Miércoles 9 de junio del 2021

Carlos Caramello, escritor y periodista, en comunicación con #NoNosQuedaOtra por #la990. Reflexiones histórico políticas sobre las batallas inconclusas de Pavón y Cepeda. Su rastro en la actualidad. Los soldados que ya no están de acuerdo con que hay que dar batalla, y la ayuda que necesita la vacuna para poder ganar las elecciones.

Escuchá la nota completa:

Carlos Caramello.

Batallas inconclusas

“”No dispare, general, que va ganando” dice la leyenda, que le grita un oficial del Ejército porteño al general Bartolomé Mitre, que en la batalla de Pavón había definido que había vencido y se estaba volviendo para Entre Ríos a subirse a los barcos y a tratar de llegar a Buenos Aires. Esa frase aplica perfectamente a la actualidad. Yo creo que por supuesto Pavón y Cepeda son dos batallas, a mi juicio, inconclusas, y que están íntimamente ligadas, donde queda clarísimo que el ejército gana y el general al frente del Ejército se retira. Él, individualmente, además. Urquiza hace girar el caballo y se retira al paso además, como demostrando que no se iba perseguido sino, incluso por decisión propia, incluso después habla en una carta que “padece cansancio moral” y algunas cosas más. Es la defección de un hombre frente a un ejército victorioso, cuando el ejército victorioso popular, federal, que había vencido una vez más en la batalla de la misma manera que había vencido a Mitre en Cepeda, el que defecciona es una persona, y a veces uno se pregunta cuánta responsabilidad es esa responsabilidad personal, esa locura de que mientras todos avanzamos y nos peleamos y tratamos de empujar y de ganar los espacios que consideramos son necesarios para que en esta patria vuelva a haber un poco de justicia social y soberanía política. Qué complicada que puede ser la actitud de un hombre que esté al frente de la tropa”.

“Este armado que ganó y asumió el poder en Diciembre de 2019, tiene a soldados que no están tan de acuerdo con dar batalla, y eso es peligrosísimo”

“A diferencia de aquel ejército, que además después lo espera mucho tiempo a Urquiza para que vuelva y aseste el golpe definitivo al Ejército de Bartolomé Mitre, cosa que nunca ocurre, porque Urquiza había pactado con algo más que con Mitre, Mitre era nada más que la representación de un poder que lo excedía, estaba la masonería, los intereses de Estados Unidos… De la misma manera que aquel Ejército federal era un ejército seguro detrás de una idea, convencido de eso, yo siento que esta coalición, esta entente, este armado que ganó hace un año y medio ya y asumió el poder en Diciembre de 2019, tiene en su propio seno a soldados que no están tan de acuerdo con que haya que dar batalla, y eso es peligrosísimo, sobre todo para los otros soldados que son los que se están exponiéndose en el campo de batalla. Porque no hay que olvidarse que Mitre, cuando pudo solidificar su situación y salir de la estancia donde estaba guarecido porque no tenía caballada, lo primero que hizo fue a mandar a degollar a todo el Ejército Federal. Y en esto no hay metáfora, coroneles y generales extranjeros, casi todos uruguayos, y sicarios, parece una broma, sicilianos. Trajeron mercenarios, expertos cuchilleros, que fueron los que degollaron a los soldados del Ejército Federal, en muchos casos, agarrándolos dormidos además. Ni dios permita que nos agarren dormidos, guarda con eso. Yo sé que hay mucha gente que está en el frente de la batalla tratando que la Argentina vaya un poco más hacia donde esperábamos que fuera en el momento que votamos a Alberto Fernández”.

“La situación más compleja que el gobierno ha enfrentado, además del virus que nos dejó el macrismo, es sin lugar a dudas la pandemia, el COVID, y en ese sentido me parece que después de una larga y ardua batalla, empiezan a aparecer los resultados. Ahora, confiar los resultados electorales a la vacuna es como el que se vacuna y confía su vida a la vacuna. La vacuna necesita que además nos sigamos cuidando y protegiendo, y haciendo bien las cosas. Y me parece que el gobierno todavía no se ha puesto el barbijo de trabajar como hay que trabajar los salarios, no toma la distancia social de ocuparse de precios y de tarifas, y básicamente no tiene un proyecto épico, no enamora en su épica. Hay que prepararse para lo que puede ser una gran fragmentación: nuestra, y digo nuestra porque yo lo voté y me siento parte de eso, y también del adversario, que no las tiene todas fácil. Una gran fragmentación muy similar a la de 2001, cuando al Congreso de la Nación llegaron 18 partidos distintos”.