«Nuestra región es la más desigual del planeta»

Lunes 17 de mayo del 2021

Columna «No está bien, está mal» de Nicolás Dulcich para #NoNosQuedaOtra por #la990. Imperialismo, corporaciones, y el puñadito que te corresponde.

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Imperialismo, corporaciones, y el puñadito que te corresponde.

Concentración económica y desigualdad

 Según datos de la Reserva Federal para Estados Unidos, la generación nacida entre 1980-2000 acapara tan sólo el 4.8% de toda la riqueza. Si hacemos un promedio comparativo con los nacidos entre 1960-1980, éstos acumulaban el 9% de la riqueza. Mientras que aquéllos nacidos entre 1935-1960 retenían el 21%. Estos números evidencian una creciente desigualdad en el reparto de la riqueza, que se agrava teniendo en cuenta que hablamos de un fenómeno que golpea a la generación más numerosa de la historia.

«Hoy vivimos un proceso inflacionario que exacerba los efectos negativos de la pandemia global y beneficia a las grandes corporaciones»

En América Latina, como en el resto del globo, la situación no es muy distinta: nuestra región es la más desigual del planeta (producimos riqueza, pero no se distribuye igualitariamente). Uno de esos Bancos suizos que facilitan la fuga de capitales calculó que sólo 1.700 individuos poseen fortunas superiores a los 50 millones de dólares. Si bien nuestro país no lidera esta lista regional, un puñado de empresas facturan lo mismo que millones y millones de trabajadores/as. En Argentina existen enormes niveles de concentración económica: el 50% del mercado de la Yerba Mate está concentrado por tres empresas; más del 70% de los enlatados que vemos en las góndolas fueron producidos por Arcor; Ledesma controla más de la mitad del mercado de azúcar; el 60% de las galletitas son de Arcor, Bagley o Kraft; el 80% del  mercado de panificados está en manos de Bimbo; el 80% de la leche es manejado por Mastellone y Sancor; Siderar controla la oferta de chapas; Aluar monopoliza la producción de aluminio; y ni hablar del crecimiento monstruoso de Mercado Libre (que duplicó su valor durante la pandemia).

«la historia muestra que la única forma de combatir la concentración económica y la desigualdad es con un Estado interventor»

Con este panorama, es más que bienvenido el Aporte Solidario y Extraordinario de las Grandes Fortunas que lanzó el gobierno nacional. Porque la historia nos muestra que la única forma de combatir el fenómeno de la concentración económica y la desigualdad es con un Estado interventor. La mano “invisible” de Adam Smith no existe, “son los padres”. Y lo único que “regula” el mercado es la concentración, la formación de monopolios y el fin de la competencia en favor de unos pocos.

En 1916, Lenin publicaba “El imperialismo, fase superior del capitalismo”, un estudio pormenorizado en el que mostraba el modo en que el capitalismo global favorecía un proceso extremadamente rápido de concentración de la producción en empresas cada vez más grandes: el sistema favorece que unas pocas empresas GIGANTESCAS puedan ponerse de acuerdo entre sí para fijar los precios a discreción (y en su beneficio, claro). Pasaron más de cien años y quedaron atrás los Soviets y el Estado de Bienestar occidental, experiencias que detuvieron o moderaron la voracidad corporativa. Sin embargo, con la caída del muro de Berlín se desató el frenesí neoliberal que, lamentablemente, profundizó aun más este fenómeno de concentración y desigualdad al encontrar poca o nula resistencia Estatal.

El monopolio que fija precios.

Hoy en día vivimos un proceso inflacionario que exacerba los efectos negativos de la peor pandemia global y beneficia, aún más, a las grandes corporaciones. Si a esto le sumamos la tierra arrasada que dejó el gobierno de Cambiemos, la realidad socio económica del pueblo trabajador es verdaderamente angustiante. La historia nos muestra que la única salida conocida es fortalecer la presencia del Estado y, por suerte, existen grandes expectativas en torno al seguimiento de ese camino por parte del actual gobierno nacional. Pero el tiempo pasa y las expectativas se agotan. El tiempo dirá.