Algunas ideas sobre la desprotegida primera infancia

Sábado 17 de julio del 2021

Escribe: Natalio Pochak

Ilustración: Lukas/ IG:@ink_somnia_

 

El problema no es repetir el ayer

como fórmula para salvarse.

El problema no es jugar a darse.

El problema no es de ocasión.

El problema, señor, sigue siendo sembrar amor.

Silvio Rodríguez

 

A la discusión que se genera públicamente sobre la presencialidad escolar como derecho de la infancia la evaluamos simplemente como una tenue luz que encandila más de lo que alumbra.

Todos y todas sabemos que varios de los derechos de las infancias no son respetados.

Pero si sólo nos referimos a la presencialidad como derecho (en la ley es la educación), hay varios/as niños y niñas que por diferentes motivos previos a la pandemia, ya venían siendo excluidos.

Foto: Shutterstock / Halfpoint

Es decir que, así como hay derechos adquiridos, también hay necesidades adquiridas. Y a veces, se valora algo cuando se pierde. Por eso, la sociedad (adulta), se dio cuenta de lo indispensable que son las instituciones y experiencias pensadas y dedicadas al protagonismo de las infancias de manera cuidada, y que esa importancia no reside en aprender contenidos escolares sino en habitar el espacio para hacerlo nido.

Entonces pensamos en algunas ideas o afirmaciones en las que estaríamos todos y todas, de acuerdo:

  • Todos los niños y todas las niñas son sujetos sociales con derechos.
  • El desarrollo infantil requiere del sostén y acompañamiento de una figura adulta de apego.
  • Ésta relación asimétrica y de dependencia manifiesta una clara situación adultocentrista.
  • La infancia no tiene la capacidad de auto representarse. Por lo que tanto su desarrollo, existencia, como la defensa de sus derechos, recaen en los y las adultos y adultas.

 

Aime Claros Choque (10), alumna de la Escuela N°5 Armada Argentina, Villa Lugano. Foto: Martin Lucesole.

Podemos sintetizar algunas de las formas en las que se manifiesta el adultocentrismo en los siguientes puntos:

Alejarla de una plena democracia.

La Convención de los Derechos del Niño (CDN) llega a finales de años de 1980, cuando comienza a debilitarse la idea del Estado de Bienestar.

En Argentina comienza a suceder desde 1976 con la consigna que “Achicar el Estado es agrandar la Nación”. En los años noventa, durante el gobierno menemista, prevalece esa idea y al mismo tiempo se incorpora la CDN a la Constitución Nacional.

Quienes somos adultos y adultas hoy, crecimos, nos educamos y fortalecimos nuestras representaciones sobre la infancia y sus derechos más por su condición de existencia que por su condición de ejercicio. Ya que sin duda alguna, la democracia, como pleno ejercicio de los derechos, requiere de la promoción de un Estado fuerte de recursos económicos e iniciativas de políticas públicas destinadas a la niñez.

Foto: Agustin Marcarian.

Condenarla a la pobreza.

Al retirar al Estado y ampliar el Mercado (no la Nación), se consolidó una fragmentación muy fuerte, sobre este tema hay un gran trabajo de la socióloga Carli.

El jardín de infantes comienza a desprenderse paulatinamente del monopolio de la educación de la primera infancia y resurgen nuevas denominaciones y nuevas configuraciones institucionales en su relación con la comunidad: Jardines Maternales Municipales, Jardines de infantes Comunitarios, Centros de Desarrollo Infantil, Centros de Primera Infancia, Centros para la infancia y Fortalecimiento Familiares, Espacios de Primera Infancia, entre tantas otras.

Al igual que la familia, como institución, también se ve afectada en esta complejidad.

