millonarios de Buenos Aires, tenía contacto con la esencia del peronismo incluso antes de conocer la figura de Perón:

“Yo soy hincha fanático de Racing, me gustaba mucho ir a la cancha. A mi padre no le sobraba la plata: éramos siete hermanos. Entonces a mí me daba un peso por semana; la popular en ese tiempo valía 50 centavos… yo iba a la popular con Nico, el hijo de la cocinera. En la cancha, durante el viaje de ida y al regreso, Nico y yo, compartíamos las mismas cosas; además éramos iguales, bueno… bueno éramos todos iguales: era la alegría simple del pueblo y Nico y yo estábamos allí. El mundo de la burguesía, en cambio, es el mundo de las diferencias; está la puerta de servicio y la entrada de la gente; una comida para el personal de servicio y una comida para los patrones. Con el fútbol me agarraba unas ronqueras bárbaras, pero, además tenía problemas de conciencia. Yo era muy piadoso… y en mis oraciones le pedía siempre a Dios que ganara Racing el domingo. Mi hermano Alejandro era de River, y él le pedía a Dios que ganara River…yo pensaba ‘ahora no se como se va arreglar Dios, y bueno…entonces habrá empate». 

Después agrega:

«Todavía era seminarista y entré a trabajar al lado del padre Iriarte, hoy obispo de Reconquista. El padre Iriarte visitaba a la gente de la parroquia; no la esperaba, la iba a buscar. No se trataba solamente de ir con la palabra de Dios; se trataba de recoger la palabra de los hombres. Tratábamos de hablar con la gente, de comprender. Era un barrio popular y la gente humilde siempre tiene problemas; había por supuesto, que evangelizar, llevar a cada uno la seguridad de que todos eran hijos de Dios, pero aparte, había que tratar de llegar a todo lo demás (…) Como en aquellas idas a la cancha con Nico, era mi otra gran experiencia de ese mundo, el mundo de los humildes del cual yo había vivido siempre distante. Pero esta vez, me iba a dar cuenta que era más adentro, bien adentro”.