Mayo Revolucionario: Pequeñas reflexiones sobre la Patria

Martes 25 de mayo del 2021

Escribe: Luciana Espíndola

 

«A la fuerza brutal de la antipatria
opondremos la fuerza del Pueblo organizado»

Eva Perón

Doscientos once años pasaron del 25 de mayo de 1810. Cayó jueves y llovía, o al menos eso conocemos de la historia que hoy es el mito fundacional de nuestra Nación.
España, “la madre patria”, que de madre y de patria no tenía nada, en febrero de aquel año ya se encontraba en manos francesas y por la metrópoli las cosas no andaban muy bien; Fernando VII encanado por Napoleón y un consejo de regencia gobernando por él.

25 de mayo

En 1810 las comunicaciones no eran muy rápidas que digamos, a  principios de mayo llegan los mensajes a Buenos Aires. Cayó la Junta de Sevilla.
Los hombres y mujeres de mayo se hacen eco de esta noticia, y algún iluminado, uno que conocemos bien, Mariano Moreno, levanta y pregona el principio de retroversión de la soberanía: si no hay soberano, el poder vuelve a manos del Pueblo.

Otro de los hombres de mayo, Manuel Belgrano, esa semana también se le planta al imperio.
Tomas Guido dice en sus memorias sobre Belgrano: «En estas circunstancias el señor Don Manuel Belgrano, mayor del regimiento de Patricios, que vestido de uniforme escuchaba la discusión en la sala contigua, reclinado en un sofá, casi postrado por largas vigilias observando la indecisión de sus amigos, púsose de pie súbitamente y a paso acelerado y con el rostro encendido por el fuego de sangre generosa entró al comedor de la casa del señor Rodríguez Peña y lanzando una mirada en derredor de sí, y poniendo la mano derecha sobre la cruz de su espada dijo: «Juro a la patria y a mis compañeros, que si a las tres de la tarde del día inmediato el virrey no hubiese renunciado, a fe de caballero, yo le derribaré con mis armas.»

Porque las negociaciones eran así, a espada o plomo, y no había lugar para considerar que pensaba la prensa, que decían las familias acomodadas o que le pasaba por la cabeza a los sectores de poder.
La historia termina como todos la conocemos; hacen volar a Cisneros y gobierna la nueva Junta de Gobierno.

Doscientos años y las cosas cambiaron un poco: el Estado Nación, conformado a través de los años, ha perdido soberanía y la Patria joven en la que hoy vivimos sufre a todas horas los embates de los que aman a otra patria: la de la guita.
Esos que no conocen otra patria más que la del dinero, que de la lengua para afuera gritan “Viva la Patria” y del bolsillo para adentro la saquean, matan y empobrecen a su pueblo, hoy son dueños de los grandes monopolios y no les basta con sus fortunas y su poco sentido de comunidad, sino que aspiran también a meter en pobres cabezas la idea de que este país, que irónicamente con lenguas de víbora dicen amar, es “inviable” (la palabra utilizada por la derecha argentina para denostar nuestra querida Argentina) y que aquí no hay futuro, que no se puede “progresar”. Entonces alientan el odio del mediopelo argentino, lo alientan con títulos que vemos todos y todas todos los días y que son fáciles de recordar:

 “Es argentina, se fue a vivir a Estados Unidos y vende más de 5 mil empanadas por mes” 

“El periodista argentino que triunfa en Inglaterra y culpa al PAMI por la muerte de sus padres”

“Se mudó de Argentina a Estados Unidos, superó el «mal del inmigrante» y hoy lidera una empresa de software”

“Se fue a Estados Unidos a trabajar como maestra y el sueldo le sobra: «En un año me compré diez pares de zapatillas»

“Emigró a Malta y a los 15 días consiguió trabajo: “Acá vivís bien, el sueldo alcanza y te olvidás de la inseguridad”

Y así como quien siembra en un pedacito de tierra, ellos van sembrando la semillita del odio, de la desconfianza, de la “inviabilidad”, porque no les basta con tomar deudas multimillonarias que pagaremos los argentinos, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, sino que culturalmente están empecinados en derribar la noción de Patria. Porque Patria significa comunidad, significa soberanía, significa justicia, significa que haya pan en todas las mesas, techo en todas las cabezas y trabajo en todas las manos.

25 de mayo

Hoy está en disputa el sentido, lo más importante, aquello que nos constituye. Pero el sentido también está impregnado de materialidad: la Patria es soberanía, es ser los dueños de nuestros ríos, de nuestra comida, de nuestra tierra, de nuestras vacunas, de nuestras propias decisiones como sociedad.

En un mundo que quiere y busca constantemente deslegitimar al Estado como órgano sustancial de representación política del pueblo, un mundo que milita la individualidad no solo como modo de vivir sino como acción política, es importante recobrar las nociones de estado y revincularlo con la Patria, para no permitir que quienes tienen como única ambición el dinero, y el poder no se apoderen de aquello que es nuestro y que nos pertenece.

Hoy los debates son más extensos, intrincados y  sobre todo son mediados por otro tipo de poderes y eso es claro.
Pero la respuesta no será nunca la eterna contemplación a las demandas de los sectores de poder, no debería serlo.
Será necesario entonces retomar un poco las certezas de hombres y mujeres de mayo, primar la convicción por sobre la diplomacia, el pueblo por sobre los intereses corporativos, y la soberanía por sobre la genuflexión.

Entonces, a doscientos once años de la Revolución de Mayo, la pregunta es: ¿cómo se construye hoy la Patria?

Como hicieron nuestros hombres y mujeres de mayo: Con voluntad y ovarios o pelotas, así se construye la Patria.