Balotaje y polarización: Una elección clave para la democracia peruana

Viernes 4 de junio del 2021

Escribe: Álvaro Fernández Castex (*)

Después de la salida anticipada de dos presidentes y en un contexto de inestabilidad política y gran polarización, el domingo 6 de junio el pueblo peruano vuelve a las urnas para elegir a su próximo presidente que surgirá entre un candidato de la izquierda con base rural y una candidata de la derecha con gran apoyo urbano.

Luego de una primera vuelta electoral en la que se presentaron 18 candidatos presidenciales y ninguno de ellos logró alcanzar el 20% de los votos totales, el próximo domingo 6 de junio se llevará a cabo la segunda vuelta electoral en la cual la población peruana deberá elegir entre dos candidatos: Pedro Castillo y Keiko Fujimori.

En Perú la elección presidencial se rige por sufragio directo y mayoría absoluta. Para ganar en primera vuelta hay que superar el 50%, de lo contrario, tal como lo establece el sistema electoral, hay una segunda vuelta. Frente a la dificultad de superar la mayoría absoluta en la primera instancia, se genera una alta fragmentación partidaria. Una de las grandes consecuencias es que la vasta oferta electoral no traduzca de manera real las preferencias de la ciudadanía. Así los partidos y en especial los más pequeños, se presentan para forzar otra ronda electoral y negociar su apoyo con alguno de los candidatos en el balotaje.

Pedro Castillo.

Con este mecanismo de elección, quien presida el ejecutivo puede enfrentarse a un bloqueo legislativo y en consecuencia, a una crisis de gobernabilidad porque la conformación del congreso se determina con los resultados de la primera vuelta. La relación entre la figura presidencial y el poder legislativo en Perú es clave porque este último tiene la posibilidad de negarle la confianza y hacer caer al gobierno. Si bien el país andino se rige por un sistema presidencialista cuenta con este arreglo institucional típico de los regímenes parlamentarios.

En estas elecciones la gran sorpresa es Pedro Castillo. Un maestro y líder sindical con gran apoyo del sector rural. El candidato, se presenta a través de Perú Libre, un partido político que se declara de izquierda marxista y que en primera vuelta logró obtener el 19% de los votos, convirtiéndose en el partido más votado. Castillo, irrumpió en la escena política peruana en 2017 cuando dirigió una protesta de profesores a lo largo de todo el país durante 75 días. Revolucionario en lo económico y con algunos rasgos conservadores en lo social, propone una reforma en el sistema de acumulación a través de nacionalización de sectores estratégicos y una economía popular. Sin embargo, recoge críticas de la izquierda progresista por su posicionamiento en contra del aborto, matrimonio igualitario y enfoque de género en la educación escolar.

Keiko Fujimori.

El candidato de la izquierda compite contra Keiko Fujimori, hija del ex dictador Alberto Fujimori quien actualmente cumple condena por violación a los derechos humanos. En su campaña electoral declaró que como presidenta promoverá su indulto. La candidata, representa a la derecha conservadora tanto en lo económico como en lo social y es la tercera vez que llega a segunda vuelta, lo hizo sin éxito en 2011 y 2016. Habiendo cursado los estudios como administradora de empresas entró en la política peruana por la vía democrática como congresista en 2006 y desde 2010 preside el partido político Fuerza Popular. Actualmente está acusada por presunta organización criminal, lavado de dinero y obstrucción a la justicia por los aportes que habría recibido de la empresa Odebrecht para financiar su campaña presidencial en 2011.

Para la joven democracia peruana, se presenta un novedoso desafío: el balotaje se disputa entre dos opciones políticas extremadamente opuestas. Una polarización clásica atravesada por el clivaje campo – ciudad. Fuerza Popular concentra el voto urbano de Lima y las principales ciudades en las que se desataron fervientes campañas anti Castillo signadas por el miedo al comunismo, la confiscación de la propiedad privada y su supuesta relación con Venezuela. Por otro lado, votantes de zonas rurales en las que Perú Libre arrasó en primera vuelta colocan a Fujimori como la cara capitalismo salvaje urbano y financiero que genera marginalidad y desigualdad.

En primera vuelta la mayor parte del electorado no ha votado por estos candidatos, sumando los resultados electorales de Fuerza Popular y Perú Libre se llega a un magro 32% de los votos totales. En este contexto de gran incertidumbre y con el balotaje como rutina electoral, el voto peruano suele decidirse por el “antivoto”. Es decir, la decisión de un elector de no votar a un determinado candidato bajo ningún punto de vista. Esto fue un factor clave en las elecciones que Keiko buscó la presidencia (2011 y 2016), ella cosecha una gran proporción de antivoto por el pasado gobierno autoritario de su padre. Incluso, para algunas encuestas recientes, Fujimori alcanza el 50% de antivoto, mientras que Pedro Castillo cosecha casi un 40%.

El 28 de julio, quien asuma la primera magistratura se enfrentará a un congreso atomizado e hiperfragmentado. Compuesto por 130 congresistas, Perú Libre logra la primera minoría con un 28,5% de los escaños y Fuerza Popular solo controlará un 19%. Sin embargo, el peor escenario podría ser para Castillo ya que los demás partidos con una cantidad considerable de bancas responden a la derecha y actualmente apoyan la candidatura de la hija del ex dictador. Con lo cual podría enfrentarse a una coalición legislativa conservadora que obstruya y bloquee la agenda política de su gobierno generando una nueva crisis de gobernabilidad.

Keiko y Castillo.

En un contexto electoral atravesado por la inestabilidad política y económica – sin olvidar la crisis sanitaria causada por la pandemia de coronavirus- el domingo 6 de junio más de 25 millones de peruanos y peruanas deberán elegir el destino de su país entre dos opciones polarizadas y con altas tasas de antivoto. Entre el supuesto miedo a la “dictadura comunista” que genera la propuesta de Pedro Castillo y la “demodura” que quiere implementar Keiko Fujimori, el gran desafío para la ciudadanía peruana será seguir luchando por una democracia más participativa, inclusiva e igualitaria.

(*) Politólogo. Maestrando en Gobierno (UBA)