El desafío de conquistar la luna

Martes 20 de julio del 2021

Escribe: Bernardita Castearena

Corría el año 1961 cuando la Unión Soviética decidió lanzar su primera misión espacial a cargo de Yuyi Gagarin. El mundo estaba dividido por una guerra fría que enfrentaba a las dos grandes potencias mundiales, y ante la avanzada espacial rusa, el Presidente George F. Kennedy decidió no quedarse atrás y apostar a un objetivo mucho más grande, como lo anunciaba en 1962 en la Universidad de Rice: “Elegimos ir a la Luna en esta década, y también afrontar los otros desafíos, no porque sean fáciles, sino porque son difíciles, porque es un desafío que no estamos dispuestos a posponer, y que tenemos toda la intención de ganar, también a los demás”

“Reconocimos que no habríamos estado ahí de no ser por nuestra competencia soviética; fue una competencia que hizo que ambos programas lograran lo que lograron”, explicaría el comandante de la misión, Neil Armstrong, en una entrevista. Veintiocho años tenía cuando fue elegido para ser la primera persona en el mundo en pisar la luna. La pasión por volar había nacido desde que tenía seis y faltaba a la escuela para ir a volar con su papá, a eso le siguió un fanatismo por las revistas y las maquetas de aviones, y una licencia de piloto privado cuando tenía 16 años, incluso antes de aprender a manejar un auto. 

La nave Apolo 11 partió hacia la luna el 16 de julio de 1969 con una tripulación formada por los astronautas Neil Armstrong, Edwin “Buzz” Aldrin y Michael Collins. Se estima que más de 500 millones de personas alrededor del mundo estuvieron expectantes a los acontecimientos. Cuatro días después de despegar, llegaban las primeras imágenes que lo tenían a Armstrong como protagonista incrustando en superficie lunar la bandera norteamericana y diciendo que la misión era “un pequeño paso para el hombre y un gran salto para la humanidad”. Pero el salto era más que nada para la potencia que los había llevado a la luna: la transmisión televisiva hizo que la hazaña de Yuri Gugarin quedara sepultada durante el tiempo que duró el fervor lunar. El resto es historia: la nave volvió y el sueño de Kennedy -que fue asesinado en noviembre de 1963- se convirtió en un hecho.  

El trabajo de preparación para el vuelo duró ocho años e incluyó el trabajo de aproximadamente 400.000 personas, entre las cuáles se encontraban controladores que no superaban los 27 años, como el ingeniero Stephan Bales, que llegó a la NASA como pasante en un centro de control y pocos años después se convertiría en uno de los ingenieros a cargo de la computadora que guiaría el programa de descenso a la superficie lunar.

Según testimonios de miembros de la misión, fue esa juventud una de las mayores virtudes que tuvo el equipo de trabajo: «No es que no entendieran los riesgos», explicó en una entrevista el director de vuelo de Apolo, Gerry Griffin, «simplemente no tenían miedo».