Flojos de papeles

Lunes 19 de julio del 2021

Columna “No está bien, está mal” de Nicolás Dulcich para #NoNosQuedaOtra para #la990. Las PASO y las encuestas de opinión que se aventuran para los próximos días. Los primeros números de Vidal, la utilización de “la intención de voto”, metodologías y malos resultados.

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En menos de dos meses se realizarán las PASO para definir los candidatos a las elecciones generales de medio término del 14 de noviembre.

Flojos de papeles

En menos de dos meses tenemos elecciones. De acuerdo con la Cámara Nacional Electoral, el 12 de septiembre se realizarán las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) para definir los candidatos a las elecciones generales de medio término del 14 de noviembre. Como es costumbre, en los próximos días saldrán a la luz, como hongos después de la lluvia, decenas y decenas de “encuestas de opinión” arrogándose la última y definitiva predicción del futuro resultado electoral. Este fin de semana, de hecho, ya estuvieron circulando los resultados de una investigación realizada por la consultora Giacobbe & Asociados para la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Los números de la consultora aseguran que la precandidata a diputada nacional de Juntos por el Cambio, María Eugenia Vidal (27.5%), le sacaría una ventaja de tan sólo dos puntos en intención de voto a Leandro Santoro (25.5%), probable precandidato del Frente de Todos.

El problema de estas encuestas no radica sólo en que pretenden hacer uso de la estadística aplicada para establecer probabilidades sobre algo tan efímero y difícil de asir como la “intención de voto”. Sino que, muchas veces, al presentar los resultados, los medios rara vez publican el nombre de la empresa a cargo de la investigación, bajo qué metodología fue realizada, tampoco hacen referencia al tamaño de la muestra, la cobertura geográfica, el margen de error, cuáles fueron las preguntas realizadas, método de muestreo, etc.

Como decimos vulgarmente, las consultoras están flojas de papeles. En el caso de la mencionada investigación, sólo se dedicaron algunas pocas palabras para explicitar la metodología empleada. Se limitan a decir que fueron 2.500 entrevistas realizadas a “dispositivos móviles” (no queda claro si fueron llamadas o formularios en línea) y que se tuvieron en cuenta algunas variables que inciden en la opción de voto como el género (asumimos que desde una perspectiva heteronormativa), la edad y la comuna de pertenencia en la ciudad.

Aun si imaginamos que esta metodología hubiera sido realmente aplicada, resulta difícil creer que se tomaron las debidas técnicas de estratificación, por ejemplo, para asegurar que la muestra sea representativa de la población total. Porque una muestra aleatoria simple garantiza un margen de error bajo, pero no asegura la representatividad de la población “objetivo”. De esta manera, por ejemplo, se corre el riesgo de sobre representar a ciertos sectores socioeconómicos por sobre otros, de excluir de la muestra a determinados barrios, perdiendo de vista la marcada adscripción partidaria que existe en cada uno de ellos, de pasar por alto posibles sesgos de género al partir de criterios heteronormativos durante la construcción de la muestra, etc. Y todo esto, claro está, aceptando que efectivamente la muestra se realizó de forma aleatoria y no a partir de “listas telefónicas” preestablecidas. Sucede que las tasas de respuesta no son altas (¿Quién tiene ganas de contestar una encuesta?), por lo que las consultoras necesitan realizar muchos más llamados de los que efectivamente terminan concretando. Una rápida búsqueda en internet basta para encontrar a la venta varias bases de datos de teléfonos “más proclives” a contestar.

Otro gran problema es que la mayoría de las encuestas se sigue realizando a teléfonos fijos a pesar de que, hace tiempo, el teléfono celular desplazó a la tradicional línea telefónica. El problema con esto es que se genera un enorme sesgo socioeconómico, dado que se excluye de los resultados a los hogares más pobres que suelen tener celular prepago, sin facturación mensual fija. Además, está el tema del horario: si se llama a un hogar en horario laboral, entonces sólo inciden en los resultados aquellos hogares en los que había alguien presente y con tiempo y ganas de contestar. Por último, podemos sumar el enorme espectro de operaciones tendientes a presentar preguntas que inducen al encuestado/a a contestar lo que se espera que responda.

Pero más allá de las cuestiones técnicas, ahí están los resultados para desacreditar a estas empresas consultoras. Pongamos de ejemplo la cobertura del ballotage de la ciudad que enfrentó a Larreta y Lousteau, en 2015. La encuestadora que más le pifió (OPSM) le dio a Larreta una diferencia, a su favor, cuatro veces mayor de la que efectivamente obtuvo. Mientras que la consultora que más “se acercó” (Opinaia) le dio el doble…

«¿Cuál puede ser la explicación de que siguan proliferando este tipo de encuestas? entre otras, que Los/as periodistas las usan para validar su propio pensamiento»

Además, los/as potenciales candidatos/as hacen lo suyo al momento de buscar posicionarse en vísperas de una elección. Es importante tener presente que las encuestas “bien hechas” no se publican ¿Por qué? Porque hacerlas cuesta dinero. De ahí que, cuando efectivamente se publican los resultados, lo primero que hay que tener presente es que alguien pagó por ellos. Por eso resulta prudente sospechar que alguien está buscando influenciar o, cuanto menos, incidir en la opinión de determinado sector de la población electoral. Caso contrario, ¿por qué alguien socializaría gratuitamente una información tan útil y costosa?

Si bien resulta muy difícil probar si efectivamente existe o no influencia, por parte de la publicación de encuestas de opinión, en la cobertura (y en el resultado) de las campañas electorales, parece ingenuo desechar algún tipo de impacto, por más marginal que fuera. No sólo porque las coberturas mediáticas toman las encuestas como una guía, sino también porque las usan para definir el liderazgo que dan a cada candidato/a.

Por ejemplo, en la cobertura mediática de una campaña, el/la candidata/a que ocupa el tercer puesto, tendrá probablemente menos tiempo y espacio que el/la segundo/a y el/la primero/a. Esta es la razón por la que los/as candidatos hacen un gran esfuerzo para influir en los medios de comunicación: para esto están estas encuestas.