Jueves 13 de mayo del 2021

La columna del imperio “Yanquis Go Home” de Juan Garda para #NoNosQuedaOtra por #la990. Guerra al interior del partido republicano. Todos los dimes y diretes del imperio del norte.

Escuchá la columna completa:

Donald Trump: interna dentro del partido republicano.

Basta con ver los titulares de algunos medios de los EEUU para volver a encontrarse nuevamente alusiones a una guerra civil. Y por mucho que uno/a crea confirmarlo a través de las fotos que muestran las colas larguísimas frente a las estaciones de servicio y gente llevándose nafta en todo tipo de contenedores y peleándose por ella (al punto que un organismo de gobierno debió twittear recordando a la población que no debe transportar gasolina en bolsas de plástico), hay que dejar en claro que estas escenas caóticas no responden a un nuevo enfrentamiento de norte contra sur, sino al hackeo sufrido por uno de los principales oleoductos que proveen de combustible a la costa este norteamericana, conocido como “Colonial Pipeline”.

Sin embargo, los medios hablan de una nueva guerra civil. Pero no una que se desarrolle en las calles, sino a puertas adentro y lejos de las cámaras. Más que una guerra civil se trata de una implosión. Y su perpetrador no podía ser otro más que el hombre petardo, la lata de bronceador en aerosol con patas, la peluca más famosa del mundo, el señor Donald Trump. Pese a no haber roto aún su autoexilio en su resort de Mar-a-Lago y continuar suspendido tanto en Facebook como en Twitter (bloqueo que prometió romper creando su propia red social, que después de meses de preparación resultó ser solamente un blog), continúa dando batalla para disputar los resultados de las elecciones, justificar la invasión del capitolio que se cobró 5 vidas y mantener el liderazgo del GOP, o partido republicano.

“Mas de seis meses mas tarde de las elecciones que marcaron la victoria de Joe Biden, Trump continua negando los resultados y se sirve del partido republicano para disputarlos”

En este caso, el terreno de batalla es el tradicionalmente republicano Estado de Arizona (que en las últimas elecciones se dio vuelta) y particularmente, el condado de Maricopa. Allí, en el distrito que dio a luz al ex sheriff y alcalde Joe Arpaio (una suerte de Sergio Berni con esteroides y sin amor por Cristina) se está llevando adelante una auditoría de los votos, a los que se recuenta a mano. Y considerando que se trata de un Estado históricamente republicano, donde la mayoría de los votos se emitieron por mail y el ganador se consagró por poco más de 10 mil votos, pese a tener más de 7 millones de habitantes, podría no parecer tan raro que se quieran auditar los resultados.

Pero lo que puede parecer razonable en el título de la noticia, da paso al absurdo y el ridículo una vez que empieza a entenderse en profundidad el tema. En primer lugar, porque no es la primer auditoría de los resultados de la elección en el condado: es la quinta. Las dos primeras fueron las usuales, que se realizan después de cada elección e implican una revisión del equipo electrónico utilizado en la votación y el recuento manual de un grupo estadísticamente significativo de votos. Las conclusiones determinaron que la maquinaria funcionaba correctamente y que el resultado del recuento digital se corresponde en un 100% con lo corroborado en el recuento manual. Aún así, tras varias manifestaciones de protesta realizadas en enero, el condado autorizó dos nuevas auditorías, que se realizaron al unísono y en paralelo por parte de dos empresas privadas que cuentan con certificación del gobierno federal. En ese caso se examinaron la maquinaria, el software, la conectividad a internet, la seguridad de las redes y las boletas en papel. Se transmitieron en vivo y se invitó a miembros de ambos partidos como veedores. Nuevamente, no encontraron indicios de ningún tipo de manipulación del resultado.

Pero la tercera es la vencida, dijo el anaranjado dueño de la pelota y mandó al senado provincial a organizar una nueva auditoría. Y, tan pronto como aparece en escena Donald Trump, le sigue detrás el ridículo. En primer lugar, porque como el Estado y su comisión electoral ya aceptaron formalmente el resultado de las elecciones, la auditoría del Senado no podría modificarlos aunque detectasen irregularidades. Y en segundo lugar y más importante, porque lo más irregular es la auditoría misma. La empresa a cargo es oriunda, cuando no, del Trumpense estado de Florida, y se llama Ciber-Ninjas. Se trata de una empresa sin experiencia en la auditoria de elecciones y cuyo dueño debió borrar su cuenta de Twitter después de recibir cuestionamientos por justificar el ataque en el capitolio y llamar a la insurrección acusando de fraudulento al recuento electoral. La misma compañía cuyos titulares twitteaban sobre un supuesto complot venezolano para alterar el software de votación, ahora centra la auditoría en analizar la composición química de cada boleta en busca de rastros de bambú (ya que afirman que China envió millones de boletas trucadas) y las exponen a luz ultravioleta para corroborar su validez a través de una supuesta marca de agua secreta incluida por Trump en el papel para evitar el fraude, que distintas agencias estatales debieron desmentir, asegurando que ninguna marca de ese tipo fue incluida en boleta alguna. La empresa afirma que no debería preocupar si ellos apoyan abiertamente a Trump o no, sino su capacidad de realizar una auditoría transparente. Pero lo que preocupa a la republicana junta electoral del Estado, es dejar las boletas de la elección bajo la supervisión de este grupo de conspiranoicos.

Y así es como llegamos finalmente a la promesa de la guerra civil. Y, como avisamos antes, no sería entre norte y sur. Ni siquiera entre demócratas y republicanos. Sino al interior del mismísimo partido republicano. Y el detonante, es la salida de la hija de Dick Chaney (ex vicepresidente de George Bush), Liz. Ella ocupaba, desde 2019, la tercera jefatura del partido republicano en la Cámara de representantes y afirmó públicamente y reiteradas veces que el partido no debía permitir el cuestionamiento al resultado de las últimas elecciones, o la defensa a la invasión al capitolio del 6 de enero. Pero el día de ayer y en una audiencia a puertas cerradas que no duró más de 20 minutos, fue despojada de su puesto y se espera que sea reemplazada por alguien leal a Donald Trump. En respuesta a esto, mas de 100 personalidades prominentes del partido republicano, incluyendo ex ministros y funcionarios que actualmente se desempeñan en diversas agencias estatales, prometen en lo que resta de esta semana publicar una carta en la que demandan al partido a realizar cambios radicales con respecto a su apoyo a Donald Trump, bajo amenaza de escindirse y formar un nuevo partido político. Restará entonces quedar atentos a ver si efectivamente se animan. Y si resulta que los republicanos se parecen tanto a los radicales, que hasta se rompen pero no se doblan.