Estas heterogeneidades y fragmentaciones hicieron que los adultos y las adultas, veamos al par como un extraño, como un otro, un ajeno. Entonces, hablamos de lo que no conocemos y opinamos de lo que no consumimos (en esta sociedad en la que es más importante la calidad de consumidor que de ciudadano)

Por eso, algunos y algunas personas que se oponen a la constitución de experiencias comunitarias para la educación y cuidado como política pública, son quiénes no tienen necesidad, ni siquiera, de “caer” en la escuela pública.

Trabajar para cortar la tremenda rueda de la pobreza infantil requiere, Además de fortalecer el Estado, otras dos cuestiones básicas:

1) Distribuir la riqueza.

2) la participación activa y organizada de los que se encuentran en esa situación.

Asignarle valores económicos.

Esta perspectiva utilitarista de la infancia está muy presente en economistas y comunicadores de los medios, también en discursos escolares y políticos.

Y se basa en relacionar a las infancias con el futuro y no con el presente. Como si el problema de las infancias oprimidas fuera un problema para el mañana, cuando se lo necesite o se los requiera como recursos productivos. Este modo de pensar tiene además, la falacia de que un adulto sin educación no sirve ni para explotarlo y que su destino es la exclusión o el destierro.

Por eso se escucha fácilmente frases como “no tienen remedio”.

Entonces, si no tienen remedio ¿para qué invertir? Así dice la regla de la economía.

Normalizar conductas y controlar emociones.

En una entrevista que se le realizó a Mercedes Mayol Lasalle, Argentina y Presidenta Mundial de la Organización Mundial de Educación Preescolar (OMEP), afirmó que “… esta ciudadanía de la infancia es muy difícil de verla. ¿Por qué? Porque hay algo que la Convención también dice y es sobre la “autonomía progresiva” del niño. Hay una cuestión absolutamente real, el niño va cambiando, evolucionando, después veremos cómo va desarrollándose en libertad y autonomía. Al comienzo esa autonomía es heteronomía, pero hay que analizar hasta dónde. Lo mismo sucede con el tema de los derechos políticos de los niños que tiene que ver con la participación. A veces esta idea de participación de los niños pequeños, de ser escuchados, está regulado con esta idea de la autonomía progresiva. Entonces no se escucha bien lo que dice la infancia”.

Un modo de sometimiento muy utilizado, tanto en los ámbitos escolares como en los familiares,  es exigirles a niños y niñas que controlen emociones y adecuen su conducta, la adapten. Fuera de cualquier contexto.

Ante las infancias de hoy, y el entramado complejo descripto, lo que sucede es que la ecuación se da vuelta y somos los adultos y las adultas quienes tenemos que adaptarnos.

Foto: JAVIINDY

Es así como muchas veces niños y niñas son forzados para que rápidamente adquieran ciertas competencias, capacidades y conocimientos, que son valoradas socialmente, pero que claramente anulan otras posibilidades del desarrollo.

Resuenan aún las palabras de la escritora Graciela Montes; “… la razón por la que el adulto no quiere renunciar al método del corral es que le resulta tan eficaz”.

La compasión.

La compasión se define como un sentimiento triste, molesto que no pasa desapercibido. Pero trae una doble relación de dependencia, porque además de la necesidad de sobrevivir de dádivas a través de la pena que tiene quien ayuda, le marca claramente lo que le falta.

Además, esta relación es tan asimétrica que solo el que da se beneficia y encima es tan efímera que, quien recibe, debe volver a plantearse la sobrevivencia en la dura inmediatez.

Ilustrador Lukas

Para finalizar, podemos seguir discutiendo la presencialidad como un gran problema, especialmente de niños y niñas que hasta antes de la pandemia realizaban esta situación con normalidad. Pero si queremos realmente modificar la realidad de nuestras infancias, debemos alumbrar mejor, mirar hacia todos lados y fortalecer al único garante para el pleno desarrollo de los Derechos de las infancias. Quizás, y parafraseando a un líder mundial, «la lucha contra el adultocentrismo será la etapa superior de la lucha contra el patriarcado«.