¿El gobierno tiene plan económico?

Sábado 26 de junio del 2021

Escribe: Nadia Schuffer

A raíz de algunos intercambios que se vieron entre autoridades del tesoro de EEUU, del gobierno nacional y algunos periodistas, esta semana tomó especial relevancia un tema que se discute desde que comenzó la gestión de Alberto: la existencia o no de un plan económico.

Este debate se da en el marco de la discusión con el FMI (y el proceso de renegociación de deuda en que se encuentra la Argentina) y tiene como fundamento las exigencias que históricamente impone el fondo para los acuerdos: reducción del déficit fiscal (o sea que el estado no gaste más de lo que recauda), proyecciones de inflación y crecimiento definidas, etc. Todas cuestiones supuestamente le dan al fondo la garantía de que como deudor les vamos a poder pagar porque tenemos las cuentas ordenadas.

Ministro de Economía de Argentina, Martín Guzmán, y la Titular del FMI, kristalina georgieva.

Esta discusión puede quedar un poco abstracta teniendo en cuenta que la pandemia rompió las estructuras predeterminadas y todos los pronósticos posibles.

Los Estados están gobernando dentro de un marco de incertidumbre enorme y las proyecciones no se están cumpliendo en ningún país del mundo (sea Estados Unidos o Argentina). Se creía que la pandemia iba a durar meses y va acercándose al año y medio. A esto se le suman problemas con la producción y provisión de vacunas a nivel mundial (cabe remarcar que la campaña de vacunación en Argentina viene muy bien y con producción local incluida). Por último, a este panorama se le suma la disputa geopolítica entre Rusia, EEUU y China, los aumentos de precios internacionales de las materias primas, etc.
Entonces, ¿el gobierno tiene un plan económico?

En este escenario es difícil presentar proyecciones con números cerrados como si la economía se tratara de una ciencia exacta. Sin embargo, esto no quiere decir que el gobierno esté improvisando y no tenga plan, sino que tiene el que puede dentro de la situación que le toca gobernar.

Pandemia.

Y acá cabe plantear algunos puntos para debatir la idea de que “no hay plan”.
Hay lineamientos de política económica que son pilares de este gobierno y este los viene ejerciendo desde el principio de su gestión y de la pandemia (que fueron prácticamente al mismo tiempo): recuperación económica (partiendo de una crisis), el cuidado de la producción y del empleo, la promoción de las exportaciones y la sustitución de importaciones.

Estas acciones tienen componentes de corto plazo y otros de mediano, pero la idea general es la de tranquilizar la economía. En términos macroeconómicos – con aciertos y con errores- eso está sucediendo: se logró reestructurar la mayor parte de la deuda que dejó el gobierno de Cambiemos y se avanzó en las negociaciones con el FMI, se implementaron programas como ATP y REPRO para sostener la producción durante los meses más duros de la pandemia, se llegó a niveles muy bajos de déficit primario. También se implementaron programas de controles de precios (Precios Máximos, Precios Cuidados, ahora Super Cerca, acuerdos sectoriales, etc.).

En cuanto a las tarifas, se aplicaron aumentos muy por debajo del índice de precios para que no operen como un componente inflacionario y para que los salarios no sigan perdiendo poder adquisitivo. Tampoco se prevén nuevos aumentos de luz, agua y combustibles en lo que resta del año. En términos de ayuda a los y las más pobres se implementó el IFE, se amplió la cobertura de la tarjeta alimentar, etc.

Teniendo en cuenta todo esto, la idea de que no hay plan queda un poco vacía. Puede no ser el plan que quieran algunos sectores, pero eso no significa que no exista.

Esto no quiere decir que el gobierno no esté teniendo dificultades para resolver otros problemas como la inflación y los elevadísimos niveles de pobreza que tiene el país, los cuales debe combatir con mayor determinación, tocando intereses concentrados para que nuestros y nuestras compatriotas que hoy están últimos en la fila puedan ponerse de pie.

En este punto es importante contraponer la idea de plan de corto plazo con la de planificación a mediano/largo plazo porque tanto la pobreza como la inflación son problemas con aditivos coyunturales, pero con componentes estructurales relevantes.

Planificar no significa armar proyecciones numéricas o un plan cerrado, como decía el economista chileno y ministro de Allende Carlos Matus: “La planificación se refiere a hacer caminos para transitar hacia al futuro, no a predecir el futuro”.

Carlos Matus, ministro de economía de Salvador Allende.

Desde la tradición heterodoxa -o campo nacional y popular-, la planificación es un tema central, a diferencia de la idea de improvisación que se busca instalar constantemente.

Revisando en nuestra historia, podemos encontrar los planes quinquenales de los gobiernos de Perón, los cuales representaron la experiencia de planificación más completa que tengamos. Y esto, lejos de quedar antiguo, reafirma que en este mundo cada vez más complejo se vuelve imperiosa la necesidad de volver a la planificación.

Siempre hay alguien planificando. Si no es el Estado, es el mercado. Y esto no quiere decir que se deba excluir al sector privado de la planificación, sino que es necesario que el sector público ocupe el rol de ser el articulador central de ese proceso porque, citando nuevamente a Matus: “El mercado es ciego al costo ecológico de los procesos económicos, es sordo a las necesidades de los individuos y sólo reconoce las demandas respaldadas con dinero”.

El debate más rico para dar está en pedir y sobre todo aportar para tranquilizar la economía como plan de corto plazo, pero exigiendo la formulación de una planificación de mediano-largo plazo, cuyos pilares -sin lugar a dudas- deben que ser el desarrollo económico con inclusión social sostenible en el tiempo.