Lunes 31 de mayo del 2021

Escribe: Magy Meyerhoff

“Las acciones son correctas en la medida en que tienden a promover la felicidad”

    John Stuart Mill

Durante toda la vida se nos construyó la idea de que el alcohol en exceso lastima, destruye, corrosiona, vulnera. Más allá de la moral, hemos escuchado hablar de cuántas neuronas mueren cada vez que tomamos más de dos copas de vino, cómo los reflejos disminuyen, el control va desapareciendo, los tejidos se van rompiendo. Pero qué si dejamos todo eso de lado y empezamos a pensar para qué sí nos sirve el alcohol. Por qué en toda fiesta hay cerveza. Por qué tomar una medida de whisky nos da valentía. Porque no todo es bueno o malo, simplemente. 

‘Otra ronda’ es de esos hitos que llegan desde Europa, con una premisa a priori muy propia de esas vidas que nos hacen creer que todo allá es más posible (o menos cuestionable). Cuatro profesores de una secundaria en Copenhagen que deciden iniciar un peculiar experimento sociológico basado en la teoría del psiquiatra y escritor noruego Finn Skårderud, que dice que los humanos nacemos con un déficit de 0,05% de alcohol en la sangre, y es cuando compensamos esa diferencia que nos convertimos en nuestras mejores versiones.

Estos cuatro profesores (Mads Mikkelsen, Thomas Bo Larsen, Magnus Millang, Lars Ranthe) están abrumados: o porque sienten que ya no tienen nada nuevo que aportar en las clase, o porque sus familias les demandan mucho más de lo que pueden dar, o porque simplemente no están disfrutando la vida. Hasta que en el cumpleaños número cuarenta de Nikolaj, el profesor de psicología, empiezan a tomar con ganas y llegan a sus casas a la mañana siguiente, después de haber bailado hasta en el bosque, destruidos, pero felices. Y es ahí cuando Nikolaj les comenta la teoría de Skårderud y les pregunta que qué si mantienen el nivel de alcohol en 0.05% y escriben acerca del proceso. 

Thomas Vinterberg dirige esta premisa increíblemente. La película tiene escenas radiantes como cuando icónicamente nos hacen replantearnos cómo entendemos el éxito y el camino que nos lleva a eso de manera pulcra y sin excesos a partir de la biografía de tres personajes claves de nuestra historia. En una entrevista con La Nación el director contó: “Yo no quería hacer una película moralista. Quería transmitir la idea de que el alcohol también puede elevar a las personas y hacer que tengan un corazón más grande. Creo que nunca somos del todo objetivos frente a esa cuestión y por eso le pregunté a mi coguionista Tobias Lindholm por qué no hacer una película sobre el alcohol que se pareciera a una encuesta. Y hacerlo sin hacer juicios de valor ni tratar de ser moralista. Insisto con esto. Queríamos además que no se viera como una apología o una publicidad encubierta del consumo de alcohol. Porque Otra ronda no es una película sobre el alcohol, sino que habla de cómo elevar a las personas, cómo mejorarlas”. 

Como cuestión también imprescindible, podemos notar la de actuar como si de verdad hubiesen estado borrachos. En una nota que la BBC le hace a Vinterberg y a Mikkelsen, cuentan cómo fue ese recorrido. Como parte del proceso de ensayo, pasaron dos días bebiendo frente a la cámara y midiendo su concentración de alcohol en sangre con alcoholímetros digitales (tal como lo hacen los personajes en la película). Con eso, estudiaron las imágenes para asegurarse de que estaban simulando el grado correcto de alcohol en cada escena. El metraje más esclarecedor, dice Mikkelsen, fue de los períodos en los que todavía estaban bastante sobrios. “Si estás bebiendo, en lugar de observar, te sentís bien y natural si tomaste dos o tres cervezas. No ves ningún signo de embriaguez. Pero si estás mirando desde afuera, podes ver y escuchar claramente en las voces de las personas, la forma en que son un poco más ruidosos y la forma en que se mueven un poco más libremente y sin apretar. En ese nivel socialmente aceptable, se trata de pequeños matices, pero las señales están ahí”. Así, a dupla de director y protagonista, que ya habían compartido cartel el La caza, otra nominada a mejor película internacional en los Oscars del 2012, construyeron ese mundo.

La parte más triste de todo esto fue cuando en el discurso de Vinterberg en los Oscars, después de haber ganado la estatuilla a mejor película internacional, nos enteramos que se lo dedicaba a su hija y el lunes a la mañana no hubo medio que no nos cuente qué había pasado con eso: Ida, que volvía a Dinamarca con su mamá, chocó y murió en ese momento. Ella había participado del guión y estaba yendo a grabar, porque iba a interpretar a la hija de Mads Mikkelsen. En la entrevista que le dio a La Nación contó cómo fue el proceso de seguir a pesar de la pérdida: “Fue la decisión más terrible que tuve que tomar en toda mi vida. Ella amaba muchísimo este proyecto y la película está dedicada a su memoria. Puede sonarle a usted muy extraño, pero me tocó discutir este tema con ella en mi cabeza después de que falleció. Y en esa conversación noté que le agradaba mucho la idea de que yo finalmente contara esta historia en vez de dejarla”.

Y quizás sin tanta sorpresa, Thomas Vinterberg se reunió cuando todavía estaba en Los Angeles con Appian Way, la empresa productora perteneciente a Leonardo Di Caprio. La remake de Another Round va muy en serio y es probable que los involucrados quieran convertirla en una gran merecedora de premios en alguna temporada del futuro. Tendremos que esperar a ver qué pasa.