¡Viva Chile!

Martes 29 de junio del 2021

Escribe: Magy Meyerhoff

Con la movilización del pueblo chileno que dio como fruto la reforma de su Constitución Nacional este año, y que rige desde 1980, desde la redacción de Hamartia buscamos dos películas: una que abre la historia, con el golpe militar de Pinochet en 1973 y una que la cierra, quince años después, con el plebiscito que votó su no reelección. 

MACHUCA

Machuca cuenta la historia de Gonzalo Infante, un niño de once años que estudia en el Saint Patrick, un reputado colegio religioso cuyos estudiantes provienen de la clase media alta (más alta que media) de Santiago de Chile. Un día de 1973, su rector, el padre McEnroe, trae al establecimiento a un nuevo grupo de niños, todos ellos de clase popular, con el fin de educarlos sin discriminación, en un intento de promover el respeto mutuo entre estudiantes de diferentes clases sociales. Y hete aquí que a uno, a Pedro Machuca, lo sientan atrás de Gonzalo. Y después de un par de peleas, se empiezan a hacer amigos.

Dirigida por Andrés Wood e inspirada en la vida de Gerardo Whelan, un sacerdote estadounidense que fue rector del Saint George School de Santiago (colegio donde se filmó parte de la película), el cual incorporó, gracias a un proyecto de integración, a estudiantes de escasos recursos en la institución. Y esto, en la película, es el disparador de cómo los niños, pero también las madres y los padres, se sentirán amenazados y no tardarán en poner en juicio la decisión del rector. Tiempo durante el cual Gonzalo y Pedro se van a hacer cada vez más cercanos, visitando y rodeandose de realidades que les son tan ajenas, pero que (como funciona siempre en las grandes ciudades) estaban sólo a un par de cuadras.

El casting de la película es hermoso. Desde un Federico Luppi en clave de poderoso y pendenciero, como amante de la madre del protagonista hasta el mismo Gonzalo, interpretado por Matías Quir, quien después de la película jamás volvió a actuar. Sumado a el resto del reparto joven que está muy bien. Y representan escenas icónicas, como cuando Gonzalo acompaña por primera vez a Pedro y a Silvana (la vecina de Pedro, que se enamora de los dos) a una marcha socialista a vender banderitas y él, escuchando lo que dicen las canciones le pregunta a ella qué era ser momio y Silvana le contesta: «Ser un facho ignorante como tú». Y ahí Gonzalo deja de saltar. O como cuando Pedro no entiende cómo es que Gonzalo tiene unas Adidas originales (y que encima se las presta).

Y que todo suceda justo antes del golpe militar dinamiza todo: desde peleas, intervenciones en todas las marchas que haya (todo con tal de vender), insultos como ‘socialista’ que se escuchan en cada vez más entornos, la necesidad de imponer un discurso y hasta el pensamiento del exilio. Machuca retrata todo esto de una manera dulce (tan dulce como la leche condensada) y no por eso, fácil. Y durante esas semanas, cada personaje se hace carne de su propia angustia y intenta, por lo menos, aplacarla. Y qué lindo cuando les sale.

NO

 

No es una película chilena del 2012 dirigida por Pablo Larraín y escrita por Pedro Peirano a partir de la obra de teatro inédita El plebiscito de Antonio Skármeta, y es por la primera que Chile llegará a recibir una nominación a los Oscars por mejor película extranjera (que finalmente se va a llevar Amour del austríaco Michael Haneke). El film relata la campaña del ‘No’ en el plebiscito de 1988, donde después de 15 años de gobierno militar y en medio una considerable presión internacional, el gobierno de Chile decide realizar la votación, como había quedado establecido en la constitución de 1980. Esta elección definía la continuidad del régimen autoritario: Si se imponía la opción del ‘Si’, esta le permitiría al general Augusto Pinochet continuar al mando del país por ocho años más, tras los cuales recién entregaría el poder a la democracia. Y con la opción del ‘No’, el gobierno le daría paso a las elecciones presidenciales y parlamentarias, y el fin del régimen militar al año siguiente.

En ese marco René Saavedra (el magistral Gael García Bernal), un publicista chileno criado en México por el exilio, es abordado por el comité del lado del ‘No’ para consultarlo sobre su propuesta publicitaria. Atraído con este desafío de mercadeo y su propio odio a Pinochet, propone con el subcomité de publicidad un enfoque promocional alegre y optimista, destacando conceptos como ‘alegría’ para enfrentar preocupaciones de que votar en un referendum bajo una notoriamente brutal junta militar podría ser peligroso y políticamente sin sentido.

Es así que la campaña tiene lugar durante 27 noches de anuncios televisivos, en donde cada lado tenía 15 minutos por noche para presentar su punto de vista. A lo largo de ese mes, la campaña del ‘No’, creada por la mayoría de la comunidad artística de Chile, intentará ser efectiva, estableciendo estos anuncios como imprescindibles para visibilizar lo que pensaban. A partir de esto Pablo Larraín comenta la decisión de que estos spots salgan como si hubiesen sido filmados en ese entonces: ‘Yo crecí en los años 80, durante la dictadura. Lo que veíamos en la televisión, ese video de baja definición, era un imaginario sucio que no se podía registrar de manera prístina. La memoria colectiva está llena de esos recuerdos de oscuridad, de impureza […] Filmar en cine o con las cámaras digitales de alta definición actuales hubiese generado una distancia con la imaginería de la época. Era importante esa fusión y ahora al verla no sé bien cuál es el material nuestro y cuál el de la televisión’, explicó Larraín a la agencia de prensa francesa cuando la película fue ovacionada en el festival de Cannes. Un dato de color es que tanto la madre como el padre del director se dedican a la política: Magdalena Matte fue ministra de Vivienda y Urbanismo del primer gobierno del presidente Sebastián Piñera mientras que Hernán Larraín es Ministro de Justicia y Derechos Humanos desde que asumió por segunda vez el mandatario. 

Y por el éxito que generó la película, la historia se extendió en una serie de cuatro capítulos, grabada dos años después protagonizada por los mismos personajes. En los veinticinco minutos que dura cada episodio se acerca más a sus relaciones, desarrollando más sus conflictos e historias personales.