Domingo 6 de junio del 2021

Escribe: Francisco Figueroa

La historia sucedió en Francia

Una noche de 1954 un desconocido llama a la puerta de la sede de un club de fútbol. Se presenta como Josef Zacarías y dice ser integrante de “El equipo de oro”, la selección húngara que ese mismo año había llegado a la final del mundial de Suiza desplegando un fútbol vistoso y efectivo.

“Me fui de Hungría por razones políticas y me gustaría jugar en su club” explica Josef al Louis Henno, presidente del club, que esa misma noche lo había recibido con la mejor cerveza de la casa. Eran años de posguerra y el país magiar sufría una profunda crisis económica y social. “Varios compañeros de selección están en viaje para aquí”, agregó, y la felicidad de Henno fue completa.

Zacarías, el tercero de pie.

La presentación de la nueva estrella y del plantel había sido fechada para el 31 de julio a las 11 de la mañana, en un amistoso en el estadio del club. Hasta entonces, todo se mantenía en un estricto secreto a la prensa y Zacarías disfrutaba de los mejores hoteles de la ciudad, vanagloriándose de su fútbol exquisito qué, hasta aquel momento, aún no había demostrado en suelo francés excusándose en el agotamiento producto de la copa del mundo y el largo viaje desde su país…

El problema arrancó con un telegrama

Mientras Zacarías y sus compañeros se preparaban para arrancar el partido, un papel venido de Hungría recorría las manos de los dirigentes: estaba firmado por Josef Zacarías, quien anunciaba que él nunca había abandonado su Budapest natal y aquel hombre ahora entraba en calor era en verdad un impostor. Las dudas se disiparon en los primeros minutos, el supuesto Zacarías lejos estaba de parecer un jugador de “El equipo de oro” y fue tal el desastre que Henno, el presidente, decidió suspender el encuentro en pleno desarrollo. El falso Zacarías fue arrestado en el campo de juego por “falsa declaración y violación de orden de deportación”: entre sus pertenencias se encontraron documentos pertenecientes a Ladislav Vereb, un legionario checoslovaco desertor de la guerra de Indochina, cuya única explicación fue que “estaba pasando un mal momento y necesitaba ayuda”. Cuenta la leyenda qué, mientras se lo llevaban, Vereb balbuceó una maldición que duraría más de medio siglo y el club, que venía de ser campeón en 1954, descendió en la temporada siguiente.

El fin de “la maldición de Zacarías”

El Lille Olympique Sporting Club nació en 1944 como resultado de la fusión entre dos clubes de la ciudad homónima (ubicada al norte de Francia justo en la frontera con Bélgica) y hasta “la maldición de Zacarías” vivió su época dorada: los títulos ligueros de 1946 y 1954 auguraban un futuro brillante que se esfumó al poco tiempo, con constantes travesías por la segunda división francesa. En el medio, seis títulos de la Copa Francia que lo convierten en el cuarto más ganador de este trofeo y un puñado buenas campañas en la Ligue 1 que siempre se veían interrumpidas por la temible maldición. Patrick Kluivert, Gervinho, Joe Cole o Eden Hazard fueron algunos de los nombres más significativos que vistieron la camiseta roja, y fue Eden Hazard quién, en 2011 lideró a los héroes que romperían la maldición: aquel equipo consiguió la Ligue 1 y la Copa Francia en un mismo año, un hecho inédito en la historia de “los dogos”.

Eden Hazard, Lille.

La venta de las figuras del plantel campeón generó una nueva caída en la escuadra norteña, que en 2017 contrató a Marcelo Bielsa en busca de alejarse del descenso. El paso del argentino, que duró solo nueve meses, concluyó con 3 partidos ganados, 3 empates y 7 derrotas, y un juicio millonario por incumplimiento de contrato. Christophe Galtier, luego de un interinato de una junta técnica, tomó las riendas del club con el Lille en la zona roja del campeonato. Y comenzó la revolución.

Christophe Galtier, Lille.

En solo dos temporadas, Lille pasó de luchar por no descender a jugar la Champions League gracias a la mano de Galtier y de Luis Campos, director deportivo del club, quién propuso una política de fichaje de jugadores jóvenes rodeados de unos pocos experimentados. Burak Yilmaz fue uno de ellos: el turco llegó con 35 años y se convirtió en el goleador del campeón con 16 goles. José Fonte, defensor portugués y capitán, lideró una defensa rocosa que contó también con Mike Maignan, el arquero menos goleado de toda Europa. Somauré, Renato Sanches e Ikoné fueron otras de las “grandes jóvenes” revelaciones de la Ligue 1, que cambió de dueño después de tres títulos consecutivos del todopoderoso PSG de Neymar y Mbappé (triunfo del Lille en el “Parque de los Príncipes” incluido).
Bajada la espuma de los festejos, Christophe Galtier anunció que no continuará como entrenador. Mike Maignan, defenderá la valla del gigante Milan italiano y el éxodo corre riesgo de ser masivo. Pero los hinchas están tranquilos, y ya nadie nombra en el club la leyenda de un tal Zacarías…