Domingo 30 de mayo del 2021

Escribe: Marcela Belardo (*)

El viernes 21 de mayo se dieron cita en Roma los líderes políticos del G20, que representan las 20 economías principales del mundo, junto con representantes de la Comisión Europea, países africanos y asiáticos, junto con 12 organizaciones internacionales, científicos y fundaciones privadas.

El G20 decidió no respaldar la iniciativa de India y Sudáfrica en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC) de liberar temporalmente las patentes para las vacunas, medicamentos y tratamientos contra el COVID-19. Una de las principales trabas actuales en el acceso a las vacunas son los derechos exclusivos que otorgan las patentes, que es un título que la autoridad nacional expide a una persona física o jurídica y, así otorga el monopolio temporal de explotación de una invención. En el caso de las patentes la protección alcanza los 20 años. Desde el comienzo de la pandemia, los laboratorios farmacéuticos han mantenido su práctica habitual de ejercer un control rígido sobre los derechos de propiedad intelectual, y han buscado acuerdos comerciales secretos y monopólicos que está perjudicando a la mayoría de los países periféricos. Al mismo tiempo, las naciones ricas se han asegurado la mayor parte de las existencias de las vacunas, mientras que el resto debe asegurarse sus propias dosis, pero en desigual poder de negociación -y capacidad de pago- con las grandes multinacionales farmacéuticas. El resultado: la escasez de vacunas debido al oligopolio farmacéutico que mantiene el control exclusivo por a las patentes, y el acceso desigual a las dosis, lo que coloca a nuestros países en una situación de “apartheid de vacunas”.

Si bien los líderes del G20 consideran a las vacunas como un “bien público mundial” y se rasgaron las vestiduras calificando a la brecha de acceso como inaceptable, vergonzosa e incluso inmoral, adoptaron la posición contraria. En la declaración final (Declaración de Roma) consensuaron “promover acuerdos de licencias voluntarias de propiedad intelectual, transferencia voluntaria de tecnología y conocimientos técnicos, y mancomunación de patentes en términos mutuamente acordados”. O sea, una medida que los laboratorios farmacéuticos no están haciendo ni están dispuestos hacer.

Mecanismo COVAX.

La propuesta política por parte del G20 para terminar con la pandemia es la beneficencia, donando vacunas a los países necesitados a través del mecanismo mundial COVAX o donando lo que les sobra a través de acuerdos bilaterales. Es la política filantrópica del magnate estadounidense Bill Gates la que prevaleció en la cumbre de salud global del G20. Gates aseguró recientemente que la superación de la pandemia del coronavirus a nivel global dependerá de que los países más ricos compartan los excedentes de sus vacunas con las naciones que tienen menores recursos económicos para adquirirlas. En esa línea, Italia y Alemania dijeron que donarían dosis a países de menores ingresos, lo que se suma a las promesas anteriores de Francia, Nueva Zelanda, Estados Unidos y un puñado de otros países.

La Unión Europea, defendiendo sus intereses en África, dijo que ampliaría su diplomacia de vacunas construyendo nuevos centros de fabricación. Por eso la próxima semana, el presidente francés estará en África inaugurando una fábrica. La iniciativa europea no es casual ya que China pisa fuerte con sus inversiones en el continente africano. Según el ministro de relaciones exteriores chino su país es el mayor proveedor actual de vacunas en África.

El presidente Xi Jinping formuló cinco propuestas. Afirmó que destinará 3 mil millones de dólares adicionales en ayuda internacional durante los próximos 3 años para los países periféricos, proveerá más vacunas al mundo, realizará transferencias de tecnologías y se compromete a producirlas junto con otro países. Al mismo tiempo, sostiene la liberación de la propiedad intelectual de las vacunas en el seno de la OMC y en otras instituciones y apoya una rápida decisión sobre el tema. Por último, propuso un Foro Internacional de Cooperación de Vacunas que explore maneras para una justa y equitativa distribución de vacunas en el mundo.

El otro gran jugador en la producción y distribución de vacunas a nivel mundial es Rusia pero el discurso de la viceprimera ministra rusa Tatyana Golikova no ofreció ninguna propuesta de solución global sino que estuvo centrado en la defensa y éxito de la vacuna Sputnik V, resaltando que fue el primer país del mundo en registrar una vacuna contra el Covid-19. También señaló que Rusia está trabajando fuertemente en el desarrollo de otras tecnologías contra el COVID-19.

Las empresas farmacéuticas, los verdaderos cerebros de la propuesta de donaciones, se comprometieron a entregar mil millones de dosis este año. El jefe de Pfizer, Albert Bourla, dijo en la cumbre que “Pfizer y Biontech se han comprometido a entregar dos mil millones de dosis de nuestra vacuna Covid-19 a países de ingresos medios y bajos durante los próximos 18 meses”. Pero luego aclaró que no se trataba de donaciones, sino que los países pobres obtendrían el medicamento al costo, mientras que los países de ingresos medios obtendrían un descuento de la mitad del precio de alrededor de 20 dólares por dosis que se pagaba en los países ricos. Una portavoz de Biontech aclaró también que aún no han decidido si utilizarán la iniciativa global COVAX u otra manera para cumplir con la promesa. Según el diario Washington Post, la cantidad de dosis prometidas para este año no es una nueva asignación y aunque los líderes de la Unión Europea mencionaron 100 millones de dosis más de Moderna, la compañía estadounidense no emitió ningún comunicado sobre nuevos acuerdos.

También estuvo presente la directora general del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Gueorgieva, quien presentó un plan de 3 puntos para salir de la pandemia. Afirmó que se deberá vacunar al menos al 40% de la población mundial para fines de este año y al menos al 60% para el primer semestre de 2022. Pero para hacerlo, se necesitan más subvenciones para la iniciativa mundial de vacunas, COVAX, la donación de las dosis excedentes de los países ricos y permitir los flujos fronterizos de materias primas y vacunas terminadas. El costo de este plan es de 50.000 millones de dólares, que de llevarse adelante sin dilaciones podría inyectar 9 billones en la economía global para 2025 debido a una reanudación más rápida de la actividad económica. “A estas alturas todos sabemos que no hay un final duradero para la crisis económica sin un final para la crisis de la salud”, dijo Georgieva. Una visión bastante lineal que asocia la crisis económica exclusivamente con el desarrollo de la pandemia, ocultando así las recurrentes y cada vez más profundas crisis de la economía mundial.

Por último, los líderes del G20 reafirmaron su apoyo al ACT Accelerator, el plan de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para acelerar el acceso a tratamientos y herramientas para aliviar la pandemia, pero se abstuvieron de comprometerse claramente a financiarlo por completo.

En definitiva, los lideres del G20 ofrecieron muy pocas soluciones y menos aún iniciativas conducentes para mitigar los estragos de esta catástrofe que hoy se expresa en 169 millones de contagios, 3.5 millones de fallecidos, 100 millones de nuevos desocupados y 500 millones más de pobres.

(*) Investigadora de CONICET en el Instituto de Estudios Sociales en Contextos de Desigualdades (IESCODE-UNPAZ). Miembro de RAIIS. Especialista en Salud Internacional y Políticas de Salud